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Cuando comencé mi cuenta de Instagram hace cuatro meses, lo hice con un propósito espiritual.

Como bahá’í con una firme creencia en la unidad de la humanidad, estoy muy interesada en ver cómo la unión de las personas en las redes sociales a través de razas, clases y géneros podrían enriquecer nuestra experiencia colectiva de unidad.

Decidí iniciar sesión en ese mundo de Instagram con la intención de no mirarnos“… como extraños los unos a los otros. Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una misma rama”. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 108.

Instagram, debido a su naturaleza global, parecía ser un lugar perfecto para reafirmar las enseñanzas de Bahá’u’lláh de unificar a la humanidad en una causa universal.

Unirnos con los demás, a través de un sentido de humanidad como las “hojas de una misma rama y olas de un mismo mar”, parecía una perspectiva atractiva. Había usado antes herramientas en línea para tutorías y reuniones, pero nunca para conectarme con extraños.

Un aviso: mis hijas adolescentes respondieron a la noticia de mi aventura en Instagram con una preocupación leve pero genuina. “Mamá, eso es una pérdida de tiempo”, dijeron, “vas a odiarlo”, dijeron ambas. Sabiendo cuánto me disgustaba su uso excesivo de la tecnología, eran muy expertas para señalar mis prejuicios.

Sin embargo, tenía una misión: entender cómo utilizar las redes sociales como una fuerza para el bien, para atraer y reunir a personas con ideas afines en temas relacionados con el emprendimiento social, el cambio social, las prácticas comerciales éticas y la sostenibilidad. En los escritos bahá’ís, Shoghi Effendi dijo muy claramente que el principio de unidad implica mucho más que el amor y la tolerancia, en cambio, exige un cambio fundamental en la estructura de la sociedad:

Que no haya malentendidos. El principio de la Unicidad de la Humanidad – eje en torno al cual giran todas las enseñanzas de Bahá’u’lláh- no es un mero brote de sentimentalismo ignorante o una expresión de esperanzas vagas y piadosas…

Representa la consumación de la evolución humana, evolución que ha tenido sus primeros inicios en el nacimiento de la vida familiar, su posterior desarrollo en la consecución de la solidaridad tribal, la cual condujo a su vez a la constitución de la ciudad-estado, y después se extendió para convertirse en la institución de naciones independientes y soberanas.

El principio de la Unicidad de la Humanidad, según lo proclamó Bahá’u’lláh, lleva consigo ni más ni menos que la solemne afirmación de que el logro de esa etapa final en esta evolución formidable no solo es necesario sino inevitable, que su realización es se aproxima rápidamente y que nada que no sea un poder originado en Dios conseguirá establecerlo. – Shoghi Effendi, El Orden Mundial de Bahá’u’lláh, pág. 79.

Con mil millones de usuarios activos, Instagram parecía ser uno de los lugares más inclusivos para probar cómo el medio podía ayudarnos a reorganizar nuestras sociedades, pero para poder hacer esto tenía que comenzar desde el principio. No sabía qué era una “historia”, o incluso hashtags. También me di cuenta de que estaba atrasada por una generación y muchos años, por lo que, después de 30 días y solo 200 seguidores, acudí a los expertos para poder entender cómo atraer y relacionarme con extraños que también querían ser agentes de cambio en su comunidad hacia un mundo mejor.

Buscando aprender más, le pregunté a una amiga que era una persona influyente en Instagram, además de las amigas de mis hijas (de 16 a 21 años) sobre cómo usar mejor el medio. Ambos respondieron que les costó mucho esfuerzo, que publicaban cosas a menudo, y seguían a otros que los seguirían a cambio. Vi algunos tutoriales sobre cómo construir un buen perfil, pero resistí la tentación de pagar $ 350 dólares por un curso o anuncios de patrocinadores.

En cambio, observé las imágenes que compartían los jóvenes bahá’ís y me encontré conmovida por aquel mundo alternativo y las perspectivas de amistad y belleza que expresaban, en consonancia también con la orientación única de Bahá’u’lláh:

Os exhortamos, oh pueblos del mundo, a observar aquello que eleve vuestra posición… En adelante todos deben expresar lo que es decoroso y digno, y deben abstenerse de la calumnia, de la injuria y de todo cuanto pueda causar tristeza a los hombres. ¡Sublime es la posición del hombre! –   Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 142

Estuve revisando las publicaciones de citas de las enseñanzas bahá’ís a diario debido a la belleza, el humor y la elevación que estas proporcionan. De manera similar, busqué fuentes de citas de Rumi y Rudolf Steiner, y encontré que el trabajo de muchos fotógrafos y artistas también era especialmente espiritual. Seguí a los autores de las citas y encontré que muchos eran mentores de vida o entrenadores de liderazgo.

Poco a poco me di cuenta de que Instagram funcionaba como un medio para compartir ideas y también ofrecer talleres, tutoriales, entrenamiento e ideas sobre la vida y cómo vivirla. Sin embargo, cuanto más miraba, más encontraba también a las personas que monetizaban sus ideas con ofertas para “comprar seguidores” y “aprender a ser un influenciador”. Me recordó que todavía nos queda por delante progreso por alcanzar.

Entonces, ¿cómo podemos avanzar hacia la unidad, la acción colectiva y la unidad de la humanidad? Volviendo de nuevo a los escritos bahá’ís, leí esto: “Sea lo que fuere que la lengua de un hombre hable, que lo pruebe con sus acciones”. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 106. Evidentemente, no ocurre mucha acción real en línea, sin importar cuán hermosas sean las imágenes o los sentimientos.

Además, incluso en lo que se refiere a ser positivo, dada la gran cantidad de contenido y comentarios compartidos, no todo lo que existía en aquella red parecía elevar la condición humana. Me vi obligada a examinar esto, incluso usando palabras de moda y otras herramientas para embellecer mis publicaciones, el “índice de inversión/seguidores” durante ese tiempo fue negativo. Mi conclusión: no estoy segura de que Instagram pueda cambiar este comportamiento. Hmmm.

Seis meses después, sin un aumento significativo en los resultados, decidí reenfocar mis esfuerzos al mundo real. Me uní a un círculo de estudio bahá’í para convertirme en tutora, abrí nuestro hogar a un grupo de empoderamiento prejuvenil, así como a otro curso bahá’í sobre el crecimiento espiritual personal. Estoy reflexionando sobre las oraciones y el significado de la vida y la muerte desde una perspectiva espiritual, y planifico hablar pronto en una conferencia sobre asuntos éticos inspirada por los bahá’ís. Además, como pueden ver, estoy escribiendo artículos para BahaiTeachings.org.

Estoy agradecida de reflexionar, a través de mi experiencia en las redes sociales, sobre cómo pueden avanzar mis acciones en mi vida diaria, cómo puedo ser franca y cariñosa, y analítica pero respetuosa. En el trabajo y con mis amigos, me esfuerzo por expresar ideas con confianza, pero con modestia, para ser culta pero generosa, amable y genuina.  Mi experiencia con las redes sociales me ayudó a estar más vigilante y abierta, capacitada y atenta en donde elijo gastar mi tiempo. ¡Nos vemos en una reunión devocional, un círculo de estudio bahá’í o aquí mismo en línea!

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