“He dicho demasiado.”

¿Cuán a menudo nos encontramos a nosotros mismos diciendo o pensando esto?

Por nuestra propia naturaleza, los humanos somos criaturas expresivas. El lenguaje es uno de nuestros grandes dones, una piedra angular en el avance de las artes, ciencias y otros elementos más finos de la civilización.

Pero últimamente, parece que vemos la agudeza de la lengua como una virtud. La habilidad de los comediantes, expertos, comentaristas y políticos de lanzar “comentarios ingeniosos” hacia varios objetivos a menudo causa admiración y, a veces, una atractiva recompensa financiera. En nuestras vidas personales, algunos encontramos que es muy fácil deslizarse hacia comentarios negativos o palabras despectivas acerca de aquellos que pensamos que de alguna manera nos han ofendido.

Pero ¿Es eso encomiable o nocivo? Desde un punto de vista espiritual, todos sabemos que una lengua aguda puede herir tan profundamente como una espada afilada. Bahá’u’lláh, el Profeta Fundador de la Fe Bahá’í, se unió a los Mensajeros Divinos a través de las épocas en grave advertencia en contra de los efectos del sarcasmo, desprecio y el discurso negativo. Él nos pide:

… guardar silencio y abstenerse de la conversación ociosa. Pues la lengua es fuego latente, y el exceso de palabras un veneno mortal. El fuego material consume el cuerpo, mientras que el fuego de la lengua devora tanto corazón como alma. La fuerza de aquel dura sólo un tiempo, en tanto que los efectos de éste persisten un siglo. – Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, página 299

value-of-silence-and-sincerity-gossipingDesde una perspectiva bahá’í, quizá el peor tipo de charla ociosa es la murmuración y la calumnia. Bahá’u’lláh las describe como un “grave error” que “apaga la luz del corazón y extingue la vida del alma.” – Ibíd, página 299-300

Su abuela probablemente le dio el mismo consejo, una regla bastante simple para seguir: cuando hable de alguien que no esté presente, mejor diga algo positivo, o no diga absolutamente nada. O, como dice un viejo refrán: “no diga nada sobre alguien si no lo diría directamente a esa persona.”

Nadie dijo que sería fácil. A muchos de nosotros nos resulta difícil vivir de esta manera, particularmente en esta sociedad cada vez más polarizada, cuando la difamación y los ataques personales a veces parecen aceptables o incluso loables.

Dando un paso más allá, creo que el principio del silencio – o quizá más precisamente, la quietud y serenidad – se extiende al reino de la mente y el alma. El principio de evitar la charla ociosa puede también aplicarse a lo que yo llamo “balbuceo mental”. Tal como algunos de ustedes, a menudo me sorprendo pensando mal de los demás, obsesionado sobre miedos irracionales y deseos egoístas, o simplemente perdiendo el enfoque y la apreciación del mundo que me rodea.

Nuestro tiempo aquí en esta vida es precioso, y no deberíamos gastarlo. Dejándonos a nosotros mismos caer en el discurso o pensamiento negativo, no sólo gastamos el tiempo, nos retrocede en nuestro propio desarrollo personal, por lo que debemos pasar más tiempo tratando de compensar la diferencia. Esto nos daña espiritualmente, y puede herir terriblemente a otros. A nivel colectivo, en realidad obstaculiza el desarrollo de la civilización.

A medida que continúo trabajando por ser positivo y productivo, en palabras, pensamientos y hechos, les deseo lo mejor en su viaje y esfuerzos.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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