La mayoría de los intentos de comprender la teodicea, explicando por qué Dios permite la existencia del sufrimiento, surgen de los entendimientos particulares de la vida y del propósito de nuestra existencia.

Así que intentaré hacer claras mis suposiciones primero, antes que busquemos algunas respuestas sobre la cuestión del sufrimiento. Comencemos con los términos “sufrimiento” y “mal” ellos mismos. El sufrimiento humano puede tener dos causas: natural y humana.

FloodingComo sabemos, los eventos naturales – tormentas, terremotos, tsunamis, volcanes, sequías, enfermedades – pueden causar grandes sufrimientos. La ciencia ha demostrado que estos desastres individuales o masivos generalmente resultan de las leyes naturales que gobiernan nuestro universo. No pueden considerarse actos malos, porque ninguna elección moral condujo a estos acontecimientos. No podemos, por lo tanto, describir un terremoto o una epidemia como el mal, independientemente de la escala de sufrimiento que puedan causar. En esta serie de artículos llamaré esto “sufrimiento natural”.

Por otro lado, las acciones humanas cometidas con el propósito deliberado de infligir pena o dolor o muerte requieren una elección moral. Consideramos la guerra o un asalto actos malvados, porque los perpetradores saben de antemano que causarán sufrimiento. En esta serie de artículos llamaremos estas acciones “el mal”.

Sabemos que el mundo en el que vivimos no es un paraíso. Sabemos que los humanos no somos perfectos, que tenemos naturalezas defectuosas y a veces violentas. También sabemos que somos criaturas racionales capaces de realizar decisiones morales y juicios. Ahora sabemos, también, que somos el resultado de un lento y continuo proceso de evolución. Tenemos libre albedrío y si creemos en Dios conocemos al Creador a través de un acto libre de interpretación de la realidad, tenemos fe y entendemos que algo existe más allá del mundo material.

Con estos supuestos y conceptos, podemos formular algunas preguntas y buscar respuestas.

Los escritos bahá’ís nos dicen que la lejanía de Dios es una característica fundamental de nuestra condición humana, no un defecto moral o el resultado de una naturaleza interna imperfecta. Los bahá’ís entienden la situación humana actual, con todas sus ambigüedades, no como resultado de un acto maligno en el pasado lejano que intentó subvertir la voluntad de Dios, sino como una etapa en nuestra evolución espiritual como especie.
De acuerdo con las enseñanzas bahá’ís, nuestra vida terrenal no abarca la totalidad de la existencia humana: nuestras almas progresan hacia otra forma más espiritual de existencia después de la muerte del cuerpo físico. Pero los bahá’ís creen, durante esta etapa física de la vida, que todos comenzamos un proceso de desarrollo espiritual, y este desarrollo espiritual continúa después de la muerte. El sufrimiento, desde una perspectiva bahá’í, es la clave para ese desarrollo espiritual.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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