Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Cada idioma del planeta tiene dos subconjuntos diametralmente opuestos. Son tan frecuentes que podrías referirte a ellos como dialectos. Algunos idiomas son más conocidos por esto que otros. No, no me estoy refiriendo al lenguaje formal y la jerga, ni si quiera verbal y no verbal. Sino de la yuxtaposición del lenguaje positivo y negativo.

Te voy a contar ahora dos secretos. Si es que me conoces un poco o has leído alguna de mis obras, vas a quedar asombrado y en negación. No me creerás. No me creerás porque he sido autora de seis libros, numerosos artículos e incluso mis cartas al editor han sido publicadas en algunas ocasiones. He hablado en conferencias internacionales y he estado haciéndolo desde adolescente.

Mi primer secreto es este: He hecho todas estas cosas y, sin embargo, una de las cosas con las que batallo más es la comunicación. Es irónico ya que muy a menudo dicen que soy elocuente porque usualmente soy la primera en dar voz a los desacuerdos o abordar comentarios de acoso. No soy fácil de roer. Las enseñanzas Bahá’ís dicen:

“No hay, a los ojos de quienes han conocido a Dios y Sus Signos, infierno más cruel que la transgresión de Sus Leyes y la opresión de otra alma, aunque sea en la medida de un grano de mostaza”.  – El Báb, Selección de los Escritos del Báb, p. 39.

Pero la verdad es que… hablo el lenguaje de la negatividad. El lenguaje del sarcasmo. Claro, eso puede ser divertido e incluso chistoso. Pero considera esto: también es el lenguaje de la amenaza, de las consecuencias adversas y del castigo. Es una forma de hablar y describir eventos y sus consecuencias en términos de consecuencias negativas: “Si haces esto, entonces esto te va a pasar” O “hacer esto te hace una mala personas y te quedarás sin amigos”.

Este lenguaje es parte de mi esquema interno. No es solo la manera como me comunico con los demás, sino es como me comunico conmigo misma. Aquellas cosas negativas que una vez me dijeron cuando era niña ahora me las digo a mí misma cuando estoy estresada, asustada o infeliz, o cuando pienso que estoy perdida, Entonces, saco mi mapa para ver en dónde estoy y todo lo que veo y escucho es esta voz que me dice cosas como “¿Ves? Ellos tenían razón. Sí eres una perdedora. Eres un fracaso y nunca vas a lograr nada”

No estoy sola. Muchas personas hablan este lenguaje y lo escucho todos los días. Lo escucho en conversaciones entre padres e hijos, entre clientes y vendedores, hasta entre extraños.

Aparece en la televisión y los diálogos de películas, pero lo cierto es que en la vida real es aislante. Verás, me siento atrapada dentro de mí misma porque no soy en realidad una persona negativa. Yo creo en la capacidad de las personas de amar y que nos dirigimos inexorablemente hacia la paz mundial, creo que existe un poder más grande que nosotros mismo que hace que el universo sea como es.

Y en mis conversaciones diarias batallo en transmitir estas ideas porque he crecido con el lenguaje de la negatividad y no del positivismo. Soy ahora y siempre he sido una persona muy optimista. Pero el lenguaje que utilizo en la mayoría de las ocasiones no transmite esto.

Puedo escribir, puedo escribir bien porque las palabras en papel son solo eso. He aprendido el lenguaje de la negatividad. Y soy prisionera de este.

Yo no escuché las grandes cosas que podría alcanzar si hacía algo bien o correcto. Escuchaba sobre las consecuencias de hacer algo mal o incorrecto. “Barbie, no hagas eso o te ganarás unas nalgadas”, “Barbie, no hagas esto o te meterás en problemas”.

Es así que ahora  hablo en el lenguaje de la negatividad. Batallo para poder lograr conexiones sociales, batallo al dar buenos consejos y batallo en los negocios. Mientras más estresada estoy, más difícil es para mí.

Como Bahá’ís, se nos aconseja seguir esta guía:

“Por lo tanto, ningún miembro debe permitir que se le impida expresar su punto de vista francamente porque pueda ofender a un miembro; y, al darse cuenta de esto, ningún miembro debería ofenderse por las declaraciones de otro miembro”. – La Casa Universal de Justicia, A una Asamblea Espiritual Nacional, agosto 1965.

Para ser honesta, lucho contra esto porque no tengo intención de ofender a nadie y, sin embargo, algunas veces parece que accidentalmente ofendo a otros.

Admiro a aquellas personas que educan a sus hijos con el lenguaje del positivismo. Porque parece que cada vez que digo algo, o me siento a escribir, uso palabras que otros encuentran ofensivas o poco amistosas. Puede ser que esté hablando otro idioma por completo. Ya sea que no entienden lo que deseo transmitir o no quieren escucharlo, o peor, piensan que soy una idiota.

Tengo que forzarme a mí misma a hablar el lenguaje del positivismo. Como Bahá’í, se me aconseja que:

“Sé recto en tu juicio y moderado en tu palabra”. – Bahá’u’lláh, Pasaje de los Escritos de Bahá’u’lláh, p. 20.

¿Esto significa sencillamente que no debemos juzgar y seguir la regla de no decir nada si es que lo vamos a decir no es amable?

¿Tienen alguna idea lo que es hablar frente a una audiencia de más de cien personas cuando lo que ellos quieren escuchar es algo inspirador y, en lugar de esto, hablas sobre todo lo que han estado haciendo mal hasta ahora? ¿Tienen alguna idea de lo difícil que es escribir textos de marketing o conseguir reuniones con clientes que solo quieren oír cómo puedes solucionar sus pequeñas fallas o problemas y, en lugar de eso, todo de lo que hablas es cómo todo lo que han construido está básicamente desmoronándose?

Bueno, como seguro lo han adivinado, tengo una muy buena idea de lo que se siente.

Mi segundo secreto es que, a pesar de ser una persona con mucha empatía que llora con comerciales y canciones, generalmente batallo para poder entender la situación de otros. No me malentiendan, yo percibo cuando otros sienten dolor o están tristes, siento esto como si fuesen mis propias emociones. Entiendo las cosas que están sobrellevando y puedo entender cómo los hace sentir y por qué. Pero ¿recuerdan cuando les dije que el lenguaje de la negatividad es aislante? Bueno, este es el momento en el que esté lenguaje impacta directamente en mi vida.

Tengo dificultades para entender a las personas que solo hablan en el lenguaje del positivismo y solo quieren escuchar cosas buenas. Estoy segura de que es de esta forma en la que los seres humanos desarrollaron el “feedback sandwich” (elogio-crítica-elogio). Ya saben, esto es cuando le dicen algo bueno a alguien, luego algo en lo que deben mejorar y luego prosigues a decirle otra cosa buena.

No puedo comprender a las personas que solo quiere escuchar cuando las cosas están yendo bien o cuando quieren enfocarse en lo positivo aun cuando no les está yendo bien. No puedo comprender por qué las personas no quieren admitir los hechos tal y como son.

¿En qué momento el lenguaje de la negatividad se convirtió en sinónimo de la verdad y la realidad? ¿En qué momento el positivismo se convirtió en sinónimo de ilusión y fantasía? Esa es la insinuación, ¿no es así? Si los hechos fríos y duros se expresan siempre en un lenguaje negativo, entonces todo lo expresado en un lenguaje positivo debe ser lógicamente ficción.

Pero, esto hace surgir la pregunta: ¿es la perspectiva negativa necesariamente la realidad de las cosas?

Últimamente he estado preguntándome esto más y más.

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