Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Mientras vivimos nuestras vidas, todos lidiamos con las condiciones de nuestro nacimiento.

Algunos de nosotros nacimos en sociedades estables y prósperas, mientras que otros nacieron en medio de guerras civiles catastróficas. Algunos de nosotros llegamos a vecindarios con excelentes escuelas, mientras que muchos llegaron a comunidades desgarradas por la explotación y la opresión. Algunos, familiares con buenos trabajos. Otros, rodeados de parientes que vivían del día a día, en caso hayan estado cerca en absoluto.

Cada vida, cada familia, cada situación presenta desafíos y oportunidades únicos para desarrollar el potencial humano completo de una persona. Nuestras elecciones determinan los patrones de vida y las formas de interactuar con los demás que nos permiten sobrevivir en el día a día. Aquellos de nosotros nacidos en dificultades tenemos que descubrir cómo aprovechar al máximo lo poco que tenemos. Aquellos de nosotros que hemos nacido en el privilegio, como yo, hemos tenido que elegir, ya sea consciente o inconscientemente, qué hacer con la libertad sustancial que con la que contamos gracias a los hechos ventajosos de nuestro nacimiento.

No tengo la experiencia de vida para hablar sobre las dificultades, así que no lo intentaré. Pero compartiré algunas reflexiones sobre los dilemas morales de ser acomodado. Es bastante fácil para una persona adinerada no convertirse en ladrón o asesino. Pero puede requerir un esfuerzo especial el no convertirse en un funcionario complaciente dentro de una sociedad corrupta, haciendo poco o nada para mejorar la suerte de aquellos menos favorecidos cuando las oportunidades materiales rodean a una persona desde una edad temprana. Ese es el dilema del que quiero hablar, incluso aunque no pretendo tener todas las respuestas sobre cómo hacerlo.

Una cosa es denunciar el privilegio y no querer tener nada que ver con este. Pero es completamente diferente aceptar que un individuo no puede deshacerse de sus ventajas no ganadas y, al hacerlo, desentrañar la injusticia sistémica que las creó. La excesiva concentración de poder social permanece dentro de uno mismo. No podemos rechazar las circunstancias de nuestro nacimiento. Entonces, debemos reflexionar cómo esos hechos pueden ayudarnos a trazar un curso de vida que sirva a la felicidad y el bienestar de todas las personas. Porque, como dicen las enseñanzas bahá’ís:

¿Hay merced concebible mayor que ésta, que el hecho de que una persona, mirando dentro de sí, encuentre que por medio de la gracia confirmadora de Dios se ha convertido ella en la causa de la paz y bienestar, de la felicidad y adelanto de sus congéneres? No, por el verdadero Dios, no hay mayor bendición, ni delicia más completa. – Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, p. 7.

Esto no quiere decir que las personas privilegiadas que usan su privilegio para ayudar a otros sea necesariamente la mejor estrategia para alcanzar la justicia en el mundo. Las multitudes de la Tierra deberían seguir siendo los autores de su propio progreso. A lo que se refiere es que si alguien tiene recursos suficientes y la libertad de usarlos, esa persona debería lograr tanto bien como sea posible. El privilegio, entonces, se convierte en un contexto específico para practicar el principio universal del amor, incluso si abolir esa ventaja especial en comparación con otros es un acto positivo que debemos seguir.

Considera las palabras de Abdu’l-Bahá:

Por tanto, ordenad vuestras vidas de acuerdo con el primer principio de la enseñanza divina: el amor. Servicio a la humanidad es servicio a Dios. Que el amor y la luz del Reino brillen a través de vosotros hasta que todos los que os busquen sean iluminados por su reflejo. Sed como estrellas, brillando y centelleando en la excelsitud de su posición celestial. ¿Apreciáis el día en el que vivís? ¡Este es el Siglo de la Bendita Perfección! – La Promulgación a la Paz Universal, p. 33.

El amor puede suceder espontáneamente, pero se vuelve mucho más profundo y más poderoso cuando es respaldado por nuestro estilo de vida general. Tenemos que pensar conscientemente sobre cómo organizamos nuestro tiempo, establecemos prioridades y trabajamos para alcanzar objetivos a largo plazo. Abdu’l-Bahá habla de ordenar nuestras vidas de acuerdo con el amor. Al pensar en nuestro futuro personal, haríamos bien en pensar cómo el estilo de vida que estamos tratando de vivir nos ayuda a conectarnos con los demás a través del amor.

En mi experiencia, uno de los principales obstáculos para ordenar la vida en torno al amor es el impulso de preservar un alto estatus social o económico en la sociedad. Heredar la posición social de los padres no es algo completamente automático. Requiere ingresar a las escuelas correctas, establecer contactos con las personas adecuadas, desarrollar cuidadosamente las cualificaciones para la carrera que pagará el dinero que hace que todo parezca que vale la pena repetir para la próxima generación.

Muchas de estas cosas son lo suficientemente buenas por sí mismas. Pero tomados en conjunto también pueden desplazar asuntos más importantes, como desarrollar amistades verdaderas y auténticas con personas que no pertenecen a esos círculos sociales, o entregarse sacrificadamente a alguna causa social o espiritual mayor. Las mejores cosas en la vida tienen valor en sí mismas, no solo como un medio para un fin material egoísta.

En la historia de la Fe Bahá’í, un ejemplo notable de ordenar la propia vida en torno al amor es la etapa de juventud de la vida de Bahá’u’lláh y su esposa Navvab. Ambos nacieron en familias poderosas y acomodadas de la clase alta iraní. Sin embargo, ellos no buscaron simplemente replicar las condiciones en las cuales crecieron. Es así como un historiador describe el estilo de vida que practicaron durante los primero años de su matrimonio en Teherán:

La vida de la ciudad capital era de poco interés para la pareja, y tomaron parte pequeña en los eventos sociales recíprocos, las funciones estatales y la vida de lujo de sus pares. No desperdiciaron ningún pensamiento en recuperar sus ventajas materiales, aunque disminuidas, de la antigua gran riqueza de Mirza Buzurg [padre de Bahá’u’lláh], prefiriendo dedicarse a causas benéficas. El cuidado de los pobres, los afligidos y los desafortunados era su forma de vida … Sus recursos aún considerables les permitieron ayudar a muchos en esa tierra de riqueza vergonzosa y pobreza extrema. Nadie fue rechazado de su puerta. – David Ruhe, Robe of Light, p. 51.

Bahá’u’lláh y su esposa podrían haberse dedicado a apuntalar su posición dentro de la élite política, pero en cambio permitieron que el amor moldeara sus prioridades y enfoque. Se entrelazaron con los asuntos personales de las personas que no tenían casi nada a los ojos de los ricos. Bahá’u’lláh y Navvab hicieron uso de su privilegio para hacer una diferencia en las vidas de las personas reales, independientemente de si sus acciones preservaran su alto estatus o no.

Si bien eso no significa necesariamente que usted, o yo, u otra persona podemos o debemos hacer exactamente lo que Bahá’u’lláh y Navvab hicieron, sí ofrece un poderoso contrapunto a la complacencia y el cinismo tan a menudo encontrados entre aquellos de nosotros que se les ha brindado comodidad y seguridad a través de las circunstancias de nuestro nacimiento. El ejemplo de Bahá’u’lláh y Navvab puede inspirar valentía para explorar qué posibilidades tenemos frente a nosotros cuando ordenamos nuestras vidas alrededor del amor.

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