Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

 

El libro de Bahá’u’lláh: Las Palabras Ocultas es una de las obras más místicas de la Fe Bahá’í y, personalmente, mi favorito. En un pasaje relacionado con el descubrimiento de nuestro valor inherente, Bahá’u’lláh declara:

¡OH MI SIERVO!
Eres como una espada de fino temple oculta en la oscuridad de la vaina y cuyo valor es desconocido para el artífice. Por tanto sal de la vaina del yo y del deseo para que tu valor se haga manifiesto y resplandeciente ante todo el mundo. – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, p. 47.

Todo esto suena muy bien en principio, pero ¿qué es lo que realmente significa encontrar “valor” en uno mismo en la práctica? Existen muchos pasajes en las escritos bahá’ís que hacen un llamado a toda la humanidad a renovar su legado espiritual: comprender y valorar que somos seres fundamentalmente espirituales. Yo comprendo esto y me esfuerzo por evitar los excesos e ilusiones de una vida materialista. Pero, a veces, todavía tengo dificultades con lo que se supone que debo hacer en relación con mi propia contribución al mundo.

En ese punto, me gustaría ser una de esas personas que sabían que querían ser doctores o pilotos desde una edad muy temprana. Siempre he tenido envidia de esas personas enfocadas. Yo, por el contrario, he tenido dificultades en la vida y me he quejado por la falta de instrucciones más claras/mejores en un inicio. O tal vez sí las recibí, pero simplemente no escuché con suficiente atención.

Más allá del llamado que hacen las tradiciones de fe a tener una vida más espiritual, todavía creo en gran medida que cada uno de nosotros hemos sido enviados a esta tierra con una misión y aspiración particulares y con un propósito que solo nosotros debemos cumplir. Sé que suena muy cliché, pero vale la pena repetirlo porque, desafortunadamente, muchos se pierden en aquel camino con todas las distracciones, especialmente en la era moderna.

Y, como yo, ¿quizás te has preguntado si no estás destinado a hacer algo más grande, algo mejor o algo más significativo en tu vida? Creo que muchas personas se sienten de esta forma, de alguna manera desviadas debido a que las circunstancias de la vida -o las excusas- han limitado sus posibilidades. La ansiedad de que algo nos falta probablemente les afecta a todos en algún momento (o en varios momentos) de sus vidas.

Tal vez esta ansiedad no existiría si no escucháramos un llamado más profundo del alma, tal vez un llamado que aparece ante nosotros como eventos fortuitos, sueños, o momentos de inspiración.

Con respecto a esto, recientemente me he vuelto a familiarizar con Joseph Campbell, un erudito eminente de mitología y religión comparada. Él comparte muchas cosas fascinantes acerca de no vivir una existencia “programática”, sino más bien, escuchar el llamado interno de nuestra vida espiritual. Michael Meade, otro experto en mitología, ofrece ideas similares sobre cómo encontrar aquel “camino único al que nos guiarían nuestras almas”.

Ambos escritores, así como los escritos bahá’ís, afirman que tenemos una dimensión espiritual preordenada en nuestras vidas. Pero, tal vez parte de aquella travesía y desafío es descubrir cuáles son nuestras propias “órdenes” específicas. Quizás algunos de nosotros lo descubrimos fácilmente. Para otros, puede ser un desafío de toda la vida.

Para aquellos de nosotros en la última categoría, nos reconforta saber que no necesariamente tenemos que caminar por este camino solos. Hacer espacio para la meditación y la reflexión es fundamental, pero también recibimos orientación en este camino. Como las escrituras bahá’ís dicen:

Las santas Manifestaciones de Dios vinieron a este mundo para disipar la oscuridad del animal o naturaleza física del hombre, para purificarlo de sus imperfecciones y que su naturaleza celestial y espiritual pueda ser vivificada, para que despierten sus cualidades divinas, sus perfecciones sean visibles, sus poderes potenciales revelados y puedan nacer todas las virtudes del mundo de la humanidad latentes en él. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, p. 466.

Por tanto, es evidente que se necesita la confirmación del Espíritu Santo y la influencia impulsora de un poder celestial para lograr el propósito divino en los corazones y condiciones humanas. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, p. 261.

En resumen, tenemos una fuente de energía al cual podemos conectarnos y ayudarnos a encontrar el camino de nuestra alma. Me gusta cómo el poeta persa Rumi lo reúne todo. Él se refiere a lo único que nunca debemos olvidar hacer en nuestras vidas, pero también conecta este proceso con un amor divino.

Entonces los seres humanos vienen a este mundo para hacer un trabajo particular. Ese trabajo es el propósito y cada trabajo es específico para la persona. … Recuerda aquella profunda raíz dentro de tu ser, la presencia de tu señor. Ríndete ante quien ya posee tu aliento y tus momentos. Si no lo haces, serás como el hombre que toma una daga preciosa y la clava en la pared de la cocina para poder sostener su cucharón. Estarás desperdiciando una agudeza valiosa y olvidando tu dignidad y propósito. – Rumi, The Illuminated Rumi, Broadway Books, pág. 22.

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