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Los problemas del mundo se podrían abordar usando muchas estrategias diferentes, entonces, ¿por qué los bahá’ís centran sus esfuerzos en la construcción de la comunidad?

Los seguidores de la Fe Bahá’í en todo el mundo, junto con sus amigos de diversos orígenes y religiones, participan en un proceso llamado “construcción de comunidad”. A través de actividades como clases para niños, grupos para adolescentes, reuniones de oración y grupos de estudio abiertos a todos, trabajan para compartir el mensaje de las enseñanzas bahá’ís en un ambiente de apoyo, diverso y alegre, enseñanzas como:

“Sé generoso en la prosperidad y agradecido en la adversidad. Sé digno de la confianza de tu prójimo y mírale con rostro resplandeciente y amistoso. Sé para el pobre un tesoro, para el rico, un amonestador; sé uno que responde al llamado del menesteroso, y guarda la santidad de tu promesa. Sé recto en tu juicio y moderado en tu palabra. No seas injusto con nadie, y a todos muestra mansedumbre. Sé como una lámpara para quienes andan en tinieblas, una alegría para los entristecidos, un mar para los sedientos, un asilo para los afligidos, un sostenedor y defensor de la víctima de la opresión. Que la integridad y rectitud distingan todos tus actos. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 150.

Mediante el estudio de estos escritos y los actos de servicio desinteresado inspirados en los conceptos aprendidos, estas actividades involucran diferentes características demográficas de la población en conversaciones sobre su naturaleza espiritual, su propósito en la vida y su identidad como una comunidad que debe mostrar unidad en su diversidad. Los bahá’ís y sus amigos de diferentes edades, razas y orígenes socioeconómicos hacen un gran esfuerzo para que estas actividades prosperen en todo el mundo.

Pero ¿por qué centrarse en la construcción de comunidad? Seguramente hay muchas maneras diferentes de servir. ¿Por qué los bahá’ís no redirigen sus energías a cosas que ya están implementadas, como comedores populares, organizaciones sin fines de lucro o eventos de caridad? ¿Seguramente eso es más práctico?

Abdu’l-Bahá , el hijo del Fundador de la Fe Bahá’í, escribió sobre la importancia de apuntar hacia el desarrollo espiritual, en lugar de centrarse únicamente en el progreso material:

… aunque la civilización material es uno de los medios para el progreso del mundo de la humanidad, empero, mientras no llegue a combinarse con la Civilización divina, no se logrará el resultado deseado, el cual es la felicidad de la humanidad.

La civilización material es como el cristal de la lámpara La Civilización divina es la lámpara misma y el cristal sin la luz es oscuro. La civilización material es como el cuerpo. Por muy agraciado, elegante y hermoso que pueda ser, está muerto. La Civilización divina es como el espíritu y el cuerpo recibe vida del espíritu, de lo contrario pasa a ser un cadáver. Así, se ha puesto en evidencia que el mundo de la humanidad tiene necesidad de los hálitos del Espíritu Santo. Sin el espíritu, el mundo de la humanidad carece de vida, y sin esta luz el mundo de la humanidad se halla en la oscuridad absoluta. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 226.

El enfoque de la Fe Bahá’í para construir una sociedad mejor apunta a abordar los problemas que se encuentran debajo de los más evidentes. En lugar de centrarse solo en las circunstancias materiales, este se centra en los agentes del cambio: las personas mismas.

Los escritos bahá’ís dicen: “Considerad al hombre como una mina rica en gemas de inestimable valor. La educación puede, ella sola, hacer que revele sus tesoros y permitir que la humanidad se beneficie de ellos”. (Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 107) Y así, los esfuerzos de construcción de comunidad se centran en la educación; no solo una educación material, aunque esta también es importante, sino también una educación espiritual.

A través de la exploración de temas espirituales, los niños, jóvenes y adultos se equipan con herramientas que muchos de nosotros luchamos por encontrar en el mundo moderno, como la paciencia, la compasión y un sentido de amor genuino y responsabilidad hacia nuestro vecindario. En una sociedad que tiene tantos problemas con la disminución de autoestima, la falta de identidad, la falta de sentido de agencia o “adaptación”, estas cualidades se convierten en un activo importante para resolver problemas que no se pueden resolver con dinero o bienes materiales.

Alimentar a una persona es ciertamente importante, ya que debemos erradicar el hambre, pero solo a través de la educación y una exploración genuina de nuestra realidad, trabajando juntos, podemos erradicar los elementos que crean las circunstancias para la existencia del hambre: una falta de compasión entre los privilegiados, disminución de la autoestima de los desfavorecidos y la ausencia de unidad que podría unir a ambos.

Esto no significa que los bahá’ís no participen en esfuerzos para erradicar problemas materiales en la sociedad. Las enseñanzas bahá’ís alientan a todos a ser activos en su comunidad y trabajar arduamente para resolver los problemas espirituales y materiales de nuestra era. Pero mientras nos unimos a otros y ayudamos a alimentar a los hambrientos, ayudamos a los necesitados y curamos a los enfermos, también tratamos de observar el verdadero problema subyacente: la falta de un sentido de comunidad que pueda romper el ciclo de sufrimiento.

Para muchos de nosotros, comenzar nuestras propias actividades en nuestras comunidades, muchas veces solos o en pequeños equipos, puede parecer desalentador. Después de todo, puede ser difícil comenzar algo desde cero. Pero invertir tiempo y esfuerzo en la construcción de comunidad es garantizar un marco excelente en el que podamos encontrar soluciones a las necesidades de una comunidad, soluciones que no son formuladas, sino que toman en cuenta las circunstancias particulares de cada lugar. A través del estudio de los conceptos espirituales, una comunidad descubre sus capacidades ocultas que pueden canalizarse para ayudar a quienes los rodean. Y así, a través de actos de servicio, se puede lograr un gran cambio material.

Pero lo más importante, estos actos son evidencia de un cambio mucho mayor: una nueva forma de pensar desarrollada a través de actividades de construcción de comunidad. Los actos de caridad no serán eventos aislados para hacernos sentir bien con nosotros mismos: son parte de un esfuerzo planificado en nombre de todos en la comunidad, para mejorar el modo de vida de todos, tanto material como espiritualmente.

La dicha y el orgullo de una nación consisten en esto, a saber, en que brille como el sol en el alto cielo del conocimiento… Y el honor y distinción de la persona consisten en que, de entre toda la muchedumbre del mundo, se convierta ella en una fuente de bien social. ¿Hay merced concebible mayor que ésta, que el hecho de que una persona, mirando dentro de sí, encuentre que por medio de la gracia confirmadora de Dios se ha convertido ella en la causa de la paz y bienestar, de la felicidad y adelanto de sus congéneres? – Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, pág. 6.

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