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En aquel proceso sagrado y transformador de la vida al que llamamos matrimonio, una pareja comienza a unirse eternamente y a construir una familia nueva y próspera.

Ese viaje trae sorpresas y desafíos a cada paso, y mientras muchos matrimonios duran toda la vida, otros fracasan en el camino.

Las características y fortalezas del matrimonio y la vida familiar bahá’í, además del principio bahá’í de igualdad de derechos entre hombres y mujeres, está basada en una profunda unidad y amor entre los miembros de la familia. En un matrimonio donde la unidad se convierte en el sello distintivo de la vida de una pareja, es más probable que las diferentes ideas y hábitos se resuelvan con paciencia y sabiduría:

El propósito fundamental que anima a la Fe de Dios y su Religión es proteger los intereses de la raza humana, promover su unidad y estimular el espíritu de amor y fraternidad…- Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 113.

Por supuesto, las personas tienen diferentes perspectivas culturales y sociales sobre la unidad en un matrimonio. Pero en todas las culturas y sociedades, dos fuerzas poderosas ayudan a construir una vida marital fuerte y feliz: los vínculos físicos y espirituales.

En algunas culturas, especialmente en Occidente, ponemos un énfasis excesivo en la atracción física como la fuerza dominante en la vida marital. Pero la atracción física, por importante que sea, es temporal y superficial. Además, esta se será inevitablemente desafiada con el paso del tiempo y cuando se familiaricen con los hábitos y comportamientos positivos y negativos del otro, especialmente cuando se enfrentan a dificultades y crisis en su vida conyugal. A menos que la pareja tenga una comprensión más profunda del significado espiritual y el propósito del matrimonio como institución, seguirán enfocándose únicamente en los aspectos negativos de cada uno y, en consecuencia, su relación puede agriarse y llevar a la desunión y al conflicto.

Las enseñanzas bahá’ís explican que el vínculo físico por sí solo no durará, ya que está destinado a la separación al final, enfatizando que:

…el matrimonio debe ser la unión del cuerpo como así también del espíritu… para que esa unión perdure en todas las etapas de la vida y en todos los mundos de Dios; pues esta unicidad real es un destello del amor de Dios. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág.89.

La relación espiritual entre la pareja fortalece el matrimonio como un bastión duradero, porque los seres humanos son básicamente espirituales:

El verdadero matrimonio de los bahá’ís consiste en que el esposo y la esposa se unan tanto espiritual como físicamente, para que siempre se mejoren mutuamente la vida espiritual y gocen de unidad sempiterna en todos los mundos de Dios. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág.90.

Pero ¿qué es el amor verdadero y qué no? El verdadero amor es aquel profundo y auténtico amor que viene del corazón entre los esposos. Va más allá de la belleza física, el encanto y la atracción. Está estrechamente conectado con nuestra naturaleza superior o espiritual. Es un vínculo celestial que no es un producto material de la cultura de consumo, ni está influido por la fuerza del egoísmo. Las enseñanzas bahá’ís dicen que el verdadero amor:

…es inspirado por el ideal de la unidad de los espíritus. Este amor se alcanza a través del conocimiento de Dios; de este modo, el ser humano ve reflejado el Amor Divino en su corazón. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 220.

Y ¿qué es la mera fascinación y, por consiguiente, no amor?

Pero el amor que alguna vez existe entre amigos no es [verdadero] amor, puesto que está sujeto a la transmutación; no es más que mera fascinación. – Ibid.

En tales individuos, las emociones a menudo tienden a dominar la razón y oscurecen el propósito final del matrimonio y la vida familiar.

Cuando el matrimonio no se basa en la sabiduría, los principios morales y la percepción espiritual, este está destinado a perecer.  Algunos estudios muestran que entre las principales causas más frecuentes de separación y divorcio en el mundo occidental se encuentran la infidelidad, los problemas financieros y la mala comunicación entre los cónyuges.  La violencia doméstica también es común. En un mundo donde la santidad del matrimonio sufre, los escritos bahá’ís defienden y fortalecen el matrimonio y la vida familiar, exaltándola como una “institución sagrada” y una “fortaleza para el bienestar”. El matrimonio, como todo ser vivo, necesita atención cuidadosa y paciente.

Abdu’l-Bahá aconsejó a las parejas casadas que su vida en común debe parecerse a “los ángeles en el cielo y que deben demostrar “una vida llena de alegría y deleite espiritual, una vida de unidad y concordia, una amistad tanto mental como física”.  Cuando las noticias de la boda de una joven pareja llegaron a él, por ejemplo, él respondió que su unión, “…infundió infinita alegría y gratitud. Loado sea Dios porque esas dos fieles aves se han cobijado en un solo nido”.- Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 91.

Si una pareja vive en este espíritu de amor, como compañeros y amigos íntimos, Él agregó:

…pasarán por este mundo con perfecto contento, arrobamiento y paz del corazón, y llegarán a ser el objeto de la gracia y del favor divinos en el Reino del cielo. – Ibid., pág. 93.

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