Cuando reflexionamos acerca de la existencia, vemos que los reinos mineral, vegetal, animal y humano requieren un educador.

La tierra inculta se convierte en una selva donde crecen las malezas; pero si se encuentra un agricultor que la cultive, produce cosechas con que alimentar a las criaturas vivientes. Por tanto, es evidente que el suelo requiere la labranza del agricultor. Fíjate en los árboles: si no tienen quien los cultive no llegan a fructificar, y sin fruto resultan inútiles. En cambio, si reciben el cuidado de un jardinero, los árboles antes estériles dan frutos. Gracias al cultivo, los abonos y los injertos, los árboles que sólo entregaban frutos amargos los entregan dulces. Estos son argumentos racionales. Hoy día los pueblos del mundo necesitan argumentos basados en la razón.

Sucede lo mismo con respecto a los animales. Observa el modo como el animal se vuelve dócil cuando se le amaestra. Así también con el hombre: si no recibe educación se vuelve bestial. Es más, si permanece bajo el dominio de la naturaleza, llega a ser inferior al animal, mientras que si es educado, se convierte en un ángel. La mayor parte de los animales no devoran a los de su propia especie; pero los hombres del Sudán, en África Central, se matan y devoran entre sí.

Ahora bien, observa que es la educación la que hace que Oriente y Occidente estén bajo la autoridad del hombre; la que produce industrias maravillosas; la que difunde las gloriosas ciencias y artes; la que hace que se manifiesten nuevos descubrimientos e instituciones. Si no existiera un educador, no habría humanidad, civilización o comodidades. Un hombre abandonado en un yermo donde no llegara a conocer a ninguno de sus semejantes, se convertiría a no dudarlo en una simple bestia. Resulta evidente, pues, que hace falta un educador.

Ahora bien, la educación es de tres clases: material, humana y espiritual. La educación material se ocupa del progreso y desarrollo del cuerpo (mediante el alimento, comodidad y tranquilidad materiales). Tal educación es común a hombres y animales.

La educación humana comporta civilización y progreso, o lo que es lo mismo, administración, obras benéficas, comercio, artes y oficios, ciencias, grandes inventos, descubrimientos e instituciones especiales, actividades todas propias del hombre y que lo distinguen del animal.
La educación divina es la que procede del Reino de Dios. Se trata de la verdadera educación y consiste en la adquisición de las perfecciones divinas. En efecto, en ese estado el hombre se convierte en el centro de las bendiciones divinas, en la manifestación de las palabras “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Necesitamos un educador que sea al mismo tiempo educador en los dominios material, humano y espiritual, cuya autoridad sea eficaz en todas las condiciones. En este sentido, si alguien adujese “yo poseo comprensión e inteligencia perfectas; no necesito tal educador”, negaría lo que es claro y evidente. Sería como si un niño dijera “no me hace falta la educación; voy a actuar de acuerdo con mi entendimiento e inteligencia y así obtendré las perfecciones de la existencia”; o como si un ciego afirmase “yo no necesito los ojos pues hay ciegos que viven sin problemas”.

‘Abdu’l-Bahá, Contestación a unas preguntas, páginas 28-30

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