Tarde o temprano, prometen las enseñanzas Bahá’ís, alcanzaremos la paz mundial. El camino que tomemos para llegar ahí puede ser duro, pero eventualmente e inevitablemente llegaremos.

Sí tenemos decisión sobre el camino a tomar para llegar hasta esa meta. Podemos ya sea unirnos voluntariamente y establecer relaciones pacíficas entre todos los puebles y naciones, o podemos sumergirnos en guerras enormemente destructivas y devastadoras, y, al hacerlo, finalmente dirigirnos exhaustos, rendidos y agotados hacia una unificación implementada debido a la absoluta necesidad.

Finalmente, la paz llegará a la humanidad, Bahá’u’lláh escribió, cuando nos demos cuenta de que ya hemos luchado suficiente:

“Pronto estas luchas sin resultado y estas guerras ruinosas pasarán y la Más Grande Paz vendrá”. Sin embargo, vemos a vuestros reyes y gobernantes disipando sus tesoros más en medios de destrucción de la raza humana que en aquello que proporcionaría felicidad a la humanidad. … Estas luchas, este derramamiento de sangre y esta discordia cesarán y todos los hombres serán como miembros de una sola familia. Que ningún hombre se gloríe de que ama a su patria; que más bien se gloríe de que ama a sus semejantes…” – citado por J.E. Esselmont en Bahá’u’lláh y La Nueva Era, p. 39.

Con el enfoque prolongado e históricamente sostenido de su Fe en la conceptualización y la construcción de la paz mundial, los Bahá’ís de todo el mundo han llegado a varias conclusiones e hitos en su búsqueda de la paz. Un resumen de esa sabiduría acumulada fue entregado a los líderes mundiales en octubre de 1985, cuando la Casa Universal de Justicia, el órgano de gobierno elegido democráticamente de la Comunidad Bahá’í en todo el mundo, publicó una declaración llamada La Promesa de la Paz Mundial. Comenzó de esta manera, con una promesa literal:

La Gran Paz, hacia la cual a lo largo de los siglos la gente de buena voluntad ha dirigido su corazón, de la que durante incontables generaciones videntes y poetas han expresado su visión, y de la cual, de edad en edad, las Sagradas Escrituras de la humanidad han mantenido constante la promesa, está ahora, por fin, al alcance de las naciones. Por primera vez en la historia es posible, para todos, contemplar el planeta entero con toda su miríada de diversificados pueblos desde una única perspectiva. La paz mundial no solo es posible, sino que es inevitable. Constituye la próxima etapa en la evolución de este planeta; según las palabras de un gran pensador, “la planetización de la humanidad”. La Casa Universal de Justicia, La Promesa a la Paz Mundial, p. 15.

Citando al teólogo y filósofo Pierre Teilhard de Chardin, de su libro “El futuro del hombre”, la Casa Universal de Justicia señaló uno de los principios e ideales Bahá’ís centrales: que la humanidad, como cada ser humano, está sujeto a un proceso gradual de maduración. En otras palabras, evolucionamos, como especie, de una etapa de desarrollo espiritual y social a otra, y ha llegado el momento en el camino evolutivo de la humanidad para lograr la unidad mundial y la paz universal. El Guardián de la Fe Bahá’í, Shoghi Effendi, escribió que este proceso:

…Representa la consumación de la evolución humana, evolución que ha tenido sus primeros inicios en el nacimiento de la vida familiar, su posterior desarrollo en la consecución de la solidaridad tribal, la cual condujo a su vez a la constitución de la ciudad-estado y después se extendió para convertirse en la institución de las naciones independientes y soberanas.

El principio de Unicidad de la Humanidad, según lo proclamó Bahá’u’lláh, lleva consigo ni más ni menos que la solemne afirmación de que el logro de esa etapa final en esta evolución formidable no solo es necesario sino inevitable, que su realización se aproxima rápidamente y que nada que no sea un poder originado en Dios conseguirá establecerlo. – Shogui Effendi, El Orden Mundial de Bahá’u’lláh, p.79.

Sin embargo, una gran barrera todavía se interpone en el camino hacia la paz global, con respecto a esto la Casa Universal de Justicia escribió:

…se ha desarrollado una contradicción paralizante en los acontecimientos humanos.  Por una parte, gentes de todas las naciones proclaman no sólo su buena disposición, sino también su anhelo de paz y concordia para que desaparezcan los acuciantes temores que atormentan su vida diaria.  Por otra parte, se acepta con conformidad la tesis de que los seres humanos son incorregiblemente egoístas y agresivos y, por lo tanto, incapaces de construir un sistema social que sea a la vez progresista y pacífico, dinámico y armónico, un sistema que permita el libre juego de la creatividad e iniciativa individuales, pero basado en la cooperación y la reciprocidad.

A medida que la necesidad de la paz se vuelve más apremiante, esta contradicción fundamental, que impide su realización, exige una nueva evaluación de las suposiciones sobre las que se basa el punto de vista común del destino histórico de la humanidad. Examinándola desapasionadamente, la evidencia revela que dicha conducta, lejos de reflejar la genuina naturaleza del hombre, representa una tergiversación de su espíritu. La rectificación de este punto de vista permitirá a todos poner en marcha las fuerzas sociales constructivas que, por ser acordes con la naturaleza humana, producirán concordia y cooperación en vez de guerras y conflictos-  La Casa Universal de Justicia, La Promesa a la Paz Mundial, p. 15.

Hoy, más de treinta años después de que la Casa Universal de Justicia escribió este mensaje, los científicos e investigadores han comenzado a estar de acuerdo con esa conclusión. Los Bahá’ís creen en la nobleza innata del verdadero ser humano: que no tenemos que enfrentar un futuro eterno de violencia, guerra y muerte; sino que la humanidad realmente puede aspirar a alcanzar una paz real y duradera.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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