Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Pregúntele a un bahá’í cómo conoció la Fe bahá’í y cómo se convirtió en bahá’í y seguro existe una historia interesante detrás.

Desde sus inicios en Persia a mediados del siglo XIX hasta ahora, la mayoría de las personas que han oído hablar de la Fe bahá’í lo han escuchado de otros bahá’ís. Los bahá’ís no hacen proselitismo, pero orgullosamente proclamamos nuestra fe en ferias y festivales, en carteles y anuncios, en Facebook e Instagram y aquí también en BahaiTeachings.org.

Algunas estadísticas indican que la Fe bahá’í es la religión de más rápido crecimiento en el mundo. Con más de 5 millones de bahá’ís en todo el mundo en más de 100.000 localidades, la notable noticia de que un nuevo mensajero de Dios ha traído enseñanzas relevantes para toda la humanidad se ha extendido rápidamente.

Sí, a los bahá’ís les encanta difundir esas buenas noticias. Pero el propósito fundamental de aquella proclamación y enseñanza no es la convertir a la persona a esta nueva Fe, independientemente de cuán perfecta creamos que esta sea para resolver los males actuales. No, el propósito de la proclamación en todas sus formas es simplemente generar un sentimiento de curiosidad y una reacción en el corazón del buscador frente a la palabra de Dios. Luego de haber conocido inicialmente a la Fe Bahá’í, está en manos del buscador investigar más a fondo y, de hecho, la libre investigación de la verdad es uno de los principios fundamentales de Bahá’u’lláh. Él aludió al hecho de que los sabios nunca hablan hasta que encuentran un verdadero oyente:

“Sabios son aquellos que no hablan a menos que tengan quien les escuche, como el copero que no ofrece su copa hasta que no encuentra un buscador y el amante que no exclama desde lo profundo de su corazón hasta que no contempla la belleza de su amada. Por tanto, siembra las semillas de la sabiduría y conocimiento en la tierra pura del corazón y mantenlas ocultas hasta que los jacintos de la sabiduría divina broten del corazón y no del lodo y la arcilla”. – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, pp. 34-35.

‘Abdu’l-Bahá, el hijo de Bahá’u’lláh y el ejemplo de sus enseñanzas, dijo:

Ante las irrefutables pruebas antedichas, ha quedado plenamente demostrado que la Fe de Dios debe propagarse mediante perfecciones humanas, mediante cualidades que sean excelentes y agradables y una conducta espiritual. Si un alma, por propio impulso, se acercase a Dios, será aceptada en el Umbral de Unidad, pues tal sujeto está libre de consideraciones personales, avaricia o intereses egoístas y ha recalado dentro de la protección acogedora de su Señor. Se le conocerá entre los hombres como a quien es honrado y veraz, templado y escrupuloso, magnánimo y leal, insobornable y temeroso de Dios. De esta forma, el propósito primario al revelar la Ley divina –que es procurarse la felicidad en la vida futura, y la civilización y el refinamiento del carácter en ésta– se verá cumplido. En cuanto a la espada, sólo producirá a un hombre creyente en lo externo, pero traidor y apóstata en lo interno. – ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, p. 29.

A veces, sin embargo, los buscadores y quienes conocen los principios de la Fe bahá’í sobre la conducta personal se desilusionan o temen intentar ser bahá’ís. Pueden pensar incorrectamente: “nunca podré cumplir con el estándar bahá’í, es demasiado alto para mí en este momento. Además, simplemente no sé si puedo cambiar tanto mi vida. Es mejor que lo aprecie desde donde estoy en este momento “.

¿Recuerda que al inicio les dije que si le preguntaban a un bahá’í por su historia esta sería interesante? Bueno, consideren por un momento que ellos pueden haber pensado exactamente lo mismo que ustedes, sintiéndose no calificados y tal vez un mal ejemplo de lo que debe ser un bahá’í. Esto es una reacción normal; sin embargo, cumplir y superar los estándares abarca casi todas las facetas de nuestra vida. Desde la escuela primaria hasta la universidad, estamos cumpliendo con nuestros estándares y expectativas. En nuestros trabajos y en nuestras familias, criando niños y desarrollándonos de acuerdo con las costumbres de la sociedad, tratamos de hacer nuestro mejor esfuerzo. En cada ocasión, se nos anima a tratar de alcanzar un objetivo o realizar alguna tarea de la mejor manera que podamos.

En mi comunidad bahá’í local, una vez conocí a una pareja llamada Larry y Susan. Él era un bahá’í de toda la vida y ella no, pero asistía a las reuniones y a menudo organizaban reuniones bahá’ís en su casa. Estaban continuamente activos en los eventos y planes comunitarios. Esto continuó por algunos años. Finalmente, alguien preguntó: “Susan, es obvio que te gusta la Fe y lo que hacemos, ¿cómo es que todavía no te has unido?”.

Ella dijo: “Oh, no siento que pueda estar a la altura de ser bahá’í, me siento inadecuada”. Una vez que nos dimos cuenta de su inseguridad, le contamos acerca de nuestros propios sentimientos similares y sobre cómo convertirse en bahá’í era un proceso de aprendizaje y crecimiento y que ningún bahá’í era perfecto. Le explicamos que todos los bahá’ís tratamos de seguir las enseñanzas de Bahá’u’lláh de la mejor manera posible. Todos tenemos fallas de vez en cuando y eso está bien. Susan se convirtió en bahá’í declarada poco tiempo después.

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