"Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í."

Uno de los pilares de la Fe Bahá’í es la igualdad entre el hombre y la mujer. Como lo explica ‘Abdu’l-Bahá:

El mundo del pasado ha sido gobernado por la fuerza, y el hombre ha dominado a la mujer debido a sus cualidades más potentes y agresivas, tanto físicas como mentales.  Pero el equilibrio está variando, la fuerza está perdiendo su dominio, y la viveza mental, la intuición y las cualidades espirituales de amor y servicio, en las que la mujer es fuerte, están ganando en poder.  En adelante tendremos una época menos masculina y más influida con ideales femeninos, o, para explicarnos más exactamente, será una época en la que los elementos masculinos y los femeninos de la civilización estarán más equilibrados. – ‘Abdu’l-Bahá, citado por J.E Esselmont en Bahá’u’lláh y la Nueva Era, p. 149.

Una sorprendente afirmación sobre este principio se encuentra en la mística tabla del Sagrado Marinero, en la que Bahá’u’lláh relata cómo un ser celestial femenino, no  uno masculino, se convierte en un juez simbólico de lo sagrado.

Este proceso inicia cuando una virgen del cielo, tal vez una con autoridad, hace un poderoso llamamiento a otra doncella:

Entonces se asomó la virgen del cielo desde su exaltado aposento, y con su rostro señaló hacia el Concurso Celestial, inundando el cielo y la tierra con la luz de su semblante, y cuando el resplandor de su belleza brilló sobre el pueblo del polvo, todos los seres fueron sacudidos en sus sepulcros mortales.
Entonces ella elevó un llamado que en toda la eternidad ningún oído ha escuchado jamás, y así proclamó: “¡Por el Señor!  Aquel cuyo corazón no tenga la fragancia de amor de este exaltado y glorioso Joven árabe”, “de ningún modo podrá ascender hacia la gloria del más elevado cielo”. – Bahá’u’lláh, La Tabla del Sagrado Marinero, Oraciones Bahá’ís, p. 323.

Aquella enviada divina recibe una misión especial de descubrir la verdadera santidad entre los creyentes. Y [la primera doncella] le ordena:

“Desciende hacia el espacio desde las mansiones de la eternidad”, “y vuélvete hacia aquello que han ocultado en lo más íntimo de sus corazones”.
“Si inhalases el perfume del manto del Joven que ha estado oculto en el tabernáculo de luz, debido a lo que las manos de los malvados han forjado”, “alza un grito dentro de ti para que todos los moradores de los aposentos del Paraíso, quienes son las personificaciones de la riqueza eterna, puedan comprender y escuchar”; “para que todos desciendan de sus aposentos eternos y tiemblen”, “y besen sus manos y pies por haberse remontado hacia las alturas de la fidelidad”; “acaso perciban en sus mantos la fragancia del Bienamado.” -Ibid, p. 323- 324.

Esta doncella se embarca entonces en su misión:

Luego el rostro de la doncella favorecida resplandeció sobre los aposentos celestiales como la luz que brilla desde la faz del Joven por sobre Su templo mortal; entonces ella descendió con ornamentos tales como para iluminar los cielos y todo cuanto hay en ellos.
Se afanó y perfumó todas las cosas en las tierras de santidad y grandeza.
Cuando llegó allí se irguió plenamente en el mismísimo corazón de la creación, y buscó inhalar su fragancia en un instante que no conoce principio ni fin.

Luego ella fue testigo de la falta de fe de algunos de los creyentes y de la opresión que enfrentó Bahá’u’lláh (el Joven), advierte el concurso divino y perece a causa de aquella angustia:

No encontró en ellos lo que era su deseo, y ésta, en verdad, no es sino una de Sus maravillosas historias.
Entonces ella clamó en alta voz, se lamentó y regresó hacia su propia posición dentro de su más exaltada mansión, y entonces pronunció una sola y mística palabra, susurrada en secreto con su dulce lenguaje, y entre el Concurso Celestial y las inmortales doncellas del cielo proclamó el llamado:
“¡Por el Señor!  ¡De estos ociosos pretensores no he percibido la brisa de la Fidelidad!
“¡Por el Señor!  El Joven ha permanecido solo y abandonado en la tierra del exilio en manos de los impíos.”
Entonces ella dentro de sí clamó de tal modo que el Concurso Celestial gritó y tembló, y cayendo sobre el polvo, entregó su espíritu.  Pareciera haber sido llamada y, atenta a Él, convocada hacia el Reino de lo Alto… – Ibid, p. 324-326.

Para destacar el poder y la percepción de tal feminidad, Bahá’u’lláh menciona a diversas doncellas en el concurso celestial que se lamentan de su tragedia.

Entonces las doncellas del cielo, sobre cuyos semblantes jamás se había posado el ojo de ningún morador del más alto paraíso, salieron presurosas de sus aposentos.

Todas se reunieron a su alrededor y, ¡he aquí!, encontraron su cuerpo yaciendo sobre el polvo; y mientras la contemplaban y comprendían una palabra de la historia relatada por el Joven, descubrieron sus cabezas, desgarraron sus vestiduras, golpearon sus rostros, olvidaron su gozo, derramaron lágrimas y con sus manos lastimaron sus mejillas, y ésta es ciertamente una de las penosas y misteriosas aflicciones…- Ibid, p. 326-327.

0 Comentarios

characters remaining