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Mi amigo virtual, Mycroft, dijo estar desconcertado por las diferencias con respecto al origen de la creación contenidas en los diversos libros sagrados.

Él dijo: “Pero Muhammad dio tres versiones diferentes del origen del hombre (el fue creado de la arcilla, del agua, del “semen de agua despreciada”).

La declaración de mi amigo es, para mí, un ejemplo de pensamiento binario. Para ilustrar, hay un punto en los evangelios en el que Jesús está tratando de transmitir a sus discípulos cómo es la venida del Reino de Dios. En Lucas 13: 18-21, dice que es como un gran árbol que alberga una pequeña semilla y que es como una mujer amasando levadura en harina, específicamente, tres medidas de harina.

Existen al menos dos y tal vez tres formas de abordar estas afirmaciones. Uno puede:

  1. Decir: “Bueno, ¿cuál es?” No puede ser ambas cosas.
  2. Elegir una descripción, y tomarla literalmente, suponiendo que Cristo quiso decir que Dios se encarnaría a sí mismo como mujer y literalmente amasaría levadura en harina, de alguna manera mágicamente provocaría el Reino prometido.
  3. Reconocer que se está utilizando un ejemplo material para describir algo no material y preguntar “¿qué tienen en común estas dos metáforas?”. En este caso, lo que tienen en común es que tanto el cultivo del árbol como el amasado de la masa son procesos orgánicos que requieren tiempo y esfuerzo.

Entonces, ¿qué tienen en común los ejemplos de Muhammad Todos son elementos físicos que durante mucho tiempo se han asociado con el cuerpo humano: arcilla y agua; sustancia sólida y fluidos, de los que todo cuerpo humano está compuesto.

Los científicos de hoy hablan de que estamos hechos de “materia estelar”, lo cual no significa que vamos a emitir grandes cantidades de luz y calor y que nos convertiremos en estrellas nova algún día, sino que nuestros cuerpos están formados por los mismos elementos que el resto del universo: La frase “materia estelar” es una de las muchas metáforas utilizadas en la literatura científica, y se utiliza por la misma razón que en la revelación religiosa: porque carecemos de la capacidad para entender directamente una cosa y / o carecemos del lenguaje para describirlo.

Los científicos también hablan de las estrellas que nacen en capullos de gases interestelares, de agujeros negros, de súper cuerdas, de campos. La ciencia usa palabras como noble para describir ciertos gases. Estas palabras se usan de forma diferente fuera del entorno no científico, pero haz una pausa para apreciar lo que sucede si alguien toma esas metáforas literalmente. Podrían creer que las estrellas son como las mariposas y nacen en capullos flotantes en el espacio, que el fenómeno al que llamamos agujero negro es realmente negro y realmente un agujero, o que existen cadenas flotando en los campos del espacio (¿campos elíseos? ¿Campos de sueños?), y que algunos gases son literalmente más nobles que otros y, por lo tanto, los otros gases están sometidos a ellos.

Cuando un nuevo descubrimiento conmociona a las ciencias, consideramos lógico ajustar nuestra visión del mundo para incorporar la nueva información. Pensemos en el concepto de Éter, este fue aceptado, luego desacreditado y posteriormente este se reafirmó bajo una comprensión diferente y más matizada en el ámbito de la mecánica cuántica. Yo pensaría que mi amigo Mycroft y otros que comparten su visión del mundo se alegrarían de ver que, de la misma manera, el pensamiento religioso puede ser refinado y ajustado por los nuevos descubrimientos que hacemos sobre nuestro mundo y de nosotros mismos.

Lamentablemente, tal no es el caso. Lo que se considera un comportamiento racional en un contexto se ve en el otro como una tergiversación irracional.

En las enseñanzas bahá’ís, Bahá’u’lláh y Abdu’l-Bahá escribieron abundantemente sobre la razón y la importancia de la adquisición de conocimiento, tanto espiritual como científico. La religión se revela en estos escritos como algo orgánico, destinada a evolucionar desde el inicio, a medida que la humanidad y todo lo demás evoluciona.

Las afirmaciones de las enseñanzas bahá’ís sobre la naturaleza del universo y la religión me hicieron estudiar las escrituras con las que había crecido de una forma mucho más completa y racional que antes. He leído los textos bíblicos -en especial las palabras de Cristo, con la vista puesta en la extracción de conocimiento y la comprensión más sobre la vida humana. Me di cuenta, como nunca antes, de que Cristo (y, de hecho, Buda, Krishna, Muhammad, entre otros reclamantes de recibir la revelación divina) también trataron de enmarcar las enseñanzas de sus creencias como parte de un proceso evolutivo.

[La religión] debe ser viviente, vital, dinámica y progresiva. Si no tuviese movimiento y no progresase, estaría sin la vida divina; estaría muerta. Las instituciones divinas están continuamente activas y son evolutivas; por lo tanto, su revelación debe ser progresiva y continua… Las ciencias de edades pasadas y las filosofías de antaño son inútiles hoy día. Las exigencias de la hora presente demandan nuevos métodos de solución; los problemas mundiales no tienen precedente…

En vista de ello, ¿continuarán las ciegas imitaciones de formas ancestrales e interpretaciones teológicas guiando y controlando la vida religiosa y el desarrollo espiritual de la humanidad, hoy día? ¿El hombre, dotado con el poder de la razón, seguirá adhiriéndose irreflexivamente a los dogmas, credos y creencias hereditarias que no soportan el análisis del raciocinio en este siglo de esplendorosa realidad? – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 155.

Con respecto a mi conversación con mi amigo ateo Mycroft, me sorprendió descubrir que él, siendo ateo, era el que insistía en que todas las escrituras debían ser tomadas literalmente y que, por lo tanto, para cualquier persona religiosa, la evolución era no era posible.

La ironía puede ser bastante irónica.

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