Decir que nuestro espíritu humano está en sintonía con este universo amplio e interminable es una afirmación que puede causar burla o reconocimiento.

La burla puede venir cuando alguien pregunta: “¿Cómo puede una persona estar en sintonía con una vasta organización de planetas, soles y lunas, incluso meteoros y cometas, y todas las criaturas, incluso las bacterias que existen en ellos?”

Sin embargo, muchos miles y millones de personas creen que estamos en sintonía con el universo, y lo hemos estado haciendo durante eones.

Al ver a mi nieta de cinco años un día que me tocó cuidarla entendí que ella sí está en sintonía con el universo, a pesar de que aparentemente parecía evidente que estaba en su propio mundo de imaginación. Si podemos imaginar algo, aquello tiene la posibilidad de volverse real. Hubo un tiempo en que, por ejemplo, mi nieta creyó que era “My Little Pony”, con pezuñas en vez de manos y pies y con un nombre de pony con el que insistía que la llamaran.

Entonces, ¿por qué no podemos creer que somos uno con el universo?

Podemos identificarnos con tantas cosas que corremos el riesgo de perdernos en ellas. Podemos etiquetarnos positivamente, como “madre, padre, hijo, hija” o “un buen proveedor para nuestra familia” o “un excelente profesor, científico, codificador, estudiante, jugador de videojuegos, carpintero”, etc., sin fin. Todas estas son etiquetas que podemos atribuirnos a nosotros mismos. Entonces, ¿por qué no enfocarnos en nuestra etiqueta más importante y precisa?: el ser humano, un ser con espíritu y alma, una fuerza o energía natural, inteligencia y poder, y todas las virtudes que le atribuimos a Dios.

Me gusta esta cita de Katy Tackes, escrita en su libro “Each Time She Wakes”: “… una vez que expreses tu voluntad, el Universo conspirará con todos y cada uno de los átomos para ayudarte a alcanzar tu destino”.

Albert Einstein escribió esto:

Albert Einstein

Albert Einstein

“Un ser humano es una parte del todo, llamado por nosotros “universo”, una parte limitada en tiempo y en espacio. Él se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones como algo separado del resto, una especie de ilusión óptica de su consciencia. Esta ilusión es una especie de prisión para nosotros, que nos restringe a nuestros deseos personales y al afecto por unas cuantas personas cercanas a nosotros. Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión al ampliar nuestro círculo de compasión para abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza en su belleza”.

Somos uno: una familia humana, un sistema solar, una galaxia, un universo. Lo que sabemos está circunscrito por los límites del pensamiento y la experiencia humana, y todos reconocemos de la naturaleza infinita del conocimiento. Sin embargo, en este tiempo y edad, basado en parte en las imágenes tomadas desde el espacio exterior de nuestro propio planeta en toda su gloria y belleza, hemos visto nuestra realidad básica: todos habitamos un planeta.

Abdu’l-Baha escribió en mayo de 1912:

La creación es expresión del movimiento. El movimiento es un objeto viviente, en tanto lo que está inmóvil e inerte está como muerto. Todas las formas creadas son progresivas en sus planos o reinos de existencia bajo el estímulo del poder o espíritu de vida. La energía universal es dinámica. Nada es estacionario en el mundo material de los fenómenos exteriores o en el mundo interno del intelecto y de la conciencia. – La Promulgación a la Paz Universal, p.  154.

Los humanos, cada uno de nosotros que vivimos, nos movemos y respiramos, tenemos pensamientos, metas, aspiraciones y esperanzas que expresamos con palabras y hechos. Seguramente si decidimos vivir juntos en armonía, tenemos el poder de hacerlo realidad.

Así como los científicos en los últimos años han descubierto que la energía oscura y la materia oscura mantienen el universo unido, en la Tierra lo que nos mantiene unidos es el poder y la promesa de la verdadera religión para efectuar cambios en los corazones y las mentes humanas. La historia ha demostrado una y otra vez las fuerzas positivas (y algunas veces las fuerzas mal dirigidas) de la religión. Sin embargo, la palabra de Dios de todas las religiones reitera que somos una familia, una raza, un pueblo.

Entonces, sí puede existir una mente universal si unimos nuestras cabezas y acordamos funcionar como uno solo, de la manera como Dios lo pensó. La meditación es una forma de unir nuestras mentes finitas con el infinito y dejar que nuestras almas eduquen a nuestros seres. Las buenas palabras y obras, también.

Bahá’u’lláh escribió en Las Palabras Ocultas:

La guía siempre la han dado las palabras pero ahora la dan las acciones. Todos deben manifestar acciones que sean puras y santas pues las palabras son propiedad de todos por igual, en tanto que acciones como éstas pertenecen sólo a nuestros amados. Esforzaos con alma y corazón para distinguiros mediante vuestras acciones. Así os aconsejamos en esta santa y resplandeciente tabla. – pp. 48-49.

Podemos tener unidad de pensamiento en nuestros esfuerzos mundiales, incluso diseñar planes para alcanzarlos, pero sin acción estos no verán frutos.

Pero si sintonizamos nuestras mentes, corazones, espíritus y acciones con una sola causa universal, incluso con una sola fe universal, como afirma la Fe Bahá’í, todas nuestras esperanzas y sueños de un mundo pacífico pueden convertirse en realidad.

Por el bienestar de mi nieta, espero que eso suceda antes en lugar de tarde.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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