El propósito de este Agraviado al soportar desdichas y tribulaciones, al revelar … no ha sido sino extinguir la llama del odio y la enemistad, para que el horizonte de los corazones de los hombres se ilumine con la luz de la concordia y alcance la verdadera paz y tranquilidad.   – Bahá’u’lláh

Ningún profeta aparece sin oposición. En la historia de la religión, todos los fundadores de las grandes religiones mundiales han enfrentado persecución, ridículo, tortura, encarcelamiento y hasta la muerte. Pero a pesar de la oposición inicial, a pesar de las maquinaciones de reyes y gobernantes y de las autoridades religiosas pasadas, esas religiones y sus enseñanzas prevalecieron, han perdurado siglos y han guiado, iluminado y enriquecido las vidas espirituales de millones de personas.

Sin embargo, como sabemos el mensaje puro de amor y unidad que los profetas traen inicialmente se puede corromper. Algunas personas en su intento por utilizar las enseñanzas de la religión en su propio beneficio egoísta, han dividido la religión en sectas y divisiones enfrentadas, perdiendo de vista su propósito original. Las enseñanzas bahá’ís explican este aparente ciclo inevitable con esta metáfora:

Cuando el Sol de la Realidad regresa para vivificar al mundo de la humanidad, una divina dádiva desciende desde el Cielo de generosidad. El reino de los pensamientos e ideales es puesto en movimiento y bendecido con nueva vida. Las mentes se desarrollan, las esperanzas se iluminan, las aspiraciones se vuelven espirituales, las virtudes del mundo humano aparecen con nuevo poder de crecimiento, y la imagen y semejanza de Dios se hace visible en el hombre. Esta es la primavera del mundo interior. Después de la primavera, viene el verano con su plenitud y sus frutos espirituales; sigue el otoño con sus gélidos vientos que congelan el alma; el Sol parece estar alejándose, hasta que por fin se esparce el manto del inverno y sólo quedan tenues rastros del esplendor de ese divino Sol. Así como la superficie del mundo material se vuelve oscura y melancólica, el suelo dormido, los árboles desnudos y mustios, sin belleza ni frescura para alegrar la oscuridad y la desolación, así también el invierno del Ciclo espiritual presencia la muerte y desaparición del crecimiento divino y la extinción de la luz y el amor de Dios. Pero el Ciclo comienza nuevamente y aparece una nueva primavera. En ella regresa la primavera anterior; el mundo resucita iluminado y alcanza la espiritualidad; la religión es renovada y reorganizada, los corazones se vuelven hacia Dios, las llamadas de Dios son oídas, y nuevamente la vida es otorgada al hombre. – La Promulgación de la Paz Universal, página 112.

Bahá’u’lláh, fundador de la Fe Bahá’í, sufrió terriblemente para trasmitir las enseñanzas bahá’ís a la humanidad. Un ejemplo ilustra lo que Bahá’u’lláh tuvo que soportar:

Caminó kilómetros encadenado hacia las puertas de la ciudad. El calor de agosto relucía en el horizonte bajo sus pies descalzos y ensangrentados. El sonido rítmico producido por las cadenas del prisionero y el golpeteo de las patas de los caballos de los guardias desaparecían ante los alborotados insultos de una creciente muchedumbre. La turba se reunió feliz de ver a un noble sometido a la humillación y le arrojaba piedras mientras cruzaba las puertas de la ciudad y entraba a las sucias calles de Teherán

Una mujer anciana y débil no podía seguir el paso de los guardias. Les rogó a los guardias que se detuvieran un momento para que ella pudiera arrojar la piedra que llevaba en la mano. Gritó frustrada en la medida que los guardias no le hacían caso. Ante esto el prisionero mismo se detuvo y abogó por la causa de la mujer

“No permitan que esta mujer sea decepcionada,” les dijo a los guardias.  “No le nieguen lo que ella ve como un acto meritorio ante la vista de Dios.”

Siyah Chal, Black PIt

El último rastro de luz antes de entrar al Pozo Negro.

A lo largo de los años, los guardias habían visto temor, ira, estupor y hasta violencia en las personas arrestadas. Pero nada como la calma y dignidad de este prisionero aun frente al maltrato y abusos de la turba. Él provenía de una familia rica y noble de Teherán. Su nombre, Mirza Husayn, conocido luego como Bahá’u’lláh (la Gloria de Dios en árabe). En otra parte de la ciudad su esposa y sus hijos no sabían que había sido arrestado y tampoco que estaba siendo conducido a la cárcel más conocida de Persia: el Siyah-Chal o Pozo Negro en castellano.

Los guardias abrieron la puerta de acceso al pozo y el prisionero descendió a las entrañas de Teherán. No había luz ni ventilación en esta mazmorra que antes había sido usada como un reservorio subterráneo.  Esta prisión era en realidad nada más que un estrecho hueco de piedra en el suelo que se extendía hasta 20 metros en oscura profundidad. Dentro de la mazmorra se encontraban casi ciento cincuenta hombres encadenados. Muertos de hambre, sucios y privados de toda dignidad humana. El hedor insoportable del lugar oprimía a estos hombres cuyas vidas parecían haber llegado a su lastimoso fin.  Estaban tan afligidos por su desesperanza como por las alimañas que los atormentaban día y noche.

Sobre el piso de piedra, los prisioneros estaban sentados en dos hileras, una frente a la otra.  Sus pies estaban sujetos con cadenas. Bahá’u’lláh se encontraba entre ellos, sujeto por grilletes que estaban sujetos al piso.  En el cuello llevaba una cadena que pesaba cincuenta kilos. Los primeros tres días en la prisión no recibió alimento o bebida. Dormir resultaba imposible por el peso de las cadenas y por los incesantes gritos y lamentaciones de dolor y desesperación de los otros prisioneros.

¿Por qué eran tratados estos hombres con tanta crueldad? Algunos estaban en la cárcel por sus delitos. Eran ladrones y asesinos. Otros, como en el caso de Bahá’u’lláh, estaban presos por sus creencias. Estos prisioneros por sus creencias eran babis, miembros de un nuevo movimiento espiritual.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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