Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Todos hemos escuchado el viejo consejo, “cuando la vida te da limones, haz limonada”, que nos pide enfrentar los desafíos con una actitud optimista frente a la adversidad.

Pero cuando esos limones nos hacen daño donde más nos duele, puede ser difícil encontrar la motivación para comenzar a hacer la limonada.

En esta vida, una cosa es cierta: que nada es seguro. Todos sufren, y nadie escapa a los golpes que nos pueden causar esos duros limones. Todo lo que podemos hacer es confiar en que las dificultades de la vida ocurren para enseñarnos algo sobre nosotros mismos. Las enseñanzas bahá’ís ven esas dificultades como un camino potencial para comprender una sabiduría más grande, que inevitablemente contribuirá de alguna manera a nuestro crecimiento físico y espiritual:

“…debemos entender que todo lo que sucede es debido a alguna sabiduría y que nada sucede sin una razón”. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 68.

Puede ser terriblemente difícil reconocer los beneficios de una verdadera prueba espiritual, especialmente cuando parece impedir el avance de todo por lo que hemos trabajado. Las pruebas pueden llegar en forma de cualquier cosa que nos traiga dolor y decepción. Las pruebas también son relativas a cada persona y cada situación. Nadie puede decir que mi prueba es más dolorosa o mayor que la tuya, porque ¿quién puede decir qué dificultades causan más dolor? Las pruebas y las dificultades no son una competencia para ver quién tienen la peor suerte, todos las tenemos.

Entonces, ¿cuál es tu prueba? Podría ser la pérdida de un empleo, una pelea con un amigo, una enfermedad o una lesión que le impida hacer lo que más desea. Podría ser dinero, salud o amor, como dice otro viejo dicho. Las pruebas de la vida pueden parecer abrumadoras, insoportables o incluso aplastantes, pero la fe nos ofrece esperanza. Esta cita de los escritos de Bahá’u’lláh dan luz sobre nuestra capacidad ante la adversidad:

“Él nunca procederá injustamente con nadie, ni tampoco señalará a las almas una tarea superior a sus capacidades. Él es ciertamente el Compasivo, el Todo Misericordioso”. – Bahá’u’lláh, Pasajes de Los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 55.

Los escritos bahá’ís dicen que las pruebas pueden percibirse como señales y regalos de Dios. No recibimos las pruebas de la vida solo por casualidad, sino a veces por el diseño de nuestro Creador, que tiene la intención de refinar nuestras personas y nuestras almas. Tan difíciles como nos puedan llegar estas pruebas en momentos de dolor, las enseñanzas bahá’ís animan a todos a volverse a Dios en oración, y agradecerle por recibir aquellas bendiciones que nos permiten crecer:

“Las pruebas son favores de Dios, por lo que debemos estarle agradecidos. Las penas y las desgracias no nos vienen por casualidad; la Misericordia Divina nos las envía para nuestro perfeccionamiento”. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 55.

Personalmente, he tenido que lidiar con mi propio gran limón jugoso recientemente. Continúo diciéndome que siempre podría ser peor, y por eso estoy agradecida, pero definitivamente dio un giro a mis objetivos y planes de vida.

Recibí mi limón a fines de octubre de 2016, cuando viajaba por la ciudad de Cusco, Perú. Estábamos a 11,000 pies sobre el nivel del mar, sentados en el techo de nuestro albergue cuando mi oído derecho comenzó a oír una serie de ruidos fuertes y silbidos. Esa fue la primera vez que experimenté vértigo, pérdida de audición y tinnitus crónico. Muchos meses, citas con especialistas, pastillas y exámenes después, nada cambió. Me dijeron que mientras estaba a gran altura, la falta de oxígeno me había hecho susceptible a algún misterioso virus que afectaba mi oído interno. Perdí el 30% de la audición en mi oído derecho y experimenté una sensación de zumbido constante (tinnitus) que solo empeora con otros ruidos fuertes y amplificados. Como músico, esta ha sido una dura realidad que enfrentar.

Las dificultades que siguieron a este desafortunado evento surgieron cuando estaba tocando música, en una sala con música amplificada o en una gran multitud de personas. Ciertos tonos, tonos y volúmenes desencadenan mi tinnitus, distorsionan lo que escuchaba y causan dolores de cabeza y vértigo. También tuve problemas para escuchar mi propia voz mientras actuaba y, como resultado, a menudo me producía notas que nunca antes había escuchado salir de mi interior. Sentí que estaba perdiendo el control de mi voz y de mi afinación perfecta, que había dado por sentado desde que era una niña.

