“La verdad es una, los caminos son muchos” – Mahatma Gandhi

Aquí hay una pregunta difícil: ¿hay múltiples verdades, o sólo una verdad? ¿No es la verdad, por definición, una sola?

Estas cuestiones importantes tienen una enorme relevancia en los tiempos modernos, porque hemos llegado a un punto en el que algunas personas afirman que diferentes grupos pueden tener “verdades diferentes”, que lo que es verdad para ustedes puede no ser cierto para mí, que los hechos son fungibles y la verdad es sólo una cuestión de perspectiva.

Los exponentes más radicales de esta teoría ahora dicen que hemos entrado en un mundo de “posverdad” o “posfactual”: una cultura política donde la veracidad se enmarca apelando a las emociones más que al intelecto; y la verdad real y factual, se pierde completamente o se oscurece irremediablemente.

En 2016, el Diccionario Oxford eligió la “posverdad” como palabra del año, en gran parte debido a su impacto en tantas elecciones y debates políticos en tantas naciones y culturas diferentes.

Para encontrar las respuestas a estas espinosas preguntas sobre la verdad, tomemos un breve paseo por el desconcertante bosque de lo que constituye la verdad en el mundo, y veamos si podemos darle sentido a todo esto.

La mayoría de los filósofos dirían que los seres humanos podemos reconocer tres tipos diferentes de realidad: 1. la verdad subjetiva; 2. la verdad deductiva o lógica; y 3. la verdad inductiva o científica.

La verdad subjetiva significa experiencia personal: por ejemplo, yo odio la berenjena. Para mí, esa es la verdad, así que evito comer berenjenas cuando y donde pueda. Sin embargo, tengo una buena amiga, que ama rotundamente la berenjena, y la utiliza en muchas de las recetas que ella hace. Por el bien de nuestra amistad, hemos acordado estar en desacuerdo sobre los temas relacionados con la berenjena. La verdad subjetiva, entonces, es simplemente una opinión personal, influenciada por la experiencia, el gusto y las condiciones culturales, y es tan ampliamente variable como la cantidad de personas que hay en el mundo. La verdad subjetiva, entonces, es válida pero sólo de una manera personal.

La verdad deductiva -a la que llegamos a través de la lógica- probablemente puede explicarse mejor a través del ejemplo de un silogismo: todos los peces nadan; una trucha es un pez; por lo tanto, las truchas nadan. Ese es un argumento lógico y bien arraigado, si la premisa es verdadera, entonces la conclusión también debe ser verdadera. Gracias Aristóteles, Wittgenstein y Alfred North Whitehead. Así que cuando queremos tener una discusión productiva acerca de la verdad, normalmente usamos el marco razonable y racional de un camino lógico para alcanzarla. La verdad deductiva, entonces, es universalmente válida.

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La verdad inductiva o científica, la tercera categoría de la verdad, se vuelve un poco más complicada. A partir de observaciones científicas, cuidadosamente hechas y realizadas repetidamente, sacamos conclusiones inductivas sobre realidades más amplias: por ejemplo, sabemos que es cierto que la Tierra se está calentando, porque hemos medido temperaturas en muchos lugares muchas veces durante un periodo de tiempo bastante largo. Tenemos los datos científicos para probar la verdad de esa afirmación.

Pero debido a que la ciencia requiere de re-imaginación y de revisión constante de sus conclusiones (solo pregúntele a Newton o Einstein), con la investigación científica sólo podemos llegar a una versión actual de lo que es “verdadero”. Si soy astrofísico y observo repetidamente que los agujeros negros no tienen masa, por ejemplo; algunos científicos mucho más inteligentes y mejor informados podrán venir en algún momento en el futuro y demostrar que un agujero negro que han logrado medir realmente tiene masa. Y ahí queda mi teoría. La ciencia, por su misma naturaleza, nunca descubre una verdad completamente establecida, porque la verdad inductiva o científica inevitablemente se profundizará, evolucionará, se expandirá y cambiará a medida que cambie nuestra capacidad de medirla y comprenderla. Por su propia naturaleza, la verdad inductiva o científica siempre evoluciona. La verdad científica o inductiva, entonces, es válida hasta que cambia.

Con esas tres categorías de la verdad en mente -subjetiva; deductiva; e inductiva-, aparece este problema: si ignoramos, mezclamos o confundimos estos tres tipos de verdad, tendremos un caos. Esto sucede cuando la verdad subjetiva personal comienza a cruzar en los otros ámbitos, deductivos o inductivos, y la gente comienza a creer realmente que no hay hechos, o que sus firmes opiniones implican que pueden tener su propio conjunto de hechos.

Los escritos de la Fe Bahá’í realmente nos ayudan a aclarar este caos y confusión. Ya que la verdad real, dicen las enseñanzas bahá’ís, es esencialmente una realidad indivisible:

“Primero, concierne a toda la humanidad investigar la verdad. Si tal investigación se realiza, todos estarán de acuerdo y unidos, pues la verdad o realidad no es múltiple; no es divisible. Las diferentes religiones tienen una sola verdad subyacente; por lo tanto, su realidad es una.” – ‘Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, página 121.

No es múltiple y no es divisible, dice ‘Abdu’l-Bahá sobre la verdad. Si eso es cierto, significa que toda realidad y toda verdad se combinan para hacer una única verdad última.

Así que la verdad es una, de acuerdo con las enseñanzas bahá’ís, pero todos la experimentamos de manera diferente. El mundo tiene un océano, pero lo llamamos por diferentes nombres dependiendo de nuestra geografía. Todos vivimos en un orbe en un sistema solar en un universo, pero nadie tiene exactamente la misma vida que cualquier otra persona. La realidad es una, pero cada uno de nosotros la procesa y la entiende a través de nuestras culturas, mentes y almas individuales. Las manifestaciones de la verdad son una, pero las escrituras, los profetas y los sabios varían de una época a la siguiente. La religión es una, a pesar de que viene a nosotros a través de diferentes mensajeros que aparecen en diferentes épocas a diferentes pueblos.

Nuestra tarea, entonces, como seres humanos, implica descubrir una verdad superior, y despertar la conciencia de su unicidad. En el próximo artículo de esta serie, examinaremos cómo puede suceder esto: si mantenemos una mente abierta acerca del pluralismo de la religión, y si decimos la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

The opinions and views expressed in this article are those of the author only and do not necessarily reflect the opinion of BahaiTeachings.org or any institution of the Baha’i Faith.

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