Cuando usted se presenta en la corte, usted recita un solemne juramento: decir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad. ¿Cómo podemos hacer eso en la vida?

Cuando decimos la verdad, estamos a la altura de nuestro yo superior. Cuando buscamos la verdad, aspiramos a la nobleza. Cada una de las grandes religiones nos piden que nos esforcemos por ser absoluta y completamente honestos y veraces, tanto interna como externamente:

“La verdad no puede ser suprimida, y es siempre la vencedora final” – el Yajurveda

“Los calmados dicen que lo mejor es hablar bien; segundo, que uno debe decir lo que es correcto, no injusto; tercero, lo que es agradable, no desagradable; cuarto, lo que es verdadero, no falso” – Buda, Sutta-pitaka [Traducción de cortesía]

“De la mentira aléjate” – la Torá, Mishpatim 23: 7

“El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho; y el que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho” – Lucas 16:10

“¡Oh gente! Traten de ser honestos, porque Alá es el ayudante de la gente honesta. Eviten mentir porque esto arruinará su fe. Sepan que las personas honestas están al borde de la nobleza y el honor, mientras que los mentirosos están al borde del colapso y la destrucción.” – Imán Ali

“Embelleced vuestras lenguas, oh pueblo, con la veracidad, y adornad vuestras almas con el ornamento de la honradez. Cuidado, oh pueblo, no sea que obréis traicioneramente con alguno.” – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, página 334.

De muchas formas, la honestidad y la veracidad siempre constituyen el primer paso para un pluralista religioso, alguien quién cree que todas las religiones tienen en común enseñanzas espirituales similares. Debido a que decir la verdad y conocer la verdad están tan estrechamente relacionadas, las enseñanzas bahá’ís invitan a todos a hacer ambas cosas: ser honesto, e investigar independientemente la realidad y determinar la verdad por sí mismos.

Esas dos tareas humanas fundamentales -decir la verdad y conocer la verdad- tienen una estrecha relación simbiótica entre sí. Cuando usted dice la verdad, usted practica la habilidad esencialmente espiritual de primero conocer. Cuando miente, ya sea a los demás o a usted mismo, se desdibujan los límites de la verdad. La mentira le roba ese barómetro interno de reconocimiento de la verdad que todos tenemos naturalmente desde la infancia y disminuye su capacidad de reconocer la verdad cuando la ve:

“Pondera que la peor de las inclinaciones, el más odioso de los atributos y raíz de todo mal no es otro que la mentira. No cabe imaginar una inclinación peor ni más denigrante; es ella la destructora de todas las perfecciones humanas y la causante de innumerables vicios. No existe peor característica que ésta, que es asiento de toda maldad.” – ‘Abdu’l-Bahá, Contestación a unas preguntas, página 263.

Así que este privilegio y este deber de buscar la verdad, que incumbe a todas las personas, nos da a cada uno la responsabilidad de no sólo decir la verdad sino también de encontrarla. Las enseñanzas bahá’ís dicen que no hay “nada de mayor importancia para la humanidad que la investigación de la verdad”. Así que en lugar de creer lo que han oído o lo que les han hablado de otras religiones, aquellos que tienen una mentalidad pluralista investigan por sí mismos, de forma honesta y respetuosa:

“La primera enseñanza de Bahá’u’lláh es un deber que a todos concierne: el de investigar la realidad. ¿Qué significa investigar la realidad? Significa que el hombre debe olvidar todos los rumores y examinar la verdad por sí mismo, pues él no sabe si las declaraciones que oye están de acuerdo con la realidad o no. Dondequiera que encuentre la verdad o la realidad, él debe aferrarse a ella, abandonando, descartando todo lo demás; porque fuera de la realidad no existe nada sino superstición e imaginación.

[…] La realidad o verdad es una, sin embargo, hay muchas creencias religiosas, sectas, credos y opiniones divergentes en el mundo hoy día. ¿Por qué existen estas diferencias? Porque ellos no investigan y examinan la unidad fundamental, la cual es una e inmutable. Si buscaran la realidad misma, estarían de acuerdo y unidos, porque la realidad es indivisible y no múltiple. Es evidente, pues, que no existe nada de mayor importancia para la humanidad que la investigación de la verdad.” – ‘Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, páginas 82-83.

Este principio de la veracidad, tan importante en nuestras relaciones personales, también tiene enormes implicaciones para toda la vida. De hecho, los escritos bahá’ís dicen que el propósito de Dios al enviar a la humanidad a los profetas y mensajeros de todas las creencias está directamente relacionado con la veracidad:

“El propósito del único Dios verdadero al manifestarse a Sí mismo es emplazar a toda la humanidad a la veracidad y sinceridad, a la piedad y honradez, a la resignación y sumisión a la Voluntad de Dios, a la paciencia y amabilidad, a la rectitud y sabiduría. Su objetivo es cubrir a cada hombre con el manto de un carácter santificado y adornarlo con el ornamento de acciones buenas y santas.” – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, página 336.

Todas las grandes religiones nos dicen que la tarea de cada ser humano implica decir, encontrar y seguir la verdad. Pero varias religiones -o al menos sus actuales teologías, doctrinas y clérigos- proclaman que tienen acceso exclusivo a la verdad. ¿Cómo es esto posible? En el próximo artículo de esta serie, examinaremos esas afirmaciones acerca de la exclusividad de la verdad y trataremos de entender lo que significan.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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