"Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í."

A todos nos afecta el sufrimiento de las personas en todas partes—por tanto ¿cómo mantener viva la esperanza?

El sufrimiento trasciende toda barrera: se le percibe en Siria y otras zonas desgarradas por guerras; entre los numerosos refugiados que han sido desplazados de sus hogares por la guerra, persecución, degradación ambiental y pobreza; en las casi mil millones de personas que a diario pasan hambre; en los obreros y jornaleros en tantos lugares del mundo; en los pobres niños y niñas que no tienen alimentos, atención médica y educación adecuadas; entre tantas personas que sufren de violencia con armas y un sistema penal y penitenciario injusto; en las personas indígenas que luchan para la supervivencia cultural y por la protección de su agua y tierra; en tantas personas que tienen las mentes oprimidas por información engañosa y manipulación, en las personas que han sido discriminadas por su raza, religión u opiniones políticas; en tantas personas que sufren persecución por el fanatismo religioso como los bahá’ís de Irán; y entre tantas mujeres que siguen oprimidas en tantas partes del mundo.

También estamos sumamente conscientes de la extinción de especies vegetales y animales que continúa y empeora debido a la destrucción del hábitat, explotación, contaminación y cambio climático. Nos preocupan las futuras generaciones por la lenta y retardada acción para mantener dentro de ciertos límites el calentamiento global. Preservar un planeta habitable parece ser una meta más y más difícil de lograr.

Pero no debemos perder la esperanza.

Los bahá’ís creen que Dios nos ha mandado una nueva revelación en la persona de Bahá’u’lláh, que aborda estos problemas actuales—y que todos pueden ser abordados de manera efectiva implementando las enseñanzas bahá’ís en lo individual y colectivamente. Pero, Bahá’u’lláh nos advirtió que la humanidad pasará por un periodo de grave sufrimiento antes de que esté lista para atender el nuevo mensaje de Dios. Las escrituras bahá’ís explican:

El propósito de Dios no es otro que el de inaugurar, por medios que sólo Él puede producir, y cuyo pleno significado sólo Él puede desentrañar, la Gran Edad Dorada de una humanidad durante tanto tiempo dividida y afligida. Su estado actual, y aun su futuro inmediato, es sombrío, dolorosamente sombrío. Sin embargo, su futuro lejano es resplandeciente, gloriosamente resplandeciente; tan resplandeciente que ningún ojo puede imaginarlo.

“Los vientos de la desesperación”, escribe Bahá’u’lláh al contemplar el destino inmediato de la humanidad, “soplan, ¡ay! de todas direcciones, y la lucha que divide y aflige a la raza humana crece cada día. Ya pueden percibirse las señales de inminentes convulsiones y caos, por cuanto el orden reinante resulta ser lamentablemente deficiente”. – Shoghi Effendi, El día prometido ha llegado, p. 108.

Bahá’u’lláh también nos advierte que no exageremos la civilización material ni que sobrepasemos nuestros límites:

Quienquiera que se aferre a la justicia, no puede en ninguna circunstancia, transgredir los límites de la moderación. Discierne la verdad en todas las cosas, por la guía de Aquel que todo lo ve. La civilización, tan a menudo preconizada por los doctos representantes de las artes y ciencias, traerá, si se le permite rebasar los límites de la moderación, gran daño sobre los hombres. Así os advierte Aquel quien es el Omnisciente. Si es llevada a exceso, la civilización resultará ser una fuente de maldad tan prolífica como lo fue de bondad cuando era mantenida dentro de las restricciones de la moderación.—Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, pág. 180.

Si bien vemos que crecen los problemas de la humanidad hasta alcanzar proporciones desquiciantes, también vemos el espíritu de la nueva revelación bahá’í que comienza a florecer, que ha comenzado a infundir los pensamientos y sentimientos de la humanidad.

Se abolió la esclavitud en los Estados Unidos el año que proclamó su misión Bahá’u’lláh. El mundo ha progresado constantemente en igualdad racial y de género. La enseñanza otrora revolucionaria de Bahá’u’lláh que “la tierra es un solo país y la humanidad sus ciudadanos” ha permeado las almas de tantas personas alrededor del planeta. La colaboración internacional ha progresado y alcanzado una etapa significativa con el Acuerdo de París de 2015 para el cambio climático. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas abordan todos estos problemas y parecen estar infundidos con el espíritu que trajo Bahá’u’lláh al mundo.

Así que podemos esperar que la madurez de la humanidad y su unificación será precedida por gran agitación. Sin embargo, Dios nos ha prometido en todas las religiones que llegará el momento en que todas las personas vivan en paz, cuando “forjarán sus espadas en rejas de arado”. Los escritos bahá’ís lo explican de manera hermosa:

El mundo se mueve, realmente, hacia su destino. La interdependencia de los pueblos y naciones de la tierra es ya un hecho consumado, a pesar de lo que digan o hagan los jefes de las fuerzas que dividen al mundo. Su unidad en la esfera económica es ahora entendida y reconocida. El bienestar de una parte significa el bienestar del todo, y la miseria de una parte trae la miseria al todo. La Revelación de Bahá’u’lláh, en Sus propias palabras, ha “dado un nuevo impulso y fijado una nueva dirección” a este vasto proceso que opera ahora en el mundo. Las llamas encendidas por esta gran prueba aflictiva son consecuencia de que los hombres no la hayan reconocido. Por otra parte, están apresurando su plena realización. Una adversidad prolongada, mundial, desconsoladora, unida al caos y la destrucción universal, debe necesariamente convulsionar las naciones, remover la conciencia del mundo, desilusionar a las masas, producir un cambio radical en la concepción misma de la sociedad y refundir, por último, los desarticulados y sangrantes miembros de la humanidad en un solo cuerpo, único, orgánicamente unido e indivisible. – Shoghi Effendi, El día prometido ha llegado, p. 114.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Los bahá’ís trabajan en dos áreas para que se realice la unidad mundial. Primero, toman parte en una comunidad mundial basada en los principios espirituales y las enseñanzas sociales de Bahá’u’lláh—con la meta de construir una sociedad mundial espiritual, justa y ambientalmente sostenible, donde a cada ser humano se le respete y atienda y donde cada individuo se esfuerce por servir el bien común. Segundo, donde pueden, los bahá’ís colaboran con las personas de otras religiones y de ninguna religión para aliviar el sufrimiento humano y encontrar soluciones a los problemas sociales. A todos se les da la bienvenida para participar en estos esfuerzos.

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