Si es que la vida humana es sagrada, como lo enseñan todas las grandes religiones, entonces ¿no deberíamos hacer todo en nuestro poder para evitar lastimar vidas?

Las enseñanzas Bahá’ís dicen:

“Cuidado, no sea que hagáis daño a algún alma, o que hagáis entristecerse a algún corazón; no sea que con vuestra palabra hiráis a algún hombre, ya sea conocido o desconocido. Orad por todos; que todos sean bendecidos, que todos sean perdonados. Cuidado, cuidado, no sea que alguno de vosotros busque venganza, aunque fuese contra alguien que esté sediento de vuestra sangre. Cuidado, cuidado no sea que hiriéis los sentimientos de alguien, aun cuando fuere un malhechor y os deseare mal. No consideréis a las criaturas, volveos a su Creador. No veáis a las gentes pertinaces, sino al Señor de las Huestes. No miréis el polvo, alzad la vista hacia el radiante sol, el cual ha hecho que todo pedazo de tierra oscura resplandezca de luz” – ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los escritos de Abdu’l-Bahá, p. 367.

¿Cuál es el papel de la religión en prevenir dañar o lastimar a alguien?

‘Abdu’l-Bahá brindó esta respuesta:

“…Entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está que la religión es un gran baluarte. Si el edificio de la religión se estremece y tambalea, se sigue la conmoción y el caos y se trastorna absolutamente el orden de las cosas, pues en el mundo de la humanidad hay dos resguardos que protegen al hombre contra la perversidad. Uno es la ley que castiga al criminal; pero la ley impide solo el crimen manifiesto y no el pecado encubierto; mientras que el resguardo ideal, a saber, la religión de Dios, impide tanto el crimen manifiesto como el encubierto, forma al hombre, enseña la conducta moral, obliga la adopción de virtudes y es el poder omnímodo que garantiza la felicidad del mundo de la humanidad” – ‘Abdu’l-Bahá, Pasaje de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, p. 396.

Podrías reaccionar pensando: “¿Cómo la religión ayuda a prevenir la violencia? ¡En algunos casos es la religión que la causa!

‘Abdu’l-Bahá debió haber anticipado esa reacción al mencionar la siguiente afirmación crucial:

“Pero con religión se quiere decir lo que se determina mediante la investigación y no aquello que se basa en la mera imitación, los fundamentos de las Religiones divinas y no las imitaciones humanas” -Ibid, p. 396

Cuando las enseñanzas Bahá’ís hacen referencia a “la religión de Dios”, se refiere a un verdadero compromiso interno, nacido de la búsqueda espiritual sincera, hacia las enseñanzas del Creador. El compromiso, que incluye no solo creencias, sino que también acción, nos lleva a esforzarnos al máximo por adoptar y seguir un código moral de consciencia que rechaza cualquier tipo de acción en perjuicio de la humanidad.

Cuando nos comprometemos en avanzar por un camino espiritual que nos pide no lastimar a otros, adoptar el ideal de Ahimsa o el llamado “no violencia”, también nosotros comenzamos a ver el mundo distinto. En lugar de culpar las acciones dañinas, violetas y conflictivas del pasado de una nación, religión, filosofía sistémica o forma de ser en particular, podemos ver aquellas acciones dañinas como el resultado de “etapas de inmadurez” en un vasto proceso histórico.

“La elección de tal curso de acción no significa negar el pasado de la humanidad, sino comprenderlo. La Fe Bahá’í considera que la presente confusión mundial y la calamitosa condición de los asuntos humanos, representan una etapa natural de un proceso orgánico que conduce, final e inevitablemente, a la unificación de la raza humana en un único orden social cuyas fronteras serán las del planeta mismo. La raza humana, como una unidad orgánica y diferente, ha pasado a través de etapas evolutivas similares a las de la infancia y la adolescencia en la vida de sus miembros individuales, y se encuentra ahora en el período culminante de su adolescencia turbulenta, aproximándose a la tan ansiada mayoría de edad.

Un reconocimiento sincero que el prejuicio, la guerra y la explotación ha sido la expresión de etapas inmaduras en un vasto proceso histórico, y de que actualmente la raza humana está experimentando la inevitable conmoción que señala su llegada colectiva a la mayoría de edad, no es razón para desesperarse, sino un requisito previo para la estupenda empresa de construir un mundo pacífico. Que semejante empresa es posible, que las fuerzas constructivas necesarias existen, que pueden erigirse estructuras sociales unificadas, es el tema que los exhortamos a examinar” – La Casa Universal de Justicia, La Promesa a la Paz Mundial, p. 6.

Las enseñanzas Bahá’ís preguntan: ¿Y si la humanidad misma pasa también por un proceso sucesivo de etapas de maduración, así como los individuos? ¿Y si nuestra historia tumultuosa en realidad representa la infancia colectiva de la raza humana? ¿Y si las guerras, conflictos y violencia que hemos sufrido por miles de años nacían de nuestra inmadurez espiritual colectiva como raza? ¿Y si la era en la que estamos viviendo hoy representa el periodo de la adolescencia de la humanidad, momento en el que pasamos el periodo de nuestra infacia colectiva y comenzamos a avanzar hacia nuestra adultez?

“El niño de pecho pasa por varias etapas físicas, creciendo y desarrollándose en cada una de ellas, hasta que su cuerpo alcanza la edad la edad de madurez. Habiendo llegado a esta etapa, adquiere la capacidad de manifestar las perfecciones espirituales e intelectuales. Se perciben en él las luces de la comprensión, de la inteligencia y el conocimiento, y se desarrollan los poderes de su alma. De modo similar, en el mundo contingente la especie humana ha sufrido progresivos cambios físicos y, a través de un lento proceso, ha ascendido por la escala de la civilización, realizando en sí misma las maravillas, las excelencias y dones de la humanidad en su forma más gloriosa, hasta que adquirió la capacidad de expresar los esplendores de las perfecciones espirituales y los ideales divinos y llegó a ser capaz de escuchar la llamada de Dios. Entonces, por fin, se dejó oír la llamada del Reino, se revelaron las virtudes y perfecciones espirituales, despuntó el Sol de la Realidad y fueron promovidas las enseñanzas de la Más Grande Paz, de la unicidad del mundo de la humanidad y de la universalidad de los hombres” – ‘Abdu’l-Bahá, Pasaje de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, p. 132.

Sin embargo, entender el desarrollo humano como un sistema de etapas de maduración que atravesamos tanto como individuos como raza humana, no nos absuelve de la responsabilidad de nuestras acciones individuales como adultos. Todavía debemos encontrar formas de no lastimar a otros, controlar nuestros temperamentos y desarrollar almas pacíficas. En el próximo ensayo en esta serie, revisaremos qué es lo que las enseñanzas Bahá’ís recomiendan para lograr esto exactamente.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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