A través de su ignorancia, el hombre teme a la muerte; pero la muerte de la que se retrae es imaginaria y absolutamente irreal; es sólo la imaginación humana.

Bien, vamos a darle a nuestra imaginación un entrenamiento serio, ¿verdad? Trate de imaginar esto: en el futuro, alguien inventa una máquina que diagnostica instantáneamente la enfermedad, elimina el dolor, cura todas las enfermedades, cura todas las lesiones e invierte el proceso de envejecimiento. ¡La mítica Fuente de la Juventud se vuelve real!

Star Trek Tricorder

Tricorder como se ve en Star Trek

Hemos empezado a movernos en esa dirección: hace unos años la X Prize Foundation anunció el Premio Tricorder X, un incentivo de $10 millones USD para desarrollar un dispositivo móvil de diagnóstico médico instantáneo como el que diseñaron los creadores de Star Trek. Nadie ha ganado el premio todavía, pero varios inventores y empresas están tratando. Por supuesto, el diagnóstico y el tratamiento son dos cosas muy diferentes, pero es concebible que un dispositivo de curación universal pueda desarrollarse algún día en un futuro lejano en nuestros sueños más salvajes.

Con este escenario muy improbable pero divertido en mente, vea si puede responder a esta importante pregunta: ¿todavía estaríamos asustados?

Después de todo, si no hubiese consecuencias graves que preocuparse, sufrimiento físico, declive o muerte, ¿qué tendríamos que temer?

Sin nada que nos preocupe, podríamos dedicar nuestras energías a las partes más productivas y positivas de la vida. Todavía tendríamos los miedos más leves a los que enfrentarnos: un desaire social, un revés financiero, un mal día de cabello, pero habríamos borrado la principal causa del temor humano.
Qué avance tan increíble haría en la historia de la humanidad, ¿verdad?

Bien, los bahá’ís creen que en realidad puede librarse de ese temor de lesión, enfermedad y muerte ahora, aceptando la fe de Bahá’u’lláh y creyendo en sus principios. Los verdaderos bahá’ís no temen a la muerte o a sus predecesores; en cambio, esperan una segunda vida, pues la muerte es sólo un nacimiento en una existencia eterna. Cuando las enseñanzas bahá’ís dicen que la muerte “es imaginaria y absolutamente irreal; es sólo imaginación humana “, nos piden que reconozcamos nuestra inmortalidad y perdamos nuestros miedos.

Allí está su fuente de la juventud y su tricorder, todo contenido en la mente humana y el alma. Ustedes existen ahora, dicen las enseñanzas bahá’ís, lo que significa que existirán eternamente:

Por lo tanto, debéis dar gracias a Dios porque Él os ha concedido la bendición de la vida y la existencia en el reino humano. Esforzaos en adquirir virtudes dignas de vuestro grado y posición. Sed como luces del mundo que no se pueden ocultar ni esconder en los horizontes de la oscuridad. Ascended al cenit de una existencia que nunca esté nublada por los miedos y temores de la inexistencia. Cuando el hombre no está dotado de percepción interior, no conoce estos misterios importantes. La retina de la visión exterior, aunque sensible y delicada, puede ser, sin embargo, un obstáculo para el ojo interior que es el único que puede percibir. Las dádivas de Dios manifiestas en toda vida fenomenal están a veces ocultas por velos interpuestos por la visión mental y mortal que ciega al hombre espiritualmente y lo incapacita, pero cuando esas escamas son quitadas y los velos desgarrados, entonces, los grandes signos de Dios se hacen visibles y él ve la luz eterna que colma el mundo. Todos los dones de Dios están siempre manifiestos. Las promesas celestiales están siempre presentes. Los favores de Dios nos rodean por todas partes. Pero si el ojo consciente del alma del hombre permanece velado y en tinieblas, será inducido a negar estos signos universales y permanecerá privado de estas manifestaciones de la bondad divina. Por tanto, debemos esforzarnos de alma y corazón para que el velo que cubre el ojo de la visión interior sea levantado y podamos contemplar las manifestaciones de los signos de Dios, discernir Sus gracias misteriosas y darnos cuenta de que las bendiciones materiales, cuando se comparan con las bondades espirituales, son como nada. Las bendiciones espirituales de Dios son mayores. Los dones y poderes con que estábamos dotados cuando formábamos parte del reino mineral no pueden compararse con las bendiciones del reino humano. En la matriz de la madre recibimos los dones y bendiciones de Dios, sin embargo, éstas han sido como nada en comparación a los poderes y gracias que nos han sido dados después del nacimiento a este mundo humano. De la misma manera, si nacemos de la matriz de este ambiente físico y fenomenal a la libertad y elevación de la vida y visión espiritual, consideraremos esta existencia mortal y sus bendiciones comparativamente como sin valor. – ‘Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, páginas 107-108

Cientos, talvez miles de pasajes en los escritos bahá’ís transmiten el mismo mensaje: que el alma humana nunca muere.

Así que ahora, pongamos a prueba esa facultad de imaginación una vez más: imagine cómo eso podría afectarle, si usted realmente lo creyera:

Sabe que todo oído atento, si se mantiene puro e impoluto, debe, en todo momento y desde todas direcciones, escuchar la voz que pronuncia estas santas palabras: “Ciertamente, somos de Dios, y a Él volveremos”. Los misterios de la muerte física del hombre y de su retorno no han sido divulgados, y aún permanecen sin ser leídos. ¡Por la rectitud de Dios! Si fuesen revelados, evocarían tal miedo y tristeza que algunos perecerían, mientras que otros se llenarían tanto de alegría que ansiarían la muerte e implorarían, con anhelo incesante, al único Dios verdadero –ensalzada sea Su gloria– que apresurase su fin.

La muerte ofrece a todo creyente seguro la copa que es, en verdad, la vida. Confiere regocijo y es portadora de alegría. Concede el don de la vida eterna.

En cuanto a aquellos que han saboreado el fruto de la existencia terrenal del hombre, que es el reconocimiento del único Dios verdadero, exaltada sea Su gloria, su vida venidera es tal que somos incapaces de describir. El conocimiento de ella es únicamente de Dios, el Señor de todos los mundos. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, páginas 387-388

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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