Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Vivir es arriesgado. La vida está llena de riesgos. Cada minuto de cada día corremos el riesgo de que algo salga mal, algo que no hayamos planeado, algún imprevisto.

Estaba pensando en eso esta mañana mientras regresaba del banco a mi casa, en este trayecto de repente un ciervo se cruzó frente a mi auto a menos de 50 pies. Debía haber estado esperando algo como eso, ya que me encontraba cerca de nuestro parque comunitario y, además, acababa de pasar una señal de advertencia de ciervos al lado de la carretera. En los suburbios, donde existen muchos campos, bosques y granjas todavía intactos, hay muchos ciervos y, a menudo, he oído historias de accidentes.

Pero todavía manejo.

Todos tenemos mecanismos incorporados de aversión al riesgo e intentamos aminorar los riesgos siempre que podemos, o deberíamos decir, cuando nos damos cuenta de ellos. Especialmente, durante la madrugada y al atardecer, los ciervos son más frecuentes en las carreteras o cerca de ellas. De modo que el conocimiento es el ingrediente clave para evitar riesgos no deseados o superarlos. Como dice el dicho: “hombre prevenido vale por dos”.

La planificación es otra forma de mitigar los riesgos. No seríamos prudentes si planificáramos un viaje de cien millas sin primero revisar los mapas de carreteras o las horas pico, o sin revisar el horario del tren antes de viajar a una gran ciudad. Antes de llevar a cabo la mayoría de nuestras tareas, calculamos nuestros pensamientos y recursos, empacamos nuestras “mochilas” mentales y las organizamos bien.

Entonces, ¿qué hay sobre planificar nuestras vidas? ¿Tenemos metas? ¿Objetivos? ¿Cosas que nos gustaría hacer durante nuestro trayecto? Algunos llaman a estas herramientas de planificación de vida una “Lista de Deseos”, otras una “Tabla de Crecimiento Personal”. ¿Pensamos en el futuro y planificamos lo que queremos hacer? ¿O vivimos día a día? No existe una forma que sea correcta para todos y la diversidad es lo que hace que el mundo gire, pero ¿qué podemos hacer para que nuestras vidas sean más completas e integrales?

Muchos sienten y creen que la mejor manera de mejorar nuestra vida implica tener fe y confianza en un Ser Supremo. Ya sea que llamemos al Creador Dios, a Allah, a YHWH o por cualquier otro nombre, generalmente nos referimos a Dios como “Él”, pero la “Esencia Desconocida” también sería precisa.

Entonces, la pregunta sería: ¿Puede Dios ayudarnos a superar los riesgos y los reveses de nuestras vidas? Las enseñanzas de los bahá’ís dicen que la oración, la meditación y tener un enfoque espiritual de la vida que nos lleve a buscar la unidad con todos los demás seres humanos definitivamente pueden proporcionarnos protección:

Dios ha creado y provisto para todos. Él es el Conservador de todo y todos están sumergidos en el océano de Su merced. Ni una sola alma está privada. Puesto que tenemos un Dios y Creador tan amoroso, ¿por qué tenemos que hacernos la guerra unos a otros? Ahora que Su luz está brillando universalmente, ¿por qué arrojarnos a las tinieblas? Ya que Su mesa ha sido puesta para todos Sus hijos, ¿por qué debemos privarnos mutuamente de Su sustento? Ya que Su esplendor está brillando sobre todos, ¿por qué buscamos vivir entre las sombras? No hay duda de que la única causa es la ignorancia y que el resultado es la perdición. La discordia priva a la humanidad de los eternos favores de Dios; por lo tanto, debemos olvidar todas las causas imaginarias de la diferencia y buscar los verdaderos principios de las religiones divinas para que podamos asociarnos con perfecto amor y armonía y considerar a la humanidad como una sola familia, la superficie de la tierra como una sola nacionalidad y todas las razas como una sola humanidad. Vivamos bajo la protección de Dios, logrando la felicidad eterna en este mundo y vida sempiterna en el mundo venidero. – Abdu’l-Bahá, Promulgación a la Paz Universal, p. 116.

La vida está llena de riesgos; sin embargo, perseveramos y seguimos avanzando. Confiamos en nuestro propio conocimiento y la ayuda y el conocimiento de otros. Planificamos de la mejor manera que podemos y tratamos de evitar los ciervos que de repente saltan delante de nuestros autos en movimiento. Nos preparamos para nuestros viajes y utilizamos nuestros recursos, especialmente para enfrentar los altibajos de la vida. Idealmente, confiamos en que Dios nos ayudará a superar aquellos momentos.

Hace muchas décadas, cuando comencé a investigar la Fe Bahá’í, esto no representaba un riesgo para mí. En cambio, lo tomé como un proceso de recolección de información. Aquello se fue convirtiendo en amor por Bahá’u’lláh y sus enseñanzas. El dar el siguiente paso, el declararme un bahá’í declarado, tampoco era un riesgo, ya que resultó ser una afirmación y confirmación de todo lo que había aprendido. Asumir algunos riesgos resulta beneficioso.

0 Comentarios

characters remaining