Llegó al punto en el que temía ir a restaurantes, lugares concurridos, conciertos e incluso ensayos con mi banda. Me asusté de los espacios donde no podía controlar los ruidos o sonidos a los que también estaba expuesta. Aquel dolor anticipado no valía el riesgo y volvía a quedarme en casa. A veces lo intentaba, tratando de ignorar el dolor que estaba experimentando, pero mi ansiedad y mi temor a los espacios ruidosos solo empeoraban.

Pregúntele a cualquiera que me conozca: siempre fui la primera en subir el volumen a las melodías, asistir a una fiesta o pararme en la primera fila de un espectáculo. Ahora, aquí estaba, pidiéndole a la gente que bajara el volumen, hablara con más suavidad, sintiendo náuseas en mis propias presentaciones y dejando de ver algunas de mis bandas favoritas cuando llegaron a la ciudad. Me acostaba en la cama, con el sonido más fuerte en mi cabeza, rogando por silencio. Me sometí a todos los tipos de pruebas médicas (incluso algunas dolorosas), probé varios medicamentos y terapias, pero nada parecía funcionar. La música y los amigos, las cosas que tanto aprecio en este mundo, fueron las cosas que me trajeron dolor y sufrimiento. ¿Cómo podría ver esta prueba como un regalo?

Esta terrible prueba a veces me hizo preguntarme y reflexionar sobre si había dado por sentado mi salud antes de este incidente. Haría preguntas como: ¿Por qué yo? ¿Qué hice para merecer esto? ¿Qué podría haber hecho diferente para evitar esto? Si no hubiera viajado a Cusco, ¿me hubiera pasado esto? Pero esas preguntas no tenían respuestas.

Mientras estos pensamientos pasaban por mi mente y mi corazón, al final recordaba la gratitud que sentía por tener fe. El creer en un plan de poderes superiores para mí, de alguna manera me aliviaba el dolor que estaba experimentando, incluso si solo fuera por un breve momento. Oraba tanto. Oraba por fuerza, curación y asistencia. Oré también para poder tener desapego de mis planes de perseguir la música como una carrera, y le pedí a Dios que me confirmara en un nuevo camino, ya que sentía que de alguna manera me habían arrancado toda mi identidad. Reflexionando sobre las palabras de Bahá’u’lláh, me di cuenta de que el vértigo, la pérdida auditiva y el tinnitus crónico que estaba experimentando eran solo una prueba del poder de Dios y mi resiliencia eran signos de mi capacidad:

“…el Todopoderoso ha probado a Sus siervos y continuará probándoles hasta la eternidad, a fin de que la luz sea distinguida de las tinieblas; la verdad, de la falsedad; lo justo, de lo injusto; la guía, del error; la felicidad, del infortunio; y las rosas, de las espinas. Pues como Él ha revelado: “¿Piensan los hombres cuando dicen ‘creemos’ que se les dejará en paz y no serán probados?”. – Bahá’u’lláh, El Libro de la Certeza, pág. 12.

Dos años después, finalmente he encontrado a un terapeuta que es capaz de empatizar con mi desgracia. Me ha estado ayudando con estrategias para superar mi ansiedad y desarrollar métodos para tratar mi tinnitus de una manera saludable y manejable. Una cosa de la que me hizo darme cuenta es que necesitaba disminuir la velocidad. Mi vida hasta que recibí mi regalo de limón estaba yendo en una rapidez constante. Solo me detenía a dormir y cada momento libre lo pasaba haciendo algo, cualquier cosa. Quizás esta fue la forma en que Dios me dijo que me detuviera y que un cambio en el estilo de vida no era algo malo. Mi pérdida de audición y tinnitus me han obligado a vivir la vida de una manera más holística, equilibrada y consciente de la salud. También me he dado cuenta de que mi propia experiencia me ha dado una capacidad más fuerte para empatizar con el sufrimiento de los demás y ser más sensible a su desgracia, fortaleza y resistencia.

Siento que me he aferrado a este agrio limón durante dos largos años, y finalmente estoy aprendiendo a hacer una deliciosa limonada con este, que también puedo compartir con los demás. Mi futuro se verá un poco diferente a como lo había planeado originalmente, pero seguiré haciendo música y seré parte del mundo de la música, solo de maneras diferentes a las que había pensado anteriormente. Sé que necesito continuar manteniendo al Creador y al servicio a la humanidad en el centro de mi vida, y que esto me guiará por un camino claro y me protegerá. Estoy aprendiendo a adaptarme a estas nuevas condiciones y estoy entusiasmada con las perspectivas.

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