Finalmente he llegado a la etapa donde estoy pensando más acerca de comprar una casa, probablemente un poco más tarde de lo que usualmente la gente lo hace.

He gastado muchos de mis ahorros durante mis veintes y treintas en viajar, lo cual no me arrepiento en absoluto. Sin embargo, el asunto de comprar un hogar parece más urgente ahora que pienso para mí mismo, ¿por qué estoy pagando la renta para que alguien más pueda pagar su hipoteca?, he escuchado a otra gente conversar sobre las casas que poseen y propiedades en las que han invertido, y a pesar de mi creencia de que nunca me conformo tímidamente, a veces me encuentro queriendo emularlos en hacer una inversión en bienes raíces.

Esto me ha hecho reflexionar mucho acerca de lo que significa comprar una casa y cómo se relaciona con el significado de la vida. Si se mira a la gente, se ve que muchos se dedican a la idea de comprar y tener una casa. La gente trabaja toda la semana en sus ocupaciones en las que a menudo se consumen sólo para poder pagar la extensa hipoteca que tienen – y no es sólo eso. Las aspiraciones personales, el tiempo y la preocupación se dirigen al mantenimiento del hogar, a menudo excluyendo otras actividades. Las personas parecen gastar sus vidas comprando y perfeccionando un hogar como si se fuera a quedar allí por siempre.

Como bahá’í, me pregunto ¿qué sentido tiene? Los escritos bahá’ís ofrecen una perspectiva sobre el asunto:

Las generaciones que fueron antes de vosotros, ¿a dónde han ido? Y aquellos en torno de los cuales giraban las más bellas y hermosas del país, ¿ahora dónde están? Que su ejemplo os aproveche, oh pueblo, y no seáis de aquellos que se han desviado.

Otros, dentro de poco, pondrán sus manos sobre lo que poseéis y ocuparán vuestras habitaciones. Poned oído a mis palabras y no seáis contados entre los necios.

Para cada uno de vosotros es deber supremo escoger para sí lo que nadie pueda violar ni usurpar. Esto es -y ello me lo atestigua el Todopoderoso- el amor a Dios, si sólo pudierais comprenderlo.

Construid para vosotros casas que ni la lluvia ni los diluvios podrán jamás destruir, y que os protejan de los cambios y azares de esta vida. Ésta es la orden de Aquel a quien el mundo ha agraviado y desamparado. – Bahá’u’lláh, Selección de escritos de Bahá’u’lláh, páginas 29-30

Es una realidad desalentadora: los hogares por los que tan ansiosamente ganamos dinero y dedicamos todas nuestras energías, un día no nos pertenecerán. Otras personas la habitarán, sean nuestros hijos o no. Es más, no podemos llevarnos una casa cuando dejemos este mundo. Dejaremos todas nuestras posesiones atrás, inclusive nuestro cuerpo físico. Entonces Bahá’u’lláh nos recuerda, que no debemos dedicar todas nuestras energías a esta única meta material.

Nuestra identidad es espiritual. Nuestro verdadero propósito es espiritual. Nuestro creador es Dios. Nuestra tarea en esta vida es amar a Dios y dejar que su amor emane a través de todos nuestros esfuerzos y actividades. A través de este amor divino nuestras interacciones con la gente serán amorosas; nuestro trato con los animales será cuidadoso; nuestra relación con el medio ambiente será armonioso. La casa en la que vivimos sea nuestra o no, será un hogar de amor, donde la gente es bienvenida y Dios es celebrado. Este amor de Dios, y de todas sus manifestaciones, establece los cimientos, los ladrillos y el techo de nuestro verdadero hogar.

Las palabras que Jesús dijo acerca de sus propias enseñanzas se aplican igualmente en lo siguiente:

Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena». Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande».  – Mateo7:24 -28

¿Esto significa que es malo comprar una casa o ahorrar para ello? No. Está perfectamente alineado con vivir una vida espiritual al realizar dicha inversión – siempre y cuando no implique una carencia de perspectiva al hacer que la compra de la casa sea el foco principal de la vida. Además, es bastante triste pasar la mayor parte de la vida pagando una casa que a menudo pertenece a una persona por algunas décadas de su vida.

Cuando nos dedicamos a construir un hogar espiritual en el amor de Dios, invertimos en la eternidad.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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