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Todos nacemos de dos personas, nuestros padres, quienes cada uno tiene sus propios padres, nuestros abuelos. Esas relaciones crean el bloque de construcción fundamental de la familia.

Podemos tener hermanos y hermanas. Si nuestros hermanos crecen y tienen hijos, nos convertimos en tíos y tías de esos niños. Nuestros padres pueden tener hermanos y hermanas, nuestros tíos y tías, y sus hijos son nuestros primos. Luego hay primos segundo y tercero, y así sucesivamente. Cada uno de nosotros existe en una red de estas relaciones familiares.

En otras palabras, cada nacimiento es la causa de una relación humana, y generalmente muchas relaciones:

La familia no es algo importante. Lo es todo. – Michael J. Fox

No eliges a tu familia Son un regalo de Dios para ti, como lo eres para ellos. – Desmond Tutu

Dejemos los argumentos discordantes que se refieren a las formas exteriores, y reunámonos para apresurar el establecimiento de la Divina Causa de la unidad, hasta que toda la humanidad se considere a sí misma como una sola familia, unidos todos en el amor. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, p. 127.

Mi hermano menor y yo fuimos bendecidos con dos familias inmediatas mientras crecíamos. Los padres de mi madre eran católicos irlandeses y provenían de Princeton, Nueva Jersey. Los padres de mi padre también eran de Princeton, ya que mis padres se enamoraron en la escuela secundaria y se fugaron poco después de la graduación. Mi abuela paterna, Mary, era una protestante blanca y anglosajona, y mi abuelo paterno, Frank, era italiano, una unión temperamental. Él falleció en un accidente automovilístico cuando mi padre tenía solo dieciséis años. Debido a esa pérdida y dado que mis abuelos cambiaron su nombre cuando migraron de su país, tenía muy poco conocimiento sobre mi herencia italiana.

Cuando tenía 24 años, mi esposa Janet y yo visitamos a mi abuela por el Día de la Madre. La abuela le dio a Janet un pequeño recipiente con perfume y esperó expectante nuestra respuesta.

“Gracias, abuela, necesitaba uno”, dijo Janet.

“¿Notan algo diferente en este regalo?”, dijo la abuela.

“Ah, es muy agradable, Nina Ricci es una buena marca”.

“Sí, de eso estoy hablando, el nombre. ¿Notaste algo?”.

Um, no abuela, ¿deberíamos?”.

“Oh, pensé que lo sabías, pero supongo que no. El nombre original de tu abuelo era Ricci, ¿no lo sabías?”

“Ah, no abuela, wow, eso es sensacional. Gracias por decirnos “.

Siempre me había preguntado por qué amaba, amaba, ¡todo tipo de comida italiana!

Tengo vagos recuerdos de mis bisabuelos italianos, recuerdo las grandes cenas italianas en su casa. Más tarde, después del divorcio de mi madre cuando tenía cuatro años, y su nuevo matrimonio con un italiano en 1962, mi hermano, mis tres nuevos hermanos, Janet, nuestros hijos y yo, disfrutamos noches de pasta los miércoles por la noche en su casa. Esto comenzó en la década de 1990. Somos una familia unida, sin animosidades, solo respeto, amor y admiración mutua, y esas noches de pasta reforzaron esa cercanía y camaradería. Nos ayudaron a conocernos mucho mejor a medida que crecíamos en adultos con nuestras propias familias, pruebas, preocupaciones y logros.

Cada familia tiene sus recuerdos y experiencias compartidas, ya sean conmemoraciones de días festivos, días de campo y salidas, cumpleaños y celebraciones de aniversario, graduaciones, exámenes físicos o de otro tipo, y muchos más. Es una gran bendición tener una familia sana, amistosa y unificada.

¿Cuánto más sería extender esos sentimientos de calidez, felicidad, interés, cuidado y amor a cada ser humano?

Los profetas de Dios han hecho un llamado a cada ser humano a ser tan cercanos, cariñosos y amorosos como he tenido la bendición de ver de primera mano en mi propia familia.

Sabemos que el amor por nuestra familia se puede expandir para incluir el amor de otros grupos. Abdu’l-Bahá lo expresó así en una de sus charlas en París en 1911:

Existen muchos modos de expresar el principio del amor; existe el amor por la familia, por la patria, por la raza; hay entusiasmo político; existe también el amor de la sociedad por el servicio. Todas éstas son maneras y medios de expresar el poder del amor. Sin esos medios, el amor permanecería oculto, sin ser oído ni percibido, absolutamente inexpresado, sin posibilidad de manifestarse. El agua muestra su poder de diferentes modos, satisfaciendo la sed, favoreciendo el desarrollo de la semilla, etc. El carbón expresa uno de sus principios en la luz a gas, y uno de los poderes de la electricidad se pone de manifiesto en la luz eléctrica. Si no existieran ni el gas ni la electricidad, las noches del mundo serían profundas tinieblas. Es necesario, por tanto, tener un instrumento, un motivo para la manifestación del amor, un objeto, un modo de expresión.

Debemos encontrar el modo de difundir el amor entre los hijos de la humanidad. – Ibid., p. 36.

La religión ha sido una fuerza poderosa para la expresión del amor entre los pueblos y las naciones. Primero, en todas las religiones hay amor por sus líderes y santos. En segundo lugar, hay amor de sus seguidores hacia otros seguidores. Tercero, ese amor abarca otras culturas, naciones, credos y realidades, hasta que se difunda entre los pueblos de toda la Tierra.

En todos los casos, el amor comienza con el individuo y brilla exteriormente. Debemos amarnos y respetarnos a nosotros mismos para abarcar y poseer completamente ese amor. Las enseñanzas bahá’ís dicen que el conocimiento de Dios expresado en la religión nos ayuda a descubrir ese amor en nosotros y ofrece medios y métodos para expresarlo a los demás:

¡OH HIJO DEL SER!
Ámame, para que Yo te ame. Si tú no me amas mi amor jamás llegará a ti. Sábelo, oh siervo. – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, p. 4.

Amar a Dios es una preciosa bendición que expande nuestra visión del mundo, de todos y cada cosa en él. Una vez encontrado, nuestra inclinación natural es compartir nuestro ser recién descubierto con otros, compartir la riqueza por así decirlo, como ofrecer un perfume para que otros puedan inhalar su dulce fragancia y se llenen de amor. Es por eso que hay innumerables ejemplos de santos y mártires en la historia y viviendo a nuestro alrededor, realizando la obra de Dios, buenas obras, amando la justicia, la paz y la felicidad para todos los seres humanos en el planeta.

¡OH HIJO DEL ESPÍRITU!
Con las felices nuevas de la luz te saludo, ¡regocíjate! Te llamo a la corte de santidad, habita allí para que vivas en paz eternamente. – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, p. 11.

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