Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Debemos respondernos: ¿me conozco a mí mismo? ¿quién soy? ¿qué he venido a hacer a este mundo y hacia dónde quiero dirigirme? ¿Cuáles son mis metas y cuáles mis objetivos en la vida? La mayoría de las personas que tiene problemas en su matrimonio, o en cualquier otra relación, buscan las causas en otro lado. Eso es un signo de inmadurez para no asumir nuestra porción de responsabilidad. El ser humano tiene que conocerse a sí mismo. Conocer sus expectativas y tener clara su visión de la vida. “Si pienso que soy pobre entonces así avanzaré en la vida, sin esperanza y con poco esfuerzo. Si pienso que soy espiritual, que tengo capacidades y poderes latentes en mi ser interior, y que reconozco mis faltas y tengo humildad para trabajar sobre ellas, seguro que mi autoestima y mis planes cambiarán”. Bahá’u’lláh dio este hermoso consejo:

“Pídete cuentas a ti mismo cada día antes de que seas llamado a rendirlas”. -Bahá’u’lláh, Las Palabras ocultas, p. 37.

Esta es la tarea de conocerse a sí mismo, autoevaluarse, desarrollar nuestras capacidades y mejorar continuamente. Esto ayuda al crecimiento espiritual. El tratar de conocernos a nosotros mismos y autoevaluarnos es lo que nos permite mejorar nuestras relaciones, y como resultado nos dará felicidad y bienestar. Encontrar la felicidad, sentirse bien con uno, con los demás, tener relaciones sanas, superar problemas en el camino, ese es el desafío. Después del autoconocimiento y tener claro el propósito del matrimonio en nuestra vida, el paso siguiente, es buscar a la persona compatible. Conocer el carácter de la pareja es posible siempre y cuando abramos los ojos del amor verdadero, sin prejuicios ni intereses egoístas. No buscar a la persona perfecta, sino aquella que pueda extraer lo mejor de nosotros, y nosotros, lo mejor de su ser interior. ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿A dónde voy? ¿Cuál es la filosofía de mi vida?

El ser humano no es solamente de carne y hueso. Es una combinación de cuerpo, alma, mente y espíritu. El alma humana tiene dos naturalezas o realidades. Una es “la naturaleza superior o espiritual” que se esfuerza por elevar nuestra alma hacia los mundos celestiales. La otra es “la naturaleza inferior o material” que nos empuja hacia lo terrenal y mundano. Estas dos naturalezas de nuestro ser tienen que estar satisfechas en toda relación y en todo momento en la vida, para disfrutar de equilibrio y armonía. En la elección de la pareja tiene que tomarse en cuenta estas dos naturalezas. Debería ser alguien que nos agrade, que a primera vista nos atraiga por su aspecto físico. Y, a la vez, nuestra naturaleza espiritual tiene que encontrar el lazo de amor, respeto, amabilidad, confianza, integridad, comprensión, compatibilidad que nos atraiga espiritualmente. De no existir esta atracción espiritual, esta unión no tendrá sentido y no funcionará. Porque no es posible dividirnos y actuar, por ejemplo, en algunos momentos como santos y ángeles y en otros como egoístas y malvados. Esa es nuestra realidad. Somos seres espirituales viviendo una experiencia material. Nuestra vida podría ser rica y hermosa, nos podría dar felicidad eterna, si somos conscientes de que nuestro cuerpo funciona como un vehículo para el desarrollo de nuestra alma en esta vida material.

Si no nos evaluamos constantemente, bien por las mañanas o por las noches, no podremos auto conocernos. ¿Qué decisiones buenas hemos tomado? ¿Qué decisiones han dado buenos frutos? ¿Qué decisiones no fueron correctas? Hay que corregir los errores a tiempo para que no se vuelvan crónicos. La recomendación es, pídete cuentas cada día, no cada mes, no cada año, pedirse cuentas a uno mismo, no a los demás. Esto es una buena terapia, una buena costumbre, rendirse cuentas diariamente para corregirse. Es el primer paso, después de auto conocerse corregir las faltas. Otro requisito primordial es tener humildad en la auto evaluación, saber dónde se falló y cómo corregirse. La idea no es desanimarnos, sentir que no servimos o que aflore un sentimiento de culpa, sino buscar nuestro crecimiento y progreso. Muchos jóvenes actualmente son indiferentes al matrimonio. Demuestran poco interés en casarse, formar familia y comprometerse en un lazo serio y duradero. Una de las razones que podría explicar este fenómeno es que no saben a dónde llegar. Hay confusión y una pérdida de identidad que se refleja en el estilo de vida moderno. Muchos jóvenes no se conocen a sí mismos, no saben a dónde ir, qué ruta tomar: norte, sur, este u oeste. No tienen objetivos claros y motivadores en la vida respecto de la familia y sus beneficios. Si mi objetivo es confuso no podré elegir a nadie para que me acompañe. Si estoy seguro de que quiero ir al norte, subo al vehículo que va al norte y si alguien también va al norte se sentará a mi lado. Eso es más fácil. Si voy al norte y hay alguien que va al sur, de hecho, no tendremos el mismo destino. Esto debe considerarse en la elección de la pareja. Pongo mucho énfasis en conocernos, antes de conocer a la pareja en profundidad. Conocer nuestro carácter, nuestras fortalezas y debilidades, es requisito indispensable para mejorar y corregir nuestros defectos. Bahá’u’lláh dice:

