"Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í."

Las enseñanzas Bahá’ís dicen que la música es como una escalera para el alma, “un medio por el cual puedan ascender al dominio de lo alto…” – Bahá’u’lláh, El Libro Más Sagrado, p. 59.

Idealmente esto significa que escucharemos y reproduciremos música que eleve nuestras almas. Pero eso plantea una pregunta: ¿cuál es la música espiritual que eleva el alma?

Esa es una pregunta muy difícil de responder, especialmente porque hay muchos géneros diferentes de música, e incluso más a medida que los géneros chocan y se fusionan. Convencionalmente, “la música espiritual” a menudo se define como la música asociada con la práctica religiosa, como los himnos de la iglesia o el canto tibetano.

Pero hoy, muchos dirán que todo tipo de música puede ser espiritual.

La espiritualidad, en general, no se limita a la religión y lo mismo se aplica a la música. Pero ¿puede cada tipo de música servir como un medio para elevar el alma?

Creo que en última instancia, las personas tienen que estar de acuerdo en no estar de acuerdo con lo que constituye la música espiritual, porque la música es muy subjetiva, como ocurre con todas las cosas internas, ya que es internamente que la música hace su magia.

Entonces, perdónenme si parece egocéntrico, pero quería compartir algunas de las piezas musicales que elevan mi alma y explicar por qué.

La clave para mí, la única cosa que parece definir la música como espiritual, es si siento escalofríos en mi columna vertebral. Si una canción puede hacer eso, entonces es probablemente espiritual (para mí), a menos, por supuesto, que tenga atrás mio un aire acondicionado a toda potencia, y esos escalofríos son solo físicos.

Aquí hay algunas canciones. Por favor, escuche para ver si causan algún efecto en usted:

https://soundcloud.com/scorerevolution/samsara-tashi-meets-pema-cyril

https://www.youtube.com/watch?v=5OliaeMp7ao

https://soundcloud.com/search?q=my%20heart%20my%20life

https://www.youtube.com/watch?v=jLnfWlGxw0c

Entonces, me pregunto, ¿por qué estas canciones tienen este efecto en mi espíritu? Creo que puede estar relacionado con algo que Bahá’u’lláh le dijo a un poeta:

Cada palabra de tu poesía es en verdad como un espejo en el que se reflejan las pruebas de la devoción y el amor que sientes por Dios y sus elegidos… Su lectura ha demostrado ser muy impresionante, ciertamente, porque indicaba a la vez la luz de la reunión y el fuego de la separación. – Las Tablas de Bahá’u’lláh, p. 118.

Aun cuando estas palabras se refieren al poder de la palabra escrita, para mí, son igualmente relevantes para la música, y de hecho cualquier otra forma de arte que tenga como objetivo la transformación interna. Debido a que somos seres imperfectos que se mueven entre la perfección y la imperfección, quienes generalmente tienen la primera como meta, las formas de arte que expresan esta lucha nos dan sustento. La música que expresa el resplandor de los reinos superiores nos ayuda a desarrollar un anhelo, una sed por algo más elevado. Pero la música que expresa el dolor y el sufrimiento de vivir apegados al mundo nos ayuda a compartir esta lucha entre nosotros. Desde este humilde reino, con la ayuda de tonos y melodías elevadas, podemos reconocer nuestra separación de nuestra Fuente, y tal vez sea esa extraña mezcla de tristeza y alegría que sentimos al conmovernos.

Por supuesto, puede que esto solo sea mi punto de vista. Para que entiendan mi propia polarización: crecí escuchando “heavy metal” y música “grunge” hasta que comencé a caminar conscientemente por un camino espiritual. Luego comencé a escuchar y comprar música que consideraba espiritual, que era principalmente la “música universal o world music”. Pero en algunas ocasiones, desde que eliminé toda aquella música melancólica de mi vida, me he permitido episodios de los sonidos oscuros y pesados de mi pasado. Esa quizás sea una inclinación en busca de solidaridad por mi lejanía de la Fuente de mi alma. Pero no me he permitido perseguir ese interés por mucho tiempo, sé de primera mano qué efecto tuvo sobre mí como adolescente depresivo, llevándome más y más lejos por el oscuro túnel en el que ya estaba. Por supuesto, es lo mismo para todo el mundo. Cada uno de nosotros tiene una reacción diferente a las diferentes formas de arte: todos somos individuos, y es por eso que el arte nos habla de manera diferente.

Pero por el contrario, me cuesta mucho escuchar música que suena muy feliz, alegre e inocente que niegue el sufrimiento en la vida. Parece demasiado superficial para mí, demasiado irreal.

Tal vez es por eso que las palabras de Bahá’u’lláh sobre “la luz de la reunión y el fuego de la separación” me conmueven tanto. Realmente me ayudan a reconocer la música que verdaderamente alimenta mi alma. Como músico, quien pone música a las escrituras bahá’ís, durante un tiempo intenté negar esta oscuridad por completo. Traté de hacer música bahá’í que fuera ligera y esponjosa, pero no era yo. Mi alma quería un espejo en el que se pueda ver su miseria, así como una lámpara para guiar la salida.

Eso es lo que me gusta de la “música universal”: expresa con sinceridad la alegría y el dolor de la condición humana. Para mí, las melodías tradicionales de las culturas del mundo tienen pureza en ellas. Al igual que las piedras pulidas durante eones de meteorización, estos sonidos se han refinado durante miles de años, lo que los hace tan estrechamente vinculados a la condición humana y nuestros anhelos más profundos. La música contemporánea, por otro lado, puede ser muy creativa, pero está en gran medida ligada a las convenciones actuales, que inevitablemente desaparecerán.

En mi opinión, los sentimientos intemporales del alma se expresan mejor con los elementos tradicionales de la música. Eso no quiere decir que tenemos que estar completamente obligados a esta la convención. Las escrituras bahá’ís nos instan a alejarnos “…de la imitación, cual es la de seguir los pasos de sus antepasados” – Bahá’u’lláh, Los Siete Valles, p. 5.

Entonces, quizás tomar los elementos conmovedores de la música tradicional y reformarlos a través de la creatividad es un buen enfoque.

Pero, por supuesto, hay otras formas de música que también alimentan mi alma. ¿Alguien ha hecho una mejor interpretación de Hallelujah que Jeff Buckley?

https://www.youtube.com/watch?v=y8AWFf7EAc4

Al final, debe decirse que las melodías que encuentro edificantes pueden ser diferentes de las que te elevan; los tonos que hormiguean mi espina dorsal puede que no te toquen los tuyos; los ritmos que resuenan con mi ser interior pueden rebotar en los tuyos. Todos debemos mirar hacia adentro y buscar, escuchar y crear música que eleve nuestras propias almas, y compartirla con otros para que puedan transformarse también.

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