"Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í."

Como bahá’í, defiendo los derechos de todos los seres humanos, incluidas las mujeres.

Las recientes marchas de mujeres en todo el mundo resaltaron los problemas que todos enfrentamos en torno a los derechos de las mujeres y los derechos de todos los seres humanos, y demostraron que éstos van mucho, mucho más allá de la política.

Yo personalmente, como bahá’í, no hablaré en contra de mi gobierno ni de ningún funcionario electo, pero esto no significa que toleraré las opiniones de cualquier persona contra los derechos humanos y la libertad garantizadas por Dios o por la constitución de los Estados Unidos. Hay una diferencia entre defender los derechos humanos y hablar en contra del gobierno. Además, todos podemos dar a conocer nuestros puntos de vista al protestar lícitamente, utilizando resistencia sin violencia y exigiendo cambios, sin hablar en contra de nuestros gobiernos. Realmente necesitamos de un gobierno global justo para mantener el orden y la paz, junto con gobiernos nacionales justos también. Tendríamos un caos completo sin el orden que los gobiernos nos proporcionan.

Pero las cuestiones de derechos humanos van mucho más allá y son más profundas que cualquier persona, político o un solo gobierno, y siempre habrá personas de ambos lados del pasillo que quieren señalar y dirigir la ira hacia una persona o un político, o contra un grupo o segmento particular de nuestra sociedad. Los problemas subyacentes que enfrentamos, siempre han estado ahí. Entonces, ¿cómo solucionamos nuestros problemas?

Los bahá’ís creen que los podemos solucionar haciendo todo lo posible por alcanzar la unidad. Según escribió Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la Fe Bahá’í: “El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcanzables, a menos que su unidad sea firmemente establecida.”Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, página 322.

Estas sabias palabras exigen que la unidad llegue primero, antes de que podamos avanzar hacia el bienestar, la paz y la justicia. Nosotros como bahá’ís nos esforzamos por estar unidos y trabajar con todas las personas a través de todos los espectros, y sí, incluso aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Nuestro objetivo es siempre y continuamente buscar una base común y el momento para iniciar una conversación con todo el mundo.

Sólo a través de la unidad y la consulta respetuosa y significativa que resulta, se pueden resolver nuestros problemas, incluso cuando llegamos a la mesa con puntos de vista totalmente opuestos. A medida que avanzamos juntos en este proceso, desde cada raza, religión y cultura, esto no quiere decir que nuestro camino será tranquilo, o que no será complicado. De hecho, podría ser bastante complicado, porque tenemos mucho que trabajar y eso tomará tiempo. También puede ser complicado porque no todas las personas están dispuestas a entender la dinámica de que cada uno de nosotros realmente prospera más individualmente cuando todas las personas prosperan colectivamente.

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Los bahá’ís trabajan para construir una comunidad justa y equitativa, y mantienen la unidad como el principio guía por encima de todo. No recurriremos a malos tratos, insultos, desunión o violencia solo porque las cosas puedan no estar funcionando en este momento. La unidad con todas las personas, al final, es lo que importa. A pesar de la atmósfera actual, nuestros problemas sociales no se tratan de ganar y perder, de estar bien o mal, de ser líder o seguidor. En cambio, son realmente acerca de la unidad y la desunión.

Los bahá’ís creen que una sociedad global unificada no sólo es alcanzable sino inevitable. De hecho, ya está sucediendo ante nuestros ojos. La paz en la tierra no sólo se predice en las enseñanzas bahá’ís sino en todas las religiones principales, incluyendo muchas culturas indígenas en todo el mundo. Esto es para lo que trabajamos como bahá’ís, y honestamente, yo personalmente tengo que creer que la mayoría de la gente desea eso al final. De una forma u otra, muchas, muchas personas de todas las procedencias del mundo gastan sus energías trabajando hacia esta realidad última.

Entonces, ¿cómo empezamos a construir la unidad que el mundo necesita tan desesperadamente?

Lo primero y más importante que puede hacer ahora en cualquier entorno es mirar a su alrededor, tener conciencia de quién está en la habitación y ser consciente de quién está escuchando, o aún más importante, quién no está siendo escuchado. Sea consciente de esas dinámicas y preste atención. Si mira a su alrededor y su entorno es homogéneo -si sólo ve a personas que miran o piensan como usted- la primera tarea es preguntar por qué.

La segunda tarea es tratar de cambiarlo.

Nuestros problemas, cualesquiera que sean, no se resolverán al rodearnos de gente igual. Sea cual sea su raza, etnia, sexo, religión o edad, usted necesita el aporte y las perspectivas de una amplia gama de personas y también debe escuchar antes de que pueda llegar a cualquier solución real. Por eso la unidad es lo primero. Hasta que intencionalmente no permitamos que todas las voces sean escuchadas, y obtengamos la sabiduría del otro, especialmente de aquellos que han sido más afectados por el dolor, la pobreza y la opresión, no conoceremos la profundidad de nuestros problemas ni cómo resolverlos.

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