"Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í."

¿Recuerdas la última vez que dijiste algo e inmediatamente quisiste no haberlo dicho? Demasiado tarde: una vez que pronunciamos las palabras, no se pueden regresar.

No siempre pensamos antes de hablar, conversar, comentar o comunicarnos. A menos que meditemos primero y luego nos concentremos en las palabras pronunciadas, siempre podríamos decir algo que no sea bien recibido.

Todo el mundo sabe que las palabras pueden ser dañinas o útiles, amorosas u odiosas, amables o bruscas e incluso más matizadas cuando agregamos movimientos físicos como agitar los brazos o levantar una ceja. Nuestro discurso puede ser libre y abierto o controlado y protegido, dependiendo de las circunstancias.

Para evitar las dificultades inherentes a la comunicación humana, las enseñanzas bahá’ís aconsejan el uso de una nueva técnica de comunicación llamada consulta:

“En esta Causa la consulta es de vital importancia, sin embargo, se intenta la deliberación espiritual y no la mera declaración de opiniones personales… la consulta debe tener como meta la investigación de la verdad. Aquel que expresa una opinión no debería decir que es correcta y justa, sino presentarla como una contribución al consenso de opiniones, pues la luz de la realidad se hace aparente cuando coinciden dos opiniones. Cuando el pedernal y el eslabón se juntan salta una chispa. El hombre debería pesar sus opiniones con extrema serenidad, calma y compostura. Antes de expresar sus propias opiniones debería considerar cuidadosamente las opiniones ya presentadas por otros. Si encuentra que una opinión presentada anteriormente es más veraz y meritoria, debería aceptarla inmediatamente y no aferrarse obcecadamente a su propia opinión. Mediante este excelente método, él se esfuerza para llegar a la unidad y la verdad” – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, p.72.

Los miembros de la comunidad bahá’í y sus instituciones practican la consulta bahá’í, la cual intenta ser amable, abierta, decidida y orientada a la acción.

Los bahá’ís entienden que la expresión humana tiene un poder penetrante, y Bahá’u’lláh decretó que los corazones y las mentes de los hombres y las mujeres se influencian de mejor manera a través de su uso moderado, y no a través del uso de la fuerza:

La palabra forzosamente tiene que poseer un poder penetrante, pues si está privada de esta cualidad no ejercerá influencia. Y esta influencia penetrante depende de que el espíritu sea puro y el corazón inmaculado. De igual manera, la palabra necesita moderación, sin la cual el oyente sería incapaz de soportarla, más bien manifestaría oposición desde el comienzo mismo. Y la moderación se alcanza mezclando la palabra con las muestras de sabiduría divina que están registradas en las Tablas y Libros Sagrados. De este modo, cuando la esencia de la palabra de uno está dotada de estos dos requisitos, demostrará ser sumamente efectiva y constituirá el factor primordial de la transformación de las almas de los hombres. Ésta es la posición de la victoria suprema y del dominio celestial. Quienquiera la alcanza se halla investido con el poder de enseñar la Causa de Dios y de prevalecer sobre los corazones y las mentes de los hombres. – Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, pp. 131-132.

En consecuencia, la consulta usa el habla humana para provocar el amor y la armonía entre todas las personas:

“La primera condición es armonía y amor absolutos entre los miembros de la Asamblea. Deben mostrarse totalmente libres del distanciamiento y deben manifestar en sí mismos la unidad de Dios, por cuanto ellos son las olas de un solo mar, las gotas de un solo río, las estrellas de un solo firmamento, los rayos de un mismo sol, los árboles de un mismo huerto, las flores de un mismo jardín. Si no existiera armonía de pensamiento y unidad absoluta, esa reunión sería dispersada y dicha Asamblea reducida a la nada. La segunda condición: deben volver sus rostros, cuando se reúnen, hacia el Reino en lo Alto y pedir ayuda del Reino de Gloria.” – La consulta bahá’í, p. 23.

La consulta bahá’í no es simplemente una discusión, o transmitir las opiniones de los participantes. Es una investigación colectiva de la realidad, cuyo propósito se centra en alcanzar la claridad y la verdad.

El objetivo final de la consulta bahá’í: llegar a una decisión unánime. Cuando eso no sucede, prevalece la voluntad de la mayoría, teniendo en cuenta las necesidades de la minoría. Una vez que se toma una decisión, todos la respetan y la respaldan, de lo contrario no tendrían ninguna posibilidad de éxito.

Si una decisión resulta ser incorrecta, solo la acción unificada en búsqueda de esa conclusión revelará el hecho de que está equivocada. La consulta bahá’í, entonces, puede volver a revisar y corregir esa decisión en armonía y unidad.

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