Son las 5 de la mañana y suena mi alarma. No hay ni un atisbo de luz en el cielo. Bajo por las escaleras somnoliento hasta la cocina y busco a tientas una caja de huevos, unas salchichas vegetarianas congeladas, espinacas y tortillas de maíz. Mientras preparo para mi esposa y para mí un banquete gigantesco antes del amanecer, pienso gruñonamente acerca de cómo llegué aquí.

Resulta que cada marzo durante los diecinueve días previos al primer día de la primavera, los bahá’ís alrededor del mundo empiezan “el ayuno”.

Aquí está cómo funciona, es muy simple realmente. No se come ni se bebe mientras el sol esté visible.

Al igual que los musulmanes durante el Ramadán, la mayoría de los bahá’ís se levantan temprano, comen un montón de proteína, cafeína y carbohidratos para aguantar durante al menos la mitad del día y luego atraviesan algunas crisis graves de azúcar en la sangre durante una buena parte de la tarde. Y cuando el sol se pone, ¡Cuidado! ¡No se interponga entre un bahá’í y su hamburguesa con queso cuando cae la noche, porque podría perder una mano!

A veces las horas pasan muy lentamente y uno se da cuenta que está mirando el reloj obsesivamente, anhelando que el reloj marque las 6 pm cuando se puede atragantar con batidos y quesadillas.

¿Por qué haríamos algo tan insensato? Usted podría preguntar, suena como a tortura y ciertamente no podría ser bueno para la salud.

Resulta que ha habido un montón de investigación que sugiere que el ayuno puede, de hecho, desintoxicar el cuerpo y reducir la enfermedad de la arteria coronaria del corazón. Pero personalmente, no es por eso que lo hago. Y, adivinando, no es tampoco la razón por la que millones de seguidores de otras religiones lo hacen.

Todos hemos oído hablar del Ramadán (Islam), Yom Kippur (Judaísmo) y Cuaresma (Cristianismo), pero ¿ha oído hablar de Maha Shivaratri o Chauvihar Upwas o Nyungne? (Yo no hasta que lo busqué recientemente. ¡Gracias, Google!) El ayuno es una parte fundamental de cada religión mundial.

No sé exactamente por qué es esto, pero puedo suponerlo.

En todas las grandes religiones del mundo hay una paradoja esencial: somos seres espirituales que tenemos una experiencia humana a través de nuestros cuerpos. Nuestra realidad es dual en su naturaleza, y el ayuno, como un acto de renuncia física, nos recuerda nuestra realidad mayor, la realidad de nuestro espíritu y nuestro corazón.

Los bahá’ís aprenden a usar este tiempo como un período de autorreflexión, oración y meditación. ‘Abdu’l-Bahá, el hijo de Bahá’u’lláh – el fundador de la Fe Bahá’í -, lo describe así:

“Este ayuno físico es símbolo del ayuno espiritual. Este ayuno conduce a limpiar el alma de todos los deseos egoístas, a adquirir atributos espirituales, a ser atraído por las brisas del Todomisericordioso y a encenderse con el fuego del amor divino.”  — ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los escritos de ‘Abdu’l-Bahá, página 99

Hay algo bastante purificador y poderoso sobre estar en un estado devocional a medida que el sol sale. Y ese estado, a medida que las horas y los minutos pasan, aumenta su comprensión, se está absteniendo de comer debido al amor de Dios y se está centrando en su ser espiritual. Con cada sensación de hambre, mi visión interior se centra en lo que estoy haciendo y por qué lo estoy haciendo.

Se trata de purificación. Mi materialidad cotidiana se desvanece y mi visión se enfoca en lo que es importante y verdadero en mi vida.

Tan difícil como pueden ser esos 19 días, mi alma se anima a medida que llega el nuevo año con la primavera. (Debe ser señalado que, así como mi espíritu es refrescado, generalmente mi aliento apesta hasta el cielo, por esa capa gruesa de saliva espesa acumulada por horas que yo cariñosamente llamo “aliento de ayuno”. ¡Lo siento compañeros de oficina!)

La privación también proporciona una gratitud más profunda por lo ordinario. Cuando se come y bebe al final de un largo día, se saborea la comida de una manera especialmente profunda y se tiene un agradecimiento más profundo por lo que se tiene. He tenido muchos momentos de “claridad” sobre mi lugar en el universo durante esas semanas del ayuno.

‘Abdu’l-Bahá, como en la mayoría de las cosas, describe la experiencia espiritual con una precisión inspiradora:

“El ayuno es la causa de la elevación de la estación espiritual de la persona.” – Compilación sobre la oración obligatoria y el ayuno.

“¡Oh Dios! Así como estoy ayunando de los apetitos del cuerpo y no me ocupo en comer y beber, del mismo modo purifica Tú mi corazón y mi vida de todo salvo de Tu Amor” — Star of the West

Así que piense en mí, y en todos los bahá’ís en este próximo marzo. Y, mientras ve el sol recorrer el cielo, sepa que todos estaremos observándolo también, orando y esperando el anochecer, así como también ese magnífico primer mordisco de hamburguesa con queso.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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