 “El hombre debe conocer su propio ser y distinguir lo que conduce a la sublimidad o a la bajeza, a la gloria o a la humillación, a la riqueza o a la pobreza”. Tablas de Bahá’u’lláh, p. 21.

Debemos cultivar la disciplina de rendirnos cuentas como una forma de pulir nuestro carácter. Que la pareja tenga sus debilidades no debe ser una justificación para una relatividad moral. Como se enseña poco sobre la formación del carácter, tanto en la casa como en la escuela y en la universidad, pensamos que somos perfectos y que la pareja debe ser perfecta o “debe aceptarme como soy”. Eso se escucha siempre, “me aceptan como soy”, “estoy bien”, “soy perfecta”, “no tengo que mejorar”. Es un grave error. Nadie es perfecto en este mundo. La vida es una escuela de aprendizaje, si alguien tiene todos los conocimientos no tiene razón de existir. El no entender la necesidad de mejorar el carácter es una de las razones más frecuentes del fracaso en la relación matrimonial. Es esencial tener ese compromiso de cambio, de constante crecimiento, para tener una relación de continuo progreso y mejoramiento con la sociedad, con la familia y consigo mismo. Eso no será posible, a menos que uno sea consciente de esa imperfección y admita humildemente que asumir esa responsabilidad es el propósito de esta vida.

Adquirir virtudes, perfeccionar nuestro carácter, mejorar día a día, ser consciente de esta realidad, ayuda a que más adelante uno sufra menos y cause menos sufrimiento. Pulir nuestro carácter de manera consciente es mejorar espiritualmente y crea una base firme entre dos personas. Cuando el lazo espiritual se fortalece esa relación es duradera. La parte física del ser humano está sujeta a la composición de elementos, y cuando se descomponen en el momento de morir, la relación terminará y no quedará nada. En cambio, en lo espiritual, la relación de esposos es una unión increíble, única y maravillosa, que puede durar eternamente hasta en los mundos venideros. Comprender esta verdad nos ayudará a tomar con mayor sinceridad y responsabilidad la elección de nuestra pareja.

Ahora uno escucha a los padres decir a los hijos que se van a casar, “si no te va bien, regresas”. Sería lo mismo decir a nuestros hijos “construye tu casa y si no te gusta, destrúyela”. Un grave error; aquello es la ignorancia de tomar a la ligera el matrimonio, en la que los padres alientan a los cónyuges a tener la maleta lista: “si no te va bien, eres bienvenido a regresar”. De esta forma uno no desarrolla la fortaleza necesaria para superar los problemas y desafíos que la vida nos ofrece y enfrentarlos con valor y determinación. Más fácil es rendirse y huir sin intentar esforzarse en resolver los problemas. Esto, por supuesto, no quiere decir que debamos aceptar ningún tipo de violencia o abuso de ninguna de las dos partes, algo que tristemente vemos a menudo en nuestra sociedad.

Ser fuertes espiritualmente es desarrollar las virtudes de tolerancia, paciencia, respeto, auto confianza y confianza en Dios, nos ayuda a superar los desafíos que podemos encontrar en nuestra relación y aprender de esas experiencias. Son lecciones que nos acompañarán viviendo solos o en matrimonio. Siempre vamos a pasar por situaciones indeseadas como enfermedades dolorosas, problemas económicos o fallecimientos. Pero cuando uno desarrolla cualidades espirituales, tendrá fortaleza y firmeza para salir adelante de las situaciones difíciles con creatividad, inteligencia y optimismo.

La luz de un buen carácter sobrepasa la luz del sol y su resplandor. Quienquiera que lo haya alcanzado es considerado como una joya entre los hombres. La gloria y la elevación del mundo dependen […] de ello”. – Tablas de Bahá’u’lláh, p. 37.

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