Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Los humanos han estado fascinados con el firmamento desde tiempos prehistóricos cuando los primeros humanos dibujaban y tallaban historias en las paredes de sus cuevas.

Muchas de estas pinturas rupestres muestran dibujos de la luna y animales terrestres. Siempre que miramos al cielo y vemos la “luna llena” nos preguntamos acerca de la naturaleza del universo , cuando la luna es casi impercetible y el resto del cielo es más visible. La luna nueva de esta noche nos dará otra oportunidad para meditar sobre el vasto universo y los secretos que esconde,

“El poder divino a través del universo resplandece en las infinitas imágenes y figuras”. Abdu’l-Bahá, Promulgación a la Paz Universal, p. 16.

Hace poco asistí a un evento de astronomía en un área de reserva especialmente designado para apreciar el cielo nocturno. Incluso sin un cielo completamente despejado, pudimos ver las estrellas, contelaciones, entre otros nombres más exóticos de estructuras del universo físico.  Entre los adjetivos que se me vienen a la mente para describirlo: deslumbrante, impresionante, expectacular, entre otros. Mientras miraba al cielo, imaginaba alguna forma de vida desconocida en algún otro planeta mirando hacia la tierra y preguntándose si es que alguien estaría devolviendo la mirada. Entre nosotros reflexionabamos que seguramente existe alguna otra forma de vida en algún lugar del universo.

Incluso las enseñanzas Bahá’ís hacen mención sobre vida en otros planetas; mi pregunta no es tan disparatada como podría parecer para algunos.

“Considera además las múltiples divergencias que han resultado de las teorías propuestas por estos hombres. Has de saber que cada estrella fija tiene sus propios planetas, y cada planeta sus propias criaturas, cuyo número ningún hombre puede calcular”. Bahá’u’lláh, Pasaje de los Escritos de Bahá’u’lláh, p. 96.

No podemos confirmar ni negar si es que estamos a escasa distancia de otras formas de vida. Tal vez, entonces, tan solo debemos contentarnos con imaginar que nos observamos y reflexionamos en lo podría ser.

Cuando vivía en la ciudad balneario de Eilat, durante los ocho años que viví en Haifa, Israel, muy a menudo tenía experiencias similares. Solía mirar a través del Mar Rojo hacia las costas de Jordania y pensar acerca de alguna persona en Aqaba sentada en algún Café, que, al mismo tiempo, pensaba en alguien al otro extremo. Debido a las políticas de aquel momento, no estaba permitido cruzar hasta Jordania y aquella reserva estaba generalmente acertada. Sin embargo, parecía muy probable que, aquellas personas del otro extremo, vayan a Cafés y que conversaran con sus amigos sobre sus recientes experiencias de buceo. Después de todo, la vida marina no conoce fronteras, y el entusiasmo por el buceo no tiene límites tampoco.

Hace algunos años, tuve una experiencia que desafió toda probabilidad. Mientras hablaba con el propietario de una panadería recién inagurada, me enteré que él provenía originalmente de Jordania. Solo por curiosidad, le pregunté si alguna vez había buceado en Aqaba, y resultó que sí lo había hecho. Yendo aún más lejos, le comenté acerca de lo que imaginaba cada vez después de haber terminado de bucear, sobre personas mirando a través del mar hacia Eliat. ¿Y adivinen qué? Resulta que él imaginaba exactamente lo mismo. En ese momento, nos convertinos silenciosa y verdaderamente en uno solo.

Y bueno, no se necesita mucha imaginación para conectar estas historias. Hablan de la verdad esencial de que toda la humanidad es una. Aquellas fronteras construidas por el hombre no se pueden ver desde el espacio, y aquí en la tierra, la naturaleza las ignora completamente. Nosotros, como seres humanos, anhelamos armonía entre nuestra familia, nuestras comunidades y, en definitiva, en el mundo entero. Para que esto se pueda alcanzar, las políticas, los prejuicios y las convenciones sociales que nos separan deben, y algún día lo harán, ser transformadas para que nos unan en vez de dividirnos.

‘Abdu’l-Bahá nos llama a concebir una era de unidad verdadera en el futuro:

“… si todos los clanes, tribus, comunidades, naciones, países y territorios de la tierra se reunieran bajo el pabellón unicolor de la unicidad de la humanidad, y por los deslumbradores rayos del Sol de la Verdad proclamaran la universalidad del hombre; si hicieran que todas las naciones y todos los credos abriesen ampliamente los brazos a otros, que establecieran un Consejo Mundial y procedieran a unir unos con otros a los miembros de la sociedad por sólidos vínculos recíprocos, ¿qué sucedería entonces?”. Selección de los escritos de Abdu’l-Bahá, p. 367.

Como Bahá’í, reconozco que nuestro camino hacia esta consciencia es inevitable; aun así, el vivir en estos tiempos tan difíciles me hace sentir abrumada al ver todo lo que debemos avanzar para poder alcanzar esa gran realidad. En la pared de mi oficina, tengo colgado este consejo de Bahá’u’lláh: “Confía y persevera” – El llamamiento al Señor de las Huestes, p. 156. Esto me hace recordar siempre que nuestra meta va a ser alcanzada si mantenemos una visión fija, confiamos en nuestros esfuerzos y damos pasos firmes para llegar a este. Algunas veces los pasos pueden ser pequeños; sin embargo, a veces son más largos y firmes.

Invito a todos a mirar al cielo y pensar qué seres de otro planeta pensarán si es que los podemos ver desde la Tierra. Entonces, desde esa escala galática a una escala terrícola, ¿qué es lo que vemos cuando miramos hacia otro continente, país, incluso entre nuestros propios vecindarios? Si realmente deseamos paz y unidad, sabemos que puede y debe empezar aquí y ahora, bajo la luna, las estrellas y el sol.

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