El arte de la música es divino y efectivo. Es el alimento del alma y del espíritu. Mediante el poder y encanto de la música el espíritu del hombre se eleva. Tiene un maravilloso influjo y efecto en el corazón de los niños, pues sus corazones son puros, y las melodías tienen gran influencia en ellos. Los talentos latentes con que están dotados los corazones de los niños encontrarán expresión a través del medio musical. Por lo tanto, debéis esforzaros para hacerlos expertos; enseñadles a cantar con excelencia y efecto. Concierne a cada niño sabe algo de música, pues sin el conocimiento de esta arte las melodías instrumentales y a capella no pueden ser disfrutadas correctamente. Además, es necesario que las escuelas la enseñen para que las almas y corazones de los alumnos puedan vivificarse y regocijarse y sus vidas sean animadas con gozo. – ‘Abdu’l-Bahá, Promulgación de la Paz Universal, página 73

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