Hablemos de las elecciones, no del caos atormentador de las recientes elecciones presidenciales en Estados Unidos.

En lugar de eso, me gustaría hablar de una elección muy diferente en la que participó recientemente nuestra familia: la elección de un delegado cuyo mandato será participar en la elección anual de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de los Estados Unidos.
Recibimos nuestras boletas por correo del Centro Nacional Bahá’í un mes antes de que se celebrara la elección. El material de votación constaba de dos sobres y una única hoja de papel en blanco. Un sobre tiene un lugar para el nombre y dirección del votante (para boletas de correo ausente); El otro es sin rasgos distintivos, excepto para señalar que contiene una papeleta para delegado. La papeleta en sí está en blanco, porque no hay nominados para el delegado – cada boleta es una boleta para ser escrita. El sobre interior no marcado garantiza la confidencialidad de una votación secreta.

No enviamos nuestras papeletas, pues, porque nuestra familia asistió a la Convención Bahá’í de la Unidad Electoral en persona, congregándose con otros bahá’ís en nuestra área electoral en nuestro centro bahá’í local el domingo por la mañana en octubre. Desayunamos juntos, luego nos reunimos en la sala principal donde elegimos rápidamente un presidente y secretario de la convención. Entonces votamos por el delegado que enviaríamos a la Convención Nacional en Wilmette, Illinois, en abril.

La mecánica de una Convención Bahá’í de la Unidad Electoral parece simple: oramos, hay música, entonces nos recuerda qué buscar en aquellos que elegimos para servir en esta capacidad: las personas que combinan cualidades como lealtad incuestionable, devoción desinteresada, una mente bien entrenada, una capacidad reconocida y una experiencia madura.

Todos aspiramos a estas cualidades como miembros del electorado. Idealmente, nos hemos familiarizado con los principios de nuestra fe y con las personas que elegimos, para que tengamos un sentido de las cualidades espirituales que poseen. Entonces, silenciosamente y con oración, emitimos nuestros votos con una reflexiva consideración de esas cualidades, pero sin pasión, prejuicio o consideración por las preocupaciones materiales.

Las comunidades bahá’ís de todo el mundo usan los mismos criterios cuando eligen sus Asambleas Espirituales Locales; un cuerpo de nueve miembros democráticamente elegidos que administran los asuntos de las comunidades bahá’ís locales. En vez de un espacio en blanco en una boleta, cada bahá’í vota directamente por las nueve personas que servirán en su Asamblea. Cuando nuestro delegado emite una boleta para los nueve miembros de la Asamblea Espiritual Nacional, ocurre el mismo proceso: nueve espacios en blanco, que cada delegado rellena con los nombres de aquellos que creen tienen las cualidades que mencioné anteriormente.

Seat of Universal House of Justice

Sede de la Casa Universal de Justicia

¿Cómo nombran los bahá’ís a aquellos por los que votan? No lo hacen. Cada adulto bahá’í en la unidad electoral, desde el local hasta el nivel internacional, es elegible para servir. Ninguna nominación significa ninguna campaña, ninguna campaña electoral, y ninguna discusión de personalidades. No hay facciones o partidos políticos, ni debates, ni disputas en guerra. Los bahá’ís eligen a todos los cuerpos administrativos de esta manera, incluyendo la Casa Universal de Justicia, el cuerpo guía para la comunidad bahá’í global.

Esto funciona. Ha estado funcionando desde 1899, cuando las primeras instituciones bahá’ís elegidas surgieron en Teherán, Irán y Chicago, Illinois. Construye la unidad, evita las trampas de la política tradicional y da como resultado un liderazgo de principios.
Naturalmente, este tipo de proceso requiere que el electorado esté bien informado acerca de una serie de cosas, incluyendo las cualidades necesarias para servir desinteresadamente en un cuerpo de colaboración y consulta, y el carácter de las personas por las que votan. Este diseño intencional da a los bahá’ís una razón más para conocerse como miembros de una familia extensa.

Pero aquí está la cosa: mientras los bahá’ís tratan de familiarizarse con las cualidades y el carácter de nuestros compañeros bahá’ís, no los discutimos, sino en abstracto. Mientras estoy sopesando mis opciones, podría tener un diálogo con un miembro de la familia acerca de si la humildad o la confianza en sí misma es más importante en la consulta. Pero para decirle a otro bahá’í: “Me gusta Ike, pero no es lo suficientemente humilde para servir en una asamblea” o “Gerta es genial, pero no es muy asertiva en la consulta”, no es el inicio de la conversación. Este sistema, en el cual cada bahá’í adulto es elegible y el secreto de la boleta electoral, hace que la evitación de ese tipo de discusión negativa sea fácil para la mayoría de nosotros.

¿Por qué el sistema bahá’í funciona de esta manera? Porque Bahá’u’lláh mismo, dictó que su Fe no tendría clero, y diseñó instituciones democráticamente elegidas para llevar a cabo las tareas necesarias para el funcionamiento de la comunidad, para proteger la fe y para servir a los creyentes. Él escribió:

El Señor ha ordenado que en cada ciudad se establezca una Casa de Justicia donde se reúnan consejeros en el número de Bahá, más si excedieren de este número no habría inconveniente. Deberían verse entrando en la Corte de la presencia de Dios, el Exaltado, el Altísimo, y contemplando a Quien es el Invisible. Les incumbe ser los fiduciarios del Misericordioso entre los hombres y considerarse los custodios designados por Dios para cuantos habitan en la tierra. Les compete consultar juntos y prestar atención a los intereses de los siervos de Dios, por amor a Él, del mismo modo que atienden a sus propios intereses, y escoger lo que es conveniente y decoroso. – El Libro Más Sagrado, página 32.

He guardado lo mejor para el final, al menos este aspecto de las instituciones bahá’ís me emociona más. Los individuos que sirven en asambleas bahá’ís, ya sea a nivel local, nacional o internacional, no tienen poder ni autoridad personal más allá de lo que cualquier otro bahá’í tiene. La institución tiene la autoridad para manejar los asuntos ordinarios y extraordinarios de la comunidad – desde el establecimiento de clases para niños hasta la adquisición de un centro bahá’í para proteger a los miembros de la comunidad de los daños (que es más difícil en algunos países que otros) – pero los miembros individuales no tienen autoridad. Ni la institución ni sus miembros individuales representan a un partido o un electorado dentro de la comunidad bahá’í.

Así pues, como nuestra unidad electoral eligió a nuestro delegado a la convención nacional y consultamos juntos sobre lo que querríamos que los delegados reunidos y la Asamblea Nacional tuviera en consideración, todos éramos intensamente conscientes del caos absoluto, el vilipendio y la hostilidad que tienen lugar en las elecciones en nuestra nación y en otros países alrededor del mundo.

Yo, por mi parte, estaba contenta de formar parte de una comunidad en la que el derecho y la obligación de votar son alegres y unificadores.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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