Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

El difunto científico político Samuel Huntington acuñó la etiqueta “Davos Man (Hombre de Davos)” en 2004 para describir el tipo de persona que asiste a la reunión anual del Foro Económico Mundial en aquella ciudad suiza.

El término de Huntington describe a los asistentes en un nivel muy limitado, especialmente porque aproximadamente el 80% son hombres, los hombres que ejercen el poder y que básicamente dirigen la economía mundial. Esta falta de representación femenina plantea un desafío global, que refleja una pregunta aún más amplia: ¿cómo elevamos el estatus y la participación de las niñas y las mujeres en todas las áreas del esfuerzo humano?

Hoy me llamó la atención una fotografía de una escuela al aire libre en Karachi, ex capital de Pakistán, iniciada por una niña y su hermano para cinco niños de la calle. Tan poderoso fue el impacto de su iniciativa, y tan grande la necesidad, que poco después empezaron a asistir 250 niños, y pronto se les unieron algunos adultos que también iban a estudiar. De forma perceptible, este número incluía a muchas mujeres y niñas, sobre las cuales la Casa Universal de Justicia de Bahá’i ha señalado:

Los estamentos responsables deberían considerar la necesidad de dar prioridad a la educación de las mujeres y niñas, puesto que es a través de madres formadas como se pueden transmitir, más efectiva y rápidamente a la sociedad, los beneficios del conocimiento. – La Promesa a la paz mundial, p.3.

niñas

La escuela al aire libre en Karachi consistía sencillamente de algunas mesas pequeñas pero macizas y sillas de plástico colocadas en el suelo bajo el cielo. Se proporcionó transporte en los lugares en los que se necesitaba, e incluso algo de dinero para gastos, siendo los gastos escolares cubiertos por familiares y amigos. Solo $ 25 es suficiente para ayudar a una niña a ir a la escuela por un año: una idea simple, usar equipo simple, a un costo mínimo, pero capaz de cambiar vidas para siempre.

Si esto es lo que una niña y su hermano en circunstancias limitadas pueden lograr, ¡imagina lo que se puede alcanzar cuando todas las niñas reciban educación y recursos!

Entonces, ¿qué limita aquel potencial?

La gran ciudad de Karachi, donde comenzó esta pequeña escuela, es el centro de negocios de Pakistán, que genera mucha actividad económica. Millones de migrantes de otras provincias se sienten atraídos a buscar una vida aquí, con miles de millones manteniendo a sus familias ubicadas en otras áreas, lo que marca la diferencia entre la supervivencia de una familia y una vida de miseria, ya que hay pocas oportunidades de ingresos disponibles para ellos en sus propias localidades.

Las enseñanzas bahá’ís dicen que esta condición global debe remediarse:

“…bajo los presentes sistemas y condiciones de gobierno, los pobres están sujetos a la más grande necesidad y miseria, mientras que otros afortunados viven en el lujo y la abundancia mucho más allá de sus necesidades reales. Esta desigualdad de participación y privilegio es uno de los profundos y vitales problemas de la sociedad humana. Es evidente que existe la necesidad de una equiparación en la distribución mediante la cual todos puedan poseer las comodidades y privilegios de la vida…” – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, p. 124.

Nuestras acciones, según los escritos bahá’ís, deben guiarse por principios. Las decisiones económicas individuales deben concordar con ideales elevados, y la pureza de estos ideales debería guiar nuestras intenciones y, por consiguiente, manifestarse en nuestras acciones. Por lo tanto, la solución a los desafíos económicos de nuestro mundo tiene implicaciones sobre la armonía de los aspectos materiales y espirituales de la vida, incluyendo la nivelación de las riquezas, el acceso a la educación y el avance de la mujer:

“No importa cuán lejos llegue el mundo material, no puede establecer la felicidad de la humanidad. Sólo cuando las civilizaciones material y espiritual sean unidas y coordinadas, podrá asegurarse la felicidad…

Por tanto, las civilizaciones material y divina (o misericordiosa) deben progresar juntas hasta que las más elevadas aspiraciones y deseos de la humanidad se realicen”. – Ibid, pp. 125-126.

La iniciativa individual de esta joven, ayudada por su hermano menor, con una simple escuela al aire libre en Karachi luchó por remediar esta condición injusta. Ella y su hermano reconocieron que la falta de acceso universal a la educación representa un obstáculo principal para el éxito en la vida.

Como lo indica la iniciativa de estos dos niños, las cosas definitivamente están cambiando. Harvard Business Review reconoció desde 2008 que las mujeres se han convertido en los principales motores de la economía mundial:

 … a nivel mundial, controlan alrededor de $ 20 billones en gastos anuales de consumo … En conjunto, las mujeres representan un mercado en crecimiento más grande que China e India combinados, de hecho, más del doble de grande. Dados esos números, sería absurdo ignorar o subestimar a la consumidora. Y, sin embargo, muchas empresas hacen precisamente eso, incluso aquellas que confían en que tienen una estrategia ganadora cuando se trata de mujeres.

Las enseñanzas bahá’ís exigen una solución espiritual y global para nuestros problemas económicos y recomiendan que centre nuestra atención primero en la educación de las mujeres:

Ninguna nación podrá alcanzar el éxito si no pone la educación al alcance de todos los ciudadanos. La falta de recursos limita la capacidad de muchas naciones para cumplir con esta necesidad, lo que impone un cierto orden de prioridades. Los estamentos responsables deberían considerar la necesidad de dar prioridad a la educación de las mujeres y niñas, puesto que es a través de madres formadas como se pueden transmitir, más efectiva y rápidamente a la sociedad, los beneficios del conocimiento. Para cumplir con los requisitos de nuestro tiempo, debe prestarse atención también a la enseñanza del concepto de ciudadanía mundial como parte del programa educativo de cada niño. – La Casa Universal de Justicia, La Promesa a la Paz Mundial, p. 3.

Debemos desarrollar una visión de las posibilidades de la prosperidad humana, reflejada en nuestro bienestar espiritual y material, y forjada en el crisol de la justicia. En palabras memorables de Bahá’u’lláh:

“Ninguna luz puede compararse con la luz de la justicia. El establecimiento del orden en el mundo y la tranquilidad de las naciones dependen de ella”. – Bahá’u’lláh, La Epístola al Hijo del Lobo, pp. 28-29.

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