Como las enseñanzas fundamentales de todas las grandes religiones, la Fe Bahá’í exalta la paz, aconseja la no violencia, y prohíbe el uso de la fuerza física.

Esta visión Bahá’í de ‘no violencia’ viene directamente de Bahá’u’lláh, quien pidió a los Bahá’ís:

 “Santificad vuestros oídos de las vanas palabras de quienes son los símbolos de la negación y los exponentes de violencia e ira.”- Bahá’u’lláh, Pasaje de los Escritos de Bahá’u’lláh, p. 20.

Cuando comenzó la Fe Bahá’í, antes que las enseñanzas de Bahá’u’lláh sean ampliamente diseminadas, los primeros Bahá’ís y los miembros de la Fe Babí que los precedieron, sí se defendieron cuando eran atacados. Pero Bahá’u’lláh, en sus escritos, elogió a aquellos Bahá’ís que voluntariamente dieron su vida bajo las intensas persecuciones que sufrieron en manos del gobierno y el clero.

“Esta gente no necesita armas de destrucción, puesto que se han aprestado a reconstruir el mundo.  Sus huestes son las huestes de las buenas acciones y sus armas son las armas de una conducta recta y su comandante es el temor de Dios.  Bendito sea el que juzgue con imparcialidad.  ¡Por la rectitud de Dios!  Tal ha sido la paciencia, la calma, la resignación y la complacencia de esta gente que se han convertido en los exponentes de la justicia, y tan grande ha sido su indulgencia que prefirieron morir antes que matar, y esto a pesar de que aquellos a quienes el mundo agravió han soportado tribulaciones cuyo igual la historia del mundo jamás ha registrado, ni los ojos de nación alguna han presenciado.”- – Bahá’u’lláh, La Epístola al Hijo del Lobo, pp. 74-75.

A pesar de la vil persecución a la que fueron sometidos, los Bahá’ís perduraron, Bahá’u’lláh instó a sus seguidores a nunca entrar en contienda, disputa o agredir físicamente a nadie, en lugar de esto ellos debían buscar la paz e, incluso, estar dispuestos a morir por ella.

“…Prestar ayuda a Dios, en este día, no consiste ni jamás consistirá en contender ni disputar con alma alguna; antes bien, lo que es preferible a los ojos de Dios es que las ciudades de los corazones de los hombres, que están gobernadas por las huestes del yo y la pasión, queden sometidas por la espada de la expresión, de la sabiduría y de la comprensión. Así, quien procura ayudar a Dios debe, ante todo, conquistar, con la espada del significado interior y de la explicación, la ciudad de su propio corazón y resguardarla del recuerdo de todo lo que no sea Dios, y solo entonces intentar someter las ciudades de los corazones de los demás.

Tal es el verdadero significado de prestar ayuda a Dios. La sedición nunca ha sido agradable s Dios, ni ha sido aceptables a Su vista los actos cometidos en el pasado por ciertos necios. Sabed que ser matado en el sendero de Su complacencia es mejor que matar.” – Bahá’u’lláh, El Llamamiento al Señor de las Huestes, pp.141-142.

Qué concepto tan remarcable, dar tu propia vida es en realidad mejor para ti que tomar la vida de otra persona.

En el pasado, algunos clérigos y líderes de fe justificaban e incluso alentaban el uso de la violencia para forzar la conversión, para conquistar territorio y “subyugar” oponentes. Bahá’u’lláh, en su Libro Más Sagrado, derogó todas las enseñanzas religiosas que promovían tal violencia y matanzas:

Que nadie dispute con otro y que ningún alma dé muerte a otra. Verdaderamente, esto es lo que se os ha prohibido…¿Acaso matarías a quien Dios ha dado vida, a quien ha dotado de espíritu con un hálito procedente de Él? ¡Grave serpia entonces, vuestra transgresión ante Su Trono! – Bahá’u’lláh, Kitab-i-Agdas, p. 73.

Que ningún alma dé muerte a otra”, escribió Bahá’u’lláh, prohibiendo tomar cualquier vida humana. Los verdaderos Bahá’ís siguen esa ley espiritual, implementada por Bahá’u’lláh y ejemplificada por ‘Abdu’l-Bahá:

“… la ferocidad humana proviene del egoísmo, la codicia y la opresión. No emana de ninguna necesidad natural. …La ferocidad no pertenece al reino del hombre. Es obligación del hombre conferir vida, no muerte.” -‘Abdu’l-Bahá, Promulgación a la Paz Universal, p. 429.

“No hagáis daño a nadie; orad por todos; procurad que vuestra luz brille en el mundo y dejad que vuestra enseña ondee en lo alto de los Cielos.  El agradable perfume de vuestras nobles vidas penetrará por todas partes. La luz de la verdad encendida en vuestros corazones resplandecerá en el distante horizonte.” – Las Charlas de París, p. 118.

En esta serie de ensayos tratan sobre el enfoque Bahá’í sobre la violencia, examinaremos qué es lo que significan las nuevas radicales enseñanzas espirituales para los individuos, comunidades y para el mundo entero.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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