Se puede medir la grandeza de una nación y su progreso moral por la forma como trata a sus animales. La protección de la vaca para mí no es mera protección de la vaca. Significa protección de todo lo que vive y es indefenso y débil en el mundo. La vaca significa todo el mundo subhumano. – Mahatma Gandhi

Para los hindúes, la vaca simboliza la virtud vivificante de la gentileza, esta es la razón por la cual el ganado representa lo sagrado en muchas sociedades hindúes. La enseñanza principal del hinduismo, llamada ahimsa, significa negarse a hacer daño a otros seres vivos. La vaca representa ese principio, porque sólo come pasto y proporciona a los seres humanos leche y queso y, mantequilla y estiércol para fertilizante. Los hindúes creen que toda vida tiene espíritu, y reverencian el espíritu sin lesiones de la vaca y, como Gandhi sugirió, la vaca personifica toda la vida vegetal y animal.

Pero, ¿tienen alma las vacas?

Los estudiosos rabínicos del judaísmo y la tradición mística judía de la Cabalá sostienen que Génesis 2:7 en la Torá explica que cada ser humano tiene un nephesh y un neshama. Definen la palabra nephesh, que literalmente significa “ser vivo”, como el espíritu animal, o la fuerza de la vida instintiva. La neshama, por el contrario, significa el alma humana – esa parte de nosotros ejemplificada por el intelecto y la conciencia de Dios, la chispa divina que anhela la espiritualidad – y distingue al hombre del animal.

boy-and-his-dogSobre el mismo tema, las noticias en todo el mundo informaron recientemente que el Papa Francisco le dijo a un niño italiano de 12 años que su perro estaría con él en el cielo. Pero eso en realidad no sucedió. Lo que si sucedió fue el informe de Corriere della Sera, un periódico italiano que citó al Papa Pablo VI (que reinó como Papa de 1963-1978), que al consolar a un niño lloroso cuyo perro había muerto le dijo: “Un día, veremos nuestros animales nuevamente en la eternidad de Cristo”.

Por supuesto, el Papa Pablo VI no estaba expresando una doctrina oficial de la Iglesia Católica. La mayoría de las otras religiones importantes tampoco tienen ese punto de vista. A pesar del amor por nuestros amigos peludos, la mayoría de la gente entiende que los animales no pueden crear civilizaciones o hacer arte o poseer las aspiraciones espirituales más elevadas y eternas de los seres humanos. Los animales están cautivos en el mundo de la naturaleza, mientras que los logros científicos y tecnológicos de los seres humanos nos permiten profundizar los misterios de la naturaleza, ir más allá de sus leyes y utilizarlas para nuestro beneficio y a veces, lamentablemente, para nuestro perjuicio.

Ningún animal tiene la chispa divina que hace que los humanos busquen lo trascendente en la vida. Los animales ciertamente tienen emociones, pueden sentir dolor y felicidad, incluso pueden entender la comunicación humana a veces, pero eso no significa que tengan alma, o lo que normalmente pensamos como el espíritu humano. Casi todas las principales religiones del mundo dicen que el alma pertenece exclusivamente a los seres humanos, que sólo los seres humanos tienen la capacidad de la inteligencia, la perspicacia y la espiritualidad necesarias para forjar una relación con el Creador, trascender el mundo físico y lograr existencia eterna después de la muerte. Las enseñanzas bahá’ís señalan que nuestras almas nos diferencian del mundo natural:

El ser humano -el verdadero ser humano- es alma, no cuerpo; aunque físicamente pertenece al reino animal, sin embargo, su alma lo eleva por encima del resto de la creación. Observad cómo la luz del sol ilumina el mundo de la materia; de la misma manera la Luz Divina derrama sus rayos sobre el reino del alma. ¡El alma es lo que hace de las criaturas humanas una entidad celestial!

Por el poder del Espíritu Santo, actuando a través de su alma, el ser humano es capaz de percibir la realidad Divina de las cosas. Todas las grandes obras de arte y de la ciencia son testigos de este poder del Espíritu.  – ‘Abdu’l-Bahá, Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, página 114.

Esta definición de lo que significa ser humano, subrayan los escritos bahá’ís, no hace que los animales sean de alguna manera menos que nosotros, ni nos permite ser crueles con ellos. Desde una perspectiva bahá’í, los animales deben inspirar nuestra amorosa bondad, porque sus espíritus animales pueden mostrar el mismo tipo de sentimientos que sentimos. Además, debido a que poseemos un alma humana, tenemos la responsabilidad de mostrar ternura y bondad hacia todas las criaturas. De muchas maneras, las enseñanzas bahá’ís dicen que los animales son perfectos por derecho propio:

Ni siquiera el perro más desarrollado tiene el alma inmortal del hombre; sin embargo, el perro es perfecto en el lugar que le corresponde. ¡Nadie se pelea con un rosal porque este no sepa cantar! –  ‘Abdu’l-Bahá, ‘Abdu’l-Bahá in London, p.97.

A pesar de esa perfección de la condición del animal, la condición humana – con su capacidad de percibir y explorar lo desconocido y descubrir la verdad de lo invisible – nos permite trascender el mundo de la naturaleza gracias a la reflexión, el intelecto y el entendimiento:

Las virtud distintiva o plus del animal es la percepción sensorial; ve, oye, huele, gusta y siente pero a su vez es incapaz de meditación consciente o reflexión, la cual caracteriza y diferencia el reino humano. El animal no ejercita ni comprende este distintivo poder y don humano. De lo visible no puede sacar conclusiones concernientes a lo invisible, en tanto la mente humana de premisas visibles y conocidas, logra el conocimiento de lo desconocido e invisible. …Tal poder de realización esta más allá del alcance de la inteligencia animal. Por tanto, este poder es un atributo distintivo del espíritu y reino humano. El espíritu animal no puede penetrar y descubrir el misterio de las cosas.  – ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, páginas 78-79.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.
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