Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Las enseñanzas bahá’ís describen al Espíritu Santo como la fuente del poder que emana de los mensajeros de Dios y, por lo tanto, de todas las dispensaciones religiosas:

“Cuandoquiera que aparece, el mundo de la humanidad se renueva y un nuevo espíritu es conferido a las realidades humanas. El Espíritu Santo atavía al mundo del ser con vestidura digna de alabanza, disipa la oscuridad de la ignorancia y provoca la irradiación de la luz de las virtudes”. – Abdu’l-Bahá, Contestaciones a unas preguntas, p. 180.

Ese espíritu es el revelador fundamental de la verdad y la certeza, pero al mismo tiempo, las enseñanzas bahá’ís dicen que las tradiciones religiosas del pasado son falibles. ¿Cómo pueden ambos ser verdad?

La respuesta de Abdu’l-Bahá a esa pregunta está relacionada con el movimiento general y la naturaleza progresiva de todas las revelaciones de Dios. Cada mensajero de Dios inicia un nuevo ciclo, trayendo una nueva infusión del Espíritu Santo y sus poderes espirituales en toda la creación. Sin embargo, a medida que cada religión declina con el tiempo, la infusión y el poder del Espíritu Santo se disipa y se estanca, ya no es capaz de generar cambio alguno. En otras palabras, así como todos los seres vivos son susceptibles a los principios de desintegración y atrofia, el impulso creativo y la vitalidad de la religión, dentro del contexto del tiempo y el espacio, también están sujetos a los procesos de desintegración; por lo tanto, la religión debe experimentar un renacimiento de vez en cuando. Abdu’l-Bahá usó una metáfora estacional para ilustrar este punto:

¡Oh amados de Dios! La copa de vino del Cielo está rebosante, el banquete de la Alianza de Dios está iluminado con luces festivas, despunta la aurora de todas las dádivas, soplan los suaves vientos de la gracia, y del mundo invisible llegan buenas nuevas de mercedes y dones. En prados rutilantes de flores ha armado sus pabellones, la primavera divina, y los espirituales aspiran las perfumadas fragancias procedentes de la Saba del espíritu, transportadas por el viento del levante. Ora entona sus odas el ruiseñor místico, ora se abren los capullos del significado interior transformándose en flores delicadas y hermosas. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, p. 191.

La referencia de Abdu’l-Bahá sobre la adquisición de conocimiento a través de la tradición se refiere a la religión como una ideología social; con el tiempo, tiene el potencial de perder su vitalidad y influencia, dejando solo los elementos sedimentarios de su inspiración original en formas culturales y tradicionales. Abdu’l-Bahá hace referencias al Espíritu Santo como el proceso progresivo de renovación religiosa, así como también al constante movimiento del espíritu humano, a la dialéctica de la renovación y la desintegración. Dondequiera y siempre que la religión se cristalice en dogma, el Espíritu Santo desaparece. La realidad de la religión no son solo las reglas y leyes que aporta a la sociedad, sino también el poder de transformación y cambio que conlleva.

A medida que la luz de las religiones pasadas declinaba, la cosmovisión empírico-racional liberó a la sociedad humana de los lazos de la ignorancia y la superstición. Nuestro mundo moderno, sin embargo, también ha experimentado un malestar espiritual y la inversión de valores. El análisis de Abdu’l-Bahá no revierte el curso de la investigación científica ni sugiere dos verdades separadas: una científica y otra espiritual. En cambio, nos instó a eliminar la sombra del materialismo del proceso de investigación. Dentro de este contexto, definió el papel del Espíritu Santo como teniendo dos funciones: la primera es hacer avanzar la naturaleza espiritual del hombre y la dinámica de su transformación, y la segunda, generar la visión de una cosmovisión emergente que dirige a la sociedad humana hacia mayores grados de unidad y reciprocidad y mayores expresiones de conductas altruistas.

Esa combinación de transformación individual y social permite que el proceso de investigación refleje la verdad y la realidad progresivamente, sin las limitaciones impuestas por el ego. Podemos deducir de los escritos de Abdu’l-Bahá que el conocimiento objetivo es un mito y que el proceso de adquirir conocimiento está íntimamente relacionado con los valores del investigador individual. La búsqueda de la verdad, por lo tanto, incorpora un elemento ético, un reflejo del refinamiento del carácter humano. La investigación libre en este esquema de epistemología extendida requiere un desapego de los deseos humanos, la renuncia a uno mismo y la eliminación de prejuicios y personalidades. La integración de la percepción sensorial, la razón, la tradición y el Espíritu Santo se vuelve potencialmente posible si se presenta dentro del contexto dinámico de la naturaleza de constante búsqueda de la verdad, y si se considera como impregnada de una agencia moral en evolución.

Las declaraciones de Abdu’l-Bahá en “Contestaciones a unas preguntas” proporcionan un marco para el desarrollo de un método integral o paradigma de investigación. En este paradigma, las interacciones dinámicas entre el sentido, la razón, la tradición y el Espíritu Santo deben verse como un proceso único, basado en las ciencias empírico-analíticas, la búsqueda histórica de la humanidad por el significado y el hilo espiritual común subyacente a las religiones mundiales. El gran diálogo entre estas disciplinas inevitablemente resulta en una gran teoría de la salvación humana.

El enfoque bahá’í de adquisición de conocimiento se basa en el principio de que el universo tiene una dimensión espiritual. Sin embargo, esta dimensión espiritual necesita y usa el instrumento de la realidad física, percibida a través de los sentidos, para manifestar objetivamente sus potencialidades ocultas. Por lo tanto, se puede decir que un método integral de investigación, que reconoce la realidad espiritual, comenzaría con la percepción de los sentidos, y luego buscaría mayor refinamiento, ya que se complementa con otros métodos de adquirir conocimiento. Abdu’l-Bahá afirmó que el método de investigación bahá’í tiene sus raíces o fundamentos tanto en el mundo empírico como en el dominio metafísico. En este plano físico de la existencia, todo el contenido del conocimiento está contextualizado en la historia y la evolución social. La naturaleza de la realidad es fundamentalmente espiritual, pero nuestros métodos para comprender esa realidad comienzan con el mundo natural.

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