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¿Alguna vez ha asistido a una reunión devocional bahá’í? Si es así, probablemente ha visto a alguien rezar leyendo un libro, entonando o recitando de memoria una de las muchas oraciones de la Fe Bahá’í.

Muchas personas inmediatamente se sienten atraídas por esta manera de orar —mientras que a otras les cuesta, especialmente la primera vez.

Vale la pena preguntarse entonces: ¿Por qué debería orarse usando las palabras de alguien más? Especialmente, ¿Qué se puede ganar usando las oraciones de Bahá’u’lláh, el Báb y ‘Abdu’l-Bahá, las tres figuras centrales de la Fe Baha’í desde los primeros años formativos?

Cuando lea por primera vez una oración bahá’í, usted probablemente notará el elevado y ornamentado lenguaje, que describe el anhelo de un alma que se encuentra en un nivel más alto de conciencia espiritual. La siguiente oración de Bahá’u’lláh es un ejemplo notable de este elevado estilo:

Prepárame, en todas las circunstancias, oh mi Señor, para servirte y para dirigirme hacia el adorado santuario de tu Revelación y de tu Belleza. Si es tu deseo, hazme crecer como una tierna hierba en los prados de tu gracia, para que las suaves brisas de tu voluntad me conmuevan y me inclinen en conformidad con tu agrado, de modo tal que mi movimiento y mi quietud sean completamente dirigidos por Ti.– Baha’u’llahOraciones y Meditaciones revelado por Baha’u’llah, p. 240.

Muchas personas se sienten impresionadas por la belleza de pasajes como este; sin embargo, luego no saben muy bien qué hacer con ellos en su propia vida espiritual. Estas no son el tipo de palabras que solemos usar en el día a día. Las súplicas en las oraciones bahá’ís a menudo resultan más piadosas y devotas que las cosas mundanas suelen pesar en nuestros corazones.

En un nivel más básico, las palabras no las escoge la persona que ora. Para muchos, pronunciar oraciones que han brotado del corazón de alguien más y no del propio podría parecer de alguna manera forzado o incluso insincero.

Esto puede ser difícil especialmente para las personas que se han alimentado espiritualmente hablando espontáneamente con Dios sobre lo que pasa por sus mentes. Para muchos cristianos, este último es el único tipo de oración que conocen.

Dado que crecí como católico, las oraciones estandarizadas nunca han sido ajenas a mí. Desde pequeño, me enseñaron a orar el rosario, el cual es altamente estructurado y no deja lugar, de manera explícita, para una conversación improvisada con Dios. Sin embargo, incluso habiendo tenido tal formación, en un inicio, cuando me hice bahá’í fui puesto a prueba por versos como: “¡Por tu poder, oh mi Dios! Mi alma no está unida a nadie fuera de Ti, y mi corazón a nadie busca sino a tu propio Ser”. – Ibid., p. 142.

Aunque, en un inicio, leer las oraciones bahá’ís se sentía a veces extraño, mi alma gradualmente se sintonizó con su flujo y movimiento. Aun cuando esta no es la única forma de orar para los bahá’ís y aun cuando yo jamás minimizaría el valor y el poder de otras formas de oración; a través de la experiencia, he podido ver los beneficios y ventajas de este método. Así que habiendo transcurrido 14 años desde la primera vez que oré con los bahá’ís, tengo algunas observaciones y reflexiones sobre lo que se puede ganar rezando oraciones escritas por las figuras centrales bahá’ís.

Algo que he llegado a creer es que los textos de las oraciones bahá’ís tienen un papel educativo en la vida espiritual de la persona. Estos nos enseñan cómo anhelar lo que Dios quiere que anhelemos: proximidad a Él, iluminación con los atributos divinos, desprendimiento de las pasiones terrenales, etc. Cuando abrimos nuestros corazones a la transformación interior, las palabras sagradas de un Profeta de Dios pueden conducirnos al estado mental del creyente descrito en dichas oraciones, quien habla espontáneamente con Dios de este modo.

En segundo lugar, al compartir estas oraciones en comunidad – incluso a escala global – articulamos una visión compartida de excelencia espiritual y una guía para el progreso de nuestras almas. En la medida que aprendamos las mismas aspiraciones a partir de las mismas oraciones, llegamos a vernos unos a otros no como extraños, sino como compañeros de viaje y aliados en la búsqueda de Dios.

En tercer lugar, la lectura de oraciones bahá’ís es un medio para un fin, y no el fin en sí mismo. Al orar impulsamos nuestro propio desarrollo espiritual.

Puede que haya escuchado que la oración es como un fuego que quema al interior de nuestra alma. Algo que tienen la oración y el fuego en común es que ambos se fortalecen con la energía que liberan. Cuando el fuego es nuevo y pequeño, la persona que lo atiende debe ser muy cuidadosa respecto a qué madera le arroja. Si la madera es muy grande o muy húmeda, no lo avivará y podría incluso apagar su pequeña llama. Sin embargo, si el fuego ha crecido grande y fuerte, este puede fácilmente consumir cualquier material inflamable que se le arroje. Las oraciones escritas por las figuras centrales bahá’ís – tal como cualquier otro tipo de adoración sincera – pueden cumplir con la función de fortalecer esa pequeña llama al interior de nuestras almas. A medida que la práctica de la oración se fortalece, el creyente puede beneficiarse más fácilmente de otros métodos de oración; reduciendo, de este modo, cualquier razón para favorecer un método en detrimento de otros.

Aquellos de nosotros que creemos en la sagrada misión de Bahá’u’lláh, El Báb y ‘Abdu’l-Bahá siempre tendremos un aprecio especial por todas las palabra de devoción que estas almas luminosas y divinamente guiadas han pronunciado y plasmado por escrito.

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