¿Se considera un globalista o un nacionalista? Si no está seguro, tome este sencillo cuestionario para averiguarlo:

  1. ¿Cómo se siente acerca de las fronteras nacionales? Deberían ser:
    a. ¿Selladas, vigiladas y generalmente impenetrables?
    b. ¿Desenfatizadas y más fácilmente cruzadas?
  2. Si usted decidiera levantar una bandera en su hogar, usted elegiría:
    a. ¿La bandera de su país?
    b. ¿Una bandera con una foto de la Tierra desde el espacio?
  3. Se considera ciudadano:
    a. ¿De la nación en la que vives?
    b. ¿Del mundo?

diverse-handsBastante obvio, ¿no? Si respondió “a” a estas tres preguntas, probablemente sea nacionalista; Y si respondió “b”, es más probable que sea un globalista. Todas estas preguntas básicamente se reducen a una cuestión emocional central: ¿qué es lo que te gusta y te sientes más leal, a tu país o a la Tierra?

Pero antes de ir más lejos con este tipo de categorización, vamos a definir nuestros términos – o al menos dejar que Webster’s Dictionary lo haga por nosotros:

Nacionalización 1. devoción a la nación, patriotismo
Globalización 1. una política, perspectiva, etc., que tiene alcance mundial

Parece sencillo, ¿no? Bueno, puede parecer así, pero la dura elección entre nacionalismo y globalismo se ha convertido en un punto de debate importante en la compleja vida política del planeta últimamente. En muchos, si no en la mayoría de los países del mundo, se genera un feroz debate: ¿debemos hacer lo mejor para nuestro país, o lo que es mejor para el mundo? ¿Debemos preocuparnos más por los ciudadanos de nuestra propia nación, o por todos, independientemente de dónde hayan nacido? ¿Deberíamos privilegiar a los ciudadanos o deberíamos desestimular la ciudadanía nacional en favor de una visión más inclusiva de todas las personas como ciudadanos del mundo? ¿Debemos conservar nuestras identidades nacionales como españoles, rusos, brasileños, liberianos, estadounidense, o debemos adoptar una identidad global más universal que trascienda nuestros orígenes puramente nacionales?

Las elecciones enteras, las orientaciones políticas, los enormes gastos económicos y las vidas de miles de millones de personas dependen de estas cuestiones enormemente importantes hoy en día. Las crisis de los refugiados, las crisis ambientales e incluso las crisis en las relaciones internacionales entre países dependen de la forma en que las respondamos.

Enormes fuerzas están trabajando en el mundo en favor de cada posición. Las fuerzas nacionalistas todavía dominan las estructuras políticas planetarias, y las llamadas naciones “desarrolladas” – los países más prósperos, generalmente denominados el Norte global – dominan a las naciones más pobres y “subdesarrolladas”, llamadas el Sur global. Las naciones del Norte global – Estados Unidos, Japón, la Unión Europea y Rusia, entre otras – tienden a poseer más riqueza, más poder y más influencia. Las naciones del sur de India, Indonesia, la mayoría de los países de América del Sur y África, tienden a tener menos riqueza, menos poder y menos influencia, aunque tienen poblaciones agregadas más grandes que los países desarrollados.

Sin embargo, las fuerzas globalistas plantean un reto aun mayor a las opiniones nacionalistas tradicionales. Porque el mundo se ha transformado durante el siglo pasado de un vasto planeta a un barrio; Porque las relaciones sociales entre los pueblos de la Tierra cruzan cada vez más las fronteras nacionales; Porque los viajes y el transporte y la comunicación y la difusión de significados y valores a través de Internet y la popular cultura global ha aumentado exponencialmente; Los conceptos puramente nacionalistas de la ciudadanía y el patriotismo y la lealtad absoluta a un solo país han comenzado a disminuir.

Los bahá’ís creen que estos titánicos cambios globales marcan un importante punto de inflexión en la historia humana. Ahora, en este siglo, estamos en medio de una alteración fundamental en la forma en que nos vemos a nosotros mismos y al mundo, y esa alteración tendrá un enorme impacto en el futuro de la raza humana.

Toda la humanidad, dicen las enseñanzas bahá’ís, debe eventualmente unificarse bajo una sola bandera: la bandera de la unidad global:

No deseamos sino el bien del mundo y la felicidad de las naciones… Que todas las naciones lleguen a ser una en fe, y todos los hombres, como hermanos; que se fortalezcan los lazos de afecto y unidad entre los hijos de los hombres… Y sin embargo, así será; estas guerras estériles y devastadoras pasarán, y la “Más Grande Paz” vendrá… Estas luchas, este derramamiento de sangre y estas discordias deben cesar, y todos los hombres deben ser como una sola raza y una única familia. Que ningún hombre se gloríe en que ama a su país; que más bien se gloríe en que ama a sus semejantes… – Bahá’u’lláh, La Proclamación de Bahá’u’lláh, introducción.

Así que, en esta serie de ensayos, vamos a examinar la batalla contemporánea entre el nacionalismo y el globalismo, y explorar las enseñanzas bahá’ís sobre el tema. Veremos lo que las enseñanzas bahá’ís prevén para un mundo unificado y post-nacionalista, y veamos lo que significan cuando llaman a la unidad de todas las naciones en un sistema global de gobierno. En su mayoría, sin embargo, vamos a dilucidar las razones por las que debe privilegiar su amor de la humanidad por su amor por el país, y por qué el futuro de la Tierra depende de nosotros todos los que se vuelven globalistas.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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