Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

En el artículo anterior, compartí una carta enviada por un lector de BahaiTeachings.org sobre ser católico y bahá’í. Este mismo lector tenía también otra importante pregunta sobre los bahá’ís y el servicio militar.

Él escribió:

Me temo que realmente no puedo obligarme a estar de acuerdo con la postura bahá’í sobre la guerra. Definitivamente reconozco que es algo terrible, pero también entiendo que es algo inevitablemente necesario en algunas circunstancias, y no puedo aceptar la restricción de los bahá’ís de servir en el ejército. 

Esta fue la respuesta que le di:

En lo que respecta al servicio militar, no hay restricción contra aquellos bahá’ís que están prestando servicios en el ejército; yo mismo lo hice en Vietnam. Muchos bahá’ís sirven en el ejército, siempre que puedan hacerlo en un papel que no los involucre en el combate. Los bahá’ís aceptan el servicio militar, aceptan la necesidad de un ejército y creen que uno será ciertamente necesario para mantener la paz. 

Lo que Bahá’ís (y seguidores de Cristo también diría yo) no toleran es matar a otros. 

Cuando servía en Vietnam, no cargaba un arma conmigo; mi vida fue salvada en varias ocasiones por los que sí lo hacían, así que aprecio y respeto el servicio de ellos también. Sin embargo, sí sé, por experiencia personal con respecto a los efectos del combate, que matar a otra persona, independientemente de las circunstancias, tiene enormes ramificaciones espirituales que duran toda la vida y más allá. Dios nos ha ordenado, en los libros sagrados de todas las grandes religiones, que no nos matemos los unos a los otros, así que me parece que romper un mandamiento tan básico inevitablemente cargará y dañará a cualquier alma.

Amor,

David

Las enseñanzas bahá’ís sin duda son conscientes de la posibilidad de que estallen guerras y otros conflictos armados en el mundo, pero tienen una respuesta única y muy consistente a esa posibilidad.

Como no existe ni una fuerza policial internacional ni una perspectiva inmediata de que se forme una, los bahá’ís deben seguir solicitando, en cualquier circunstancia, la exención de los deberes militares que requieran la muerte. – Shoghi Effendi, Directrices del Guardián, p. 48

Los bahá’ís no eluden sus deberes como ciudadanos. Como ciudadanos leales y devotos, ofrecen sus servicios a su país en cualquier campo del servicio nacional que no sea agresivo o directamente militar. En una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe bahá’í, a los bahá’ís británicos antes de la Segunda Guerra Mundial, este dio este consejo:

Las formas de trabajo nacional como el servicio de precaución contra ataques aéreos, cuerpos de ambulancias y otras actividades humanitarias o actividades de carácter no combatiente son los tipos de servicios más adecuados que pueden prestar los [bahá’ís] y con los que deben ofrecer voluntariamente su ayuda, ya que además del hecho de que no implican ninguna violación del espíritu o principio de las Enseñanzas, constituyen una forma de servicio social y humanitario que la Causa considera sagrada y exige enfáticamente. – “The Unfolding Destiny of the British Baha’i Community”, p. 122.

Más guías posteriores instan a los Bahá’ís a:

… apelar al gobierno por la exención del servicio militar activo en calidad de combatiente, haciendo hincapié en el hecho que al hacerlo no se ven impulsados por ninguna consideración egoísta, sino por el único y supremo motivo de defender las Enseñanzas de su Fe, que lo convierten en una obligación moral de desistir de cualquier acto que los involucre en una guerra directa con sus semejantes de cualquier otra raza o nación. Las Enseñanzas Bahá’ís, de hecho, condenan, enfática e inequívocamente, cualquier forma de violencia física, y la guerra en el campo de batalla es obviamente una forma, y tal vez la peor forma que dicha violencia puede asumir.

Hay muchas otras vías a través de las cuales los creyentes pueden ayudar en tiempos de guerra al enlistarse en servicios de naturaleza no combatiente, servicios que no involucran el derramamiento directo de sangre …

Es irrelevante si tales actividades los exponen o no a peligros, ya sea en el hogar o en el frente, ya que su deseo no es proteger sus vidas, sino desistir de cualquier acto de asesinato deliberado. -Ibid, pp. 128- 129.

Esto no significa que los bahá’ís se opongan a todo lo militar. De hecho, las enseñanzas bahá’ís prevén la creación eventual de una fuerza policial internacional luego que todas las naciones del mundo se hayan desarmado y se haya formado una comunidad mundial. En aquel futuro estado de un civilización mundial, la Fe Bahá’í prevé que algunos países individuales conservarán suficiente armamento y poder militar solo para mantener la seguridad y paz interna.

La unidad de la raza humana, según lo previsto por Bahá’u’lláh, implica el establecimiento de una comunidad mundial en la que todas las naciones, razas, credos y clases están estrecha y permanentemente unidas, y en la que la autonomía de sus miembros estatales y la la libertad personal y la iniciativa de las personas que los componen están definitivamente y completamente salvaguardadas. Esta comunidad debe, en la medida que podamos visualizarla, consistir en una legislatura mundial, cuyos miembros controlarán, en última instancia, a todos los recursos de todas las naciones componentes, como fideicomisarios de toda la humanidad, y promulgarán las leyes que serán requeridas para regular la vida, satisfacer las necesidades y ajustar las relaciones de todas las razas y pueblos. Un ejecutivo mundial, respaldado por una fuerza internacional, llevará a cabo las decisiones tomadas y aplicará las leyes promulgadas por esta legislatura mundial y salvaguardará la unidad orgánica de toda la comunidad. – Shoghi Effendi, El Orden Mundial de Bahá’u’lláh, p. 203.

En la futura sociedad unificada, en la que todos los bahá’ís creen y trabajan por alcanzarla, existirá una fuerza militar global que se convertirá en la servidora de la justicia.

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