"Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í."

Mi esposo John y yo fuimos a una gran feria agrícola este fin de semana; nos lo pasamos muy bien visitando exhibiciones tradicionales de maquinaria agrícola y herramientas de mano.

Vimos un rodeo, una competencia de leñadores y una granja. Incluso vimos tractores de baile de cuatro parejas. (Sí, existe tal cosa.) Maniobrado a través de patrones reales de baile con una persona que llama en vivo, esos tractores parecían casi tan ágiles como los bailarines humanos. Los conductores disfrazados parecían felices incluso cuando se concentraban en operar maquinaria de una manera tan inusual, a veces incluso peligrosa, para el deleite de la multitud.

Al mirar a la gran audiencia, vi a un amplio espectro de personas, incluyendo gente de la ciudad y del campo, personas mayores que posiblemente revivieran sus propias raíces y autobuses llenos de escolares en una salida. Creo que la razón de la amplia gama de visitantes es una conexión universal con nuestro planeta y entre nosotros a través de la agricultura. Tomar un día para celebrar la agricultura nos enriqueció, educó y entretuvo.

Las enseñanzas Bahá’ís describen el papel del agricultor como uno noble. Estamos agradecidos por el trabajo que aumenta nuestros alimentos, y reconocemos el papel del agricultor en la economía local y mundial. Como Abdu’l-Bahá escribió al referirse a un futuro sistema económico:

“…comenzaremos con el agricultor; allí se asentará el fundamento del sistema y orden porque la clase campesina y el agricultor exceden otras clases en la importancia de sus servicios” – ‘Abdu’l-Bahá, Fundamentos de la Paz Mundial, p. 43.

Para obtener más información sobre los agricultores de hoy, investigué un poco y me impresionó especialmente esta declaración en el sitio web de Greenpeace:

La agricultura es, con amplia ventaja, el negocio más grande del mundo. Se estima que 2,6 mil millones de personas o el 40 por ciento de la población mundial son pequeños agricultores. La gran mayoría de ellos cultiva menos de cinco acres de tierra. Los pequeños agricultores forman la mayor parte de la tierra agrícola mundial, producen la mayoría de los alimentos mundiales y al mismo tiempo abarcan a la mayoría de los pobres y hambrientos en todo el mundo.

Al reflexionar sobre esto, me pregunté especialmente sobre los pequeños agricultores y sus vidas diarias. ¿Nuestra política pública da prioridad a la mejora de los métodos agrícolas y los sistemas de distribución, asegurando la seguridad alimenticia y elevando el nivel de vida de los agricultores? ¿Qué pasa con mis propias acciones como consumidor individual? Intento apoyar a los agricultores locales y buscar artículos de comercio justo si es que estos no se cultivan o procesan localmente. Más allá de eso, puedo sumar mi voz a la preocupación pública general en defensa de los agricultores y los trabajadores agrícolas de todo el mundo.

Las respuestas a estos complejos problemas se materializarán a medida que integremos el principio de justicia en nuestra sociedad y nuestro mundo.

La feria agrícola que visitamos, que representa tanto la agricultura grande como la pequeña, muestra la amplia convergencia de prácticas tradicionales y problemas contemporáneos. Vimos muchas exhibiciones con temas tales como la recolección de agua de lluvia, prácticas agrícolas sostenibles, ideas de agricultura en patio trasero y patio principal, jardinería orgánica, senderos responsables y productos comerciales ecológicos. Noté que los grupos escolares prestaban mucha atención a estas exhibiciones. Incluso si la mayoría de los niños no se convierten agricultores, tendrán la oportunidad de implementar estas ideas de otras maneras.

A pesar de ser criada como una chica de la ciudad, he estado en muchas ferias del condado y del estado a lo largo de los años.

Cada vez que asisto aprendo algo nuevo y vuelvo a recordar la importancia de los agricultores. Esto puede parecer obvio, pero en un entorno urbano frecuentemente ocupado y cada vez más comercial, es bueno recordar las bases de la agricultura establecidas por generaciones anteriores.

Mientras regresábamos a casa, recordé el consejo: “Si no lo cultivó un agricultor, no se lo coma”. Esperando ansiosa mi cena de alimentos frescos, las palabras que pasaron por mi mente fueron: “Gracias, agricultores”.

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