Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Si es que alguna vez has perdido a un amigo o ser querido, ya sabes cuales son las diferentes emociones que esto desencadena.

Tal vez, alivio; tal vez, angustia o duelo; tal vez, conmoción. Sin embargo, a veces, la muerte puede causar felicidad. Diversos relatos de personas que han tenido una Experiencia Cercana a la Muerte (ECM) lo retratan de esa manera. Por otro lado, aun cuando la mayoría son positivas, algunos han tenido experiencias negativas y poco placenteras. Los cristianos llamarían a estos estados como “cielo” e “infierno”. Lo que revelan las ECM es que la vida, en alguna forma de existencia, no termina luego de la muerte del cuerpo:

“Por ello, juzgar que después de la muerte del cuerpo el espíritu perece, es como imaginar que el pájaro cautivo en una jaula tenga que perecer porque la jaula se rompa, aunque el pájaro nada tenga que temer con ello” – Contestación a algunas preguntas, p. 277.

Los profetas de religiones pasadas explicaron este tema en medida de lo que éramos capaces de entender, cada uno parece dar más de luz sobre esta gran incognita de qué pasa después de la muerte. Estas religiones presuponen la existencia de un cuerpo físico y un alma espiritual.

Para hacer una revisión: Existen dos visiones distintas en el judaísmo: algunos creen que no sucede nada al momento de la muerte, sino hasta que Dios ordene la Resurrección; mientras otros creen que experimentarán el “cielo” y “infierno” descrito por Moisés en la Torá. El budismo cree en un tipo de rencarnación en la que el alma se encuentra en un viaje constante de perfección hasta que llegue al Nirvana. Por otra parte, los musulmanes consideran la muerte como la continuación de la vida en un plano espiritual, como algo natural; sin embargo, este está sujeto al juicio de Dios y su revisión de la vida llevada en este plano físico (los niveles de “cielo” o “infierno”).

Las enseñanzas Bahá’ís sobre la muerte son explícitas y exigen reflexión. Bahá’u’lláh reveló nuevas percepciones sobre lo que sucede cuando morimos:

“La naturaleza del alma después de la muerte nunca podrá ser descrita, ni es conveniente ni permisible todo su carácter a los ojos de los hombres. Los Profetas y Mensajeros de Dios han sido enviados con el único propósito de guiar a la humanidad al recto Camino de la Verdad. El propósito fundamental de Su revelación ha sido educar a todos los hombres para que, a la hora de su muerte, asciendan, con la mayor pureza y santidad y con absoluto desprendimiento, hacia el trono del Altísimo”. Bahá’u’lláh, Pasaje de los Escritos de Bahá’u’lláh, p. 92.

En base a esto, podemos decir que la meta de esta vida es purificarse, santificarse y desprenderse. ¡De hecho, un difícil pedido!

Bahá’u’lláh nos dice algo sorprendete acerca de aquellos quienes alcanzan ese estado de pureza, santidad y desprendimiento:

La luz que irradian estas almas es responsable del progreso del mundo y del adelanto de sus pueblos. Son como levadura que hace leudarse al mundo del ser, y constituyen la fuerza animadora por la cual se manifiestan las artes y maravillas del mundo. -Ibid.

¿El progreso del mundo? ¿Las artes y las maravillas del mundo? Las enseñanzas Bahá’ís parecen revelar un interconectividad entre el mundo físico y espiritual, describiendo cómo estas almas puras, santas y desprendidas puedan tener una gran influencia en este mundo físico.

Aparentemente, luego de la muerte física asumimos una forma espiritual:

Cuando él alcance la Presencia de Dios, tomará la forma que sea más apropiada a su inmortalidad y sea digna de su habitación celestial.  -Ibid, p. 92.

Así como el bebé en el vientre de la madre desarrolla ojos que no usa, nosotros debemos desarrollar “ojos espirituales” para poder usarlos en la siguiente fase de nuestra existencia. Bahá’u’lláh afirma: “El otro mundo es tan diferente de este mundo como lo es éste del mundo de la criatura mientras está en el vientre de la madre”. -Ibid.

Las enseñanzas Bahá’ís se refieren al alma de distintas maneras, llamándola “uno de los signos de Dios”, “un misterio entre Sus misterios”, “el heraldo que proclama la realidad de todos los mundos de Dios”. Bahá’u’lláh continúa:

Has de saber que, en verdad, el alma es un signo de Dios, una joya celestial cuya realidad los más doctos de los hombres no han comprendido,  y cuyo misterio ninguna mente, por aguda que sea,  podrá esperar jamás desentrañar.  Es, entre todas las cosas, la primera en declararla excelencia de su Creador, la primera en reconocer Su gloria, en aferrarse a Su verdad, e inclinarse en adoración ante Él. Si es fiel a Dios, reflejará Su luz y finalmente regresará a Él. Si, por el contrario, no es leal a su Creador, se convertirá en una víctima del yo yde la pasión y, por último, se hundirá en sus profundidades. -Ibid, p. 93.

Para contestar la pregunta  ¿qué pasa cuando morimos?,  según Bahá’u’lláh y las enseñanzas Bahá’ís:

“Además, me has preguntado sobre el estado del alma después de su separación del cuerpo. Has de saber que, en realidad, si el alma del hombre ha seguido los caminos de Dios, ciertamente regresará y será recogida en la gloria del Amado. ¡Por la rectitud de Dios! Logrará una estación que ninguna pluma puede retratar, ni lengua describir. El alma que se ha mantenido fiel a la Causa de Dios, y ha permanecido invariablemente firme en su Senda, poseerá después de su ascensión tal poder que obtendrán provecho de ella todos los mundos que el Todopoderoso ha creado. Tal alma suministra, a petición del Rey Ideal y Educador Divino, la levadura pura que hace leudarse al mundo del ser, y provee la fuerza por la cual las artes y maravillas del mundo se hacen manifiestas. Considera que la harina necesita levadura para fermentar. Aquellas almas que son el símbolo del desprendimiento son la levadura del mundo. Medita sobre esto y sé de los agradecidos. -Ibid, pp. 94-95.

1 Comentario

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  • Filiberto Antonio Carmona Palmares
    Apr 14, 2018
    Error: "cuyo misterio ninguna mente por aguda que sea, podrá esperar jamás desentrañar"