Las escrituras bahá’ís nos aseguran que la muerte es una mensajera de alegría.

Como ya he aseverado varias veces en esta serie de ensayos, de acuerdo a todo en lo que creo sinceramente y valoro, la muerte es meramente un nacimiento a una realidad más amplia y agradable, una realidad que mi ser esencial ya ocupa. Mi mente racional ha memorizado y confía en una gama de maravillosos pasajes de los escritos bahá’ís que me aseguran que es así, que la muerte no debe ser temida, sino bienvenida como liberación de las limitaciones y sufrimientos de este “cúmulo de polvo” como algunas veces llamaron a este mundo tanto ‘Abdu’l-Bahá como Bahá’u’lláh:

No te contentes con la comodidad de un día pasajero y no te prives del descanso eterno. No trueques el jardín de delicia eterna por el cúmulo de polvo de un mundo mortal. Asciende desde tu prisión a los gloriosos prados de lo alto y desde tu jaula mortal alza tu vuelo hacia el paraíso del Irrestringido.  – Bahá’u’lláh, Palabras Ocultas, página 76.

Cuando el alma humana sale volando de este efímero cúmulo de polvo y se eleva al mundo de Dios, entonces caen los velos y salen a la luz las realidades, y se vuelven claras todas las cosas antes desconocidas, y son comprendidas las verdades ocultas.  – ‘Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, página 150.

De hecho, en una encantadora analogía ‘Abdu’l-Bahá compara la sensación de liberación de las limitaciones de esta vida con la sensación de regocijo que un ave puede sentir cuando es liberada de su jaula:

Sostener que después de la muerte del cuerpo el espíritu perece, es como imaginar que un pájaro preso en su jaula muriera si la jaula se rompiera, pues el pájaro no tiene nada que temer de la rotura de la jaula. Este cuerpo es como la jaula y el espíritu es como el pájaro.

Vemos que sin la jaula, el pájaro vuela en el mundo del sueño. Por tanto, si la jaula se destruye, el pájaro permanecerá y subsistirá y su sensibilidad se hará aún más intensa, su percepción será mayor y su felicidad aumentará. – Contestación a Unas Preguntas, página 277.

¿Por qué, entonces, es que solo ahora considero que el arte de vivir es inseparable del arte de morir, y que crecientemente siento que aún no estoy preparado para esa “liberación”?

El arte de vivir y el arte de morir son teóricamente un mismo proceso, ya sea que estemos hablando literal o figurativamente. Una rápida mirada a un par de párrafos de los textos bahá’ís que confirman esta perspectiva diciéndonos que tan pronto nacemos, empezamos a morir y tan pronto morimos nacemos. En consecuencia, el arte de vivir bien es inseparable del arte de prepararnos a morir bien.

Bahá’u’lláh, apunta este axioma cuando afirma rotundamente que todo el propósito de la educación y el esclarecimiento brindado por los profetas de Dios es para prepararnos individualmente para un segundo (o tercer) nacimiento:

Los Profetas y Mensajeros de Dios han sido enviados con el único propósito de guiar a la humanidad al recto Camino de la Verdad. El propósito fundamental de Su revelación ha sido educar a todos los hombres para que, a la hora de su muerte, asciendan, con la mayor pureza y santidad y con absoluto desprendimiento, hacia el trono del Altísimo. – Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, páginas 180-181.

Admito que estoy preocupado con la muerte y, con toda franqueza, en este preciso momento no deseo alcanzarla, asumo que no he logrado aún mi propósito en esta vida y no he llegado a dominar el arte de vivir bien.

De un lado, estoy bastante seguro que sin dudar daría mi vida en un impulso por salvar a alguien o defender mis creencias. Pero claramente no he perfeccionado el arte de vivir, de otra manera presumo que estaría listo y ansioso por “ascender, en la mayor pureza y santidad y, con absoluto desprendimiento, al trono de lo Más Alto.

De hecho, no invertiría horas buscando buenos precios en la internet por un Prius; tampoco estaría muy deseoso por visitar regularmente Grandpa Johnson’s Barbeque para consumir grandes cantidades de col silvestre y guiso de cerdo si fuera lo suficientemente desprendido de esta vida para considerarme preparado.

¿Cuán desprendido y espiritual puedo ser cuando aún tengo esperanza de ponerme en forma, adelgazar y poner firmes mis abdominales?  A veces hasta pienso en comprarme un traje para verme bien en caso se me otorgue un premio importante. El último terno que compré fue hace treinta años para mi matrimonio.

Mis pensamientos y esperanzas respecto de este mundo material, dicen las enseñanzas bahá’ís, son los que me detienen de la realidad eterna:

Si la esperanza del hombre está limitada al mundo material, ¿cuál es el resultado final por el que el hombre trabaja? Una persona con algo de entendimiento debe darse cuenta de que no debe emular a la lombriz que se aferra a la tierra en la que en último término será enterrada. ¿Cómo estar satisfecho con un nivel tan bajo de existencia? ¿Cómo poder encontrar felicidad ahí? Mi esperanza es que se puedan liberar del mundo material y esforzarse por entender el significado del mundo celestial, el mundo de cualidades perdurables, el mundo de la verdad, el mundo de realeza eterna, de tal forma que la vida no sea estéril en resultados, pues la vida del hombre material no tiene fruto valedero. Los resultados duraderos se producirán si reflejamos la existencia celestial.

Si un hombre es alcanzado por la chispa divina, aunque sea de los proscritos y los oprimidos, será feliz y su felicidad no puede morir. ‘Abdu’l-Bahá, Divine Philosophy página 56.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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