A lo largo de su historia los hombres han ido descubriendo las leyes físicas, químicas y biológicas. Su forma de entender la gravedad o de utilizar el magnetismo, el petróleo o el azufre ha cambiado progresivamente. Y de tiempo en tiempo algunos hombres mejor dotados han dado un gran impulso a esos conocimientos. Del mismo modo, los hombres han ido descubriendo lo divino que hay en nosotros y en el universo, han tenido su vivencia de Dios a través del animismo, del politeísmo o de cualquier concepción religiosa. También ha podido ocurrir que ciertas formas religiosas eran derivaciones de una revelación anterior tergiversada con el paso del tiempo.

Muhammad reconocía sobre todo la revelación de Dios en Adán, Noé, Abraham, Moisés y Jesús, pero también aceptaba la existencia de otros muchos profetas desconocidos. Bahá’u’lláh afirma claramente que Dios se ha manifestado en diversos seres humanos a lo largo de la historia y que lo seguirá haciendo siempre:

“En toda edad y ciclo, mediante la esplen­dorosa luz derramada por las Manifestaciones de Su maravillosa Esencia, Él ha creado todo de nuevo”.

“Estos Espejos se sucederán eternamente uno a otro y continuarán reflejando la luz del Anciano de Días. Los que reflejan la gloria de estos seguirán, asimismo, existiendo para siempre, puesto que nunca dejará de fluir la Gracia de Dios”.

“Contempla con tu vista interior la cadena de Revelaciones sucesivas que ha unido la Manifestación de Adán con la del Báb, (quien fue el precursor de Bahá’u’lláh y los 31 años fue fusilado por orden de los sacerdotes de Irán). Atestiguo ante Dios que cada una de esas Manifestaciones ha sido enviada por la acción de la Voluntad y Propósito Divinos, que cada una ha sido portadora de un Mensaje determinado, que a cada una se le ha confiado un Libro divinamente revelado y cada una ha sido comisionada para descifrar los misterios de una poderosa Tabla”- Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, XXVI, 3; XXX y XXXI.

Si se toma la Biblia como la única Palabra de Dios, se ha de aceptar que Él solo se comunicó de forma directa a los personajes que allí aparecen, casi todos del pueblo judío. Pero otros muchos pueblos, incluso los más primitivos, tienen también sus tradiciones, escritas o no. Resulta incongruente que Dios haya permanecido en silencio durante miles de años y solo haya hablado a un pueblo. Ha sido precisamente ese pueblo judío el que lo ha entendido de forma exclusiva. Un exclusivismo que también han sostenido los seguidores de otras religiones, al creerse en posesión única de la verdad.

Atendiendo a las religiones más conocidas, no cabe duda de que tanto Krishna como Buda o Zoroastro renovaron las antiguas creencias arias, ayudando a los hombres de su época a superar el animismo o el politeísmo. Cada uno de ellos prometió una renovación futura: el retorno cíclico de Krishna, el Buda Universal o Maitreya y, según Zoroastro, el imperio de la justicia que traería el Sháh Bahrám.

Las religiones de Oriente Medio, con una concepción más lineal de la historia, se suceden una a otra como los capítulos del mismo libro: Moisés, Cristo, Muhammad y Bahá’u’lláh. Los judíos no aceptan más que a Moisés, a pesar de las promesas de sus profetas; los cristianos creen que Cristo es el único Hijo de Dios y que en Él se ha revelado plenamente; los musulmanes creen que Muhammad es el Sello de los Profetas.

Según las enseñanzas Bahá’ís, ninguna religión es superior a las demás, ni la definitiva. Todas son adecuadas en su momento y lugar, como los cursos de una misma escuela. Dios se manifiesta de tiempo en tiempo. Su revelación es progresiva y no ha faltado ni faltará nunca a la humanidad.

“Los ciclos espirituales del Sol de la Realidad son como los ciclos del sol físico: se suceden y renuevan constantemente. El Sol de la Realidad, como el sol material, tiene numerosos lugares de amanecer; un día surge en el signo zodiacal de Cáncer, otro día en el signo de Libra o de Acuario; en otra ocasión, es desde el signo de Aries desde donde difunde sus rayos. Mas el sol es uno solo, y una sola realidad. […] Así, el amante del Sol y el buscador de la luz, se volverá siempre hacia el sol, ya sea que brille en el signo de Aries o tienda su gracia desde el signo de Cáncer, o irradie desde Géminis. En cambio, los ignorantes y quienes carecen de instrucción, son amantes de los signos del Zodíaco, están enamorados y fascinados por los lugares de donde sale el sol, y no del sol mismo. Cuando el sol se hallaba en el signo de Cáncer, se volvían hacia él, aun cuando luego cambiara al signo de Libra. Puesto que amaban al signo, se volvían hacia él y a él se aferraban, quedando privados del influjo del sol simplemente porque había cambiado de lugar. Por ejemplo, cierta vez el Sol de la Realidad derramó sus rayos desde el signo de Abraham. Después alboreó desde el signo de Moisés, e iluminó el horizonte. Más tarde surgió con gran poder y refulgencia desde el signo de Cristo. Los buscadores de la Realidad la adoraban dondequiera la veían; pero los que se aferraron a Abraham quedaron privados de su influjo cuando brilló sobre el Sinaí e iluminó la realidad de Moisés. También quedaron excluidos quienes se adhirieron a Moisés cuando el Sol de la Realidad brilló en Cristo, y así sucesivamente” – ‘Abdu’l-Bahá, Contestaciones a unas preguntas, p. 98.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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