Tengo una amiga que marchó con el Dr. Martin Luther King, Jr. Le pregunté una vez cómo era él. Ella dijo: “Todo su corazón irradiaba unidad”.

Nunca he olvidado su respuesta. Luego, mucho después de que me hablara del corazón del Dr. King, encontré este pasaje sorprendentemente similar en las enseñanzas bahá’ís:

Todos los corazones deberían irradiar unidad, para que la Luz del único Manantial Divino de todas las cosas pueda resplandecer con gran luminosidad. No debemos considerar las olas por separado, sino el mar como un todo. Deberíamos elevarnos de lo individual a la totalidad. El espíritu es como un gran océano y sus olas son las almas de los seres humanos. – ‘Abdu’l-Bahá, La sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, páginas 109-110

Eso, por supuesto, es lo que hicieron el Dr. King, Gandhi, Buda, Cristo, Bahá’u’lláh y todos los profetas y fundadores de las grandes religiones del mundo: encontraron maneras de “elevarse de lo individual a la totalidad”. Ellos trascendían sus propias preocupaciones personales, yendo más allá de las ondas individuales del mar, y transmutando sus vidas en un gran océano de amor y unidad espiritual. Ellos hablaron a toda la humanidad.

¿Alguna vez has pensado en lo que se necesita para hacer eso?

La mayoría de nosotros nos levantamos por la mañana y nos ocupamos del asunto de apoyarnos a nosotros mismos y a nuestras familias, trabajando de cualquier manera que podamos para llegar a fin de mes. Podemos ser voluntarios en buenas causas o donar fondos, o incluso organizar y dirigir instituciones benéficas para el mejoramiento de la sociedad, pero ¿cuántos de nosotros realmente alcanzamos el nivel de sacrificio, amor por los demás y mentalidad de mundo que se necesita para evolucionar moralmente? ¿Cuántos de nosotros incluso aspiramos a ese servicio universal a la humanidad? ¿Cuántos de nosotros desarrollamos un corazón que irradia unidad?

Las enseñanzas bahá’ís dicen que cada individuo puede aspirar a crear unidad en el mundo:

Reflexionad sobre formas de vida diferentes de la humana y que os sirvan de advertencia: las nubes que poco a poco se van separando no pueden producir la dádiva de la lluvia y pronto se pierden; un rebaño de ovejas, una vez dispersado, es presa del lobo, y las aves que vuelan solitarias son rápidamente atrapadas por las garras del halcón. Qué mayor demostración puede haber de que la unidad conduce a una vida floreciente, mientras que la disensión y el apartarse de los demás sólo conducen a la miseria; pues son éstos los caminos seguros que llevan al amargo desengaño y a la ruina. – ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los escritos de ‘Abdu’l-Bahá, página 365

La unidad, nos recuerda ‘Abdu’l-Bahá, conduce a una vida floreciente, y la desunión lleva a su contrario. Usted puede ver esa lección de vida en todas partes en el mundo físico: cuando usted ve la construcción, la construcción de un nuevo camino o edificio u organización, eso requiere unidad. Se necesita trabajo en equipo, convicción, colaboración y cooperación para construir casi cualquier cosa significativa. Por otro lado, cuando ves destrucción, significa desunión. Cuando un edificio se desmorona lentamente, cuando una cultura se degrada, cuando un grupo de personas se dispersa y ya no puede mantenerse unido, la unidad que una vez las hizo completas ha fracasado:

la causa del bienestar, la felicidad, el gozo y la comodidad de la humanidad son la amistad y la unión, mientras que la disensión y la discordia conducen sin duda a dificultades, humillación, agitación y fracaso. – Ibid., página 377

Es fácil ver este principio en acción, las enseñanzas bahá’ís dicen:

Y si al pasar por campos y plantaciones observas que las plantas, flores y hierbas perfumadas crecen juntas frondosamente, formando un diseño de unidad, ello evidencia el hecho de que esa plantación y ese jardín florecen bajo el cuidado de un jardinero experto. Mas cuando lo ves en estado de desorden e irregularidad, deduces que le ha faltado el cuidado de un labrador eficiente y así ha producido malezas y cizañas.

Por tanto, se hace manifiesto que la amistad y la cohesión son indicadores de las enseñanzas del Verdadero Educador, y que la dispersión y la separación son prueba de salvajismo y privación de la educación divina.

Un crítico puede objetar diciendo que los pueblos, razas, tribus y comunidades del mundo son de diferentes y variadas costumbres, hábitos, gustos, carácter, inclinaciones e ideas, que las opiniones y pensamientos son contrarios unos a otros y, por tanto, ¿cómo es posible que se revele la unidad real y exista el perfecto acuerdo entre las almas humanas?

En respuesta decimos que las diferencias son de dos clases. Una de ellas es causa de aniquilación, y es como la antipatía que existe entre naciones en guerra y tribus antagónicas que buscan cada cual la destrucción de la otra, desarraigando cada una a las familias de la otra, despojando una a la otra de tranquilidad y comodidad y dando rienda suelta a la matanza. La otra clase es una expresión de la diversidad, es la esencia de la perfección y la causa de la aparición de las dádivas del Gloriosísimo Señor. – ‘Abdu’l-Bahá, Ibid., páginas 380-381

Entonces, si cada corazón pudiese aprender a irradiar unidad, difundiríamos amor, bondad y aceptación a cada miembro de la familia humana:

Además, en el mundo de las mentes y las almas, la camaradería, la cual es una expresión de la composición, conduce a la vida, en tanto que la discordia, la cual es una expresión de la descomposición, es el equivalente a la muerte. Sin cohesión entre los elementos individuales que componen el cuerpo político, la desintegración y la decadencia debe sobrevenir inevitablemente y la vida se extinguirá. Los animales feroces no tienen camaradería. Los buitres y los tigres son solitarios, mientras que los animales domésticos viven juntos en completa armonía. Las ovejas, blancas y negras, se asocian sin discordia. Las aves de diversas especies y colores vuelan y se alimentan juntas sin una señal de enemistad o desacuerdo. Por tanto, en el mundo de la humanidad es sabio y digno que todos los miembros individuales manifiesten unidad y afinidad. – ‘Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, páginas 77-78

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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