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Alguien me dijo una vez que la vida sigue dándote el mismo desafío hasta que aprendas a superarlo.

Si bien no estoy segura de que esto sea cierto para todos, esta supuesta “regla del universo” ha demostrado ser cierta en mi vida. Como bahá’í, estoy aprendiendo a ver estos desafíos como parte del viaje humano por adquirir perfecciones espirituales y entender que al superar los desafíos que enfrento una y otra vez, me volveré más fuerte, tanto mental como espiritualmente.

Abdu’l-Bahá, el hijo del fundador de la Fe Bahá’í, dijo:

La mente y el espíritu del ser humano avanzan cuando es probado por el sufrimiento. Cuanto más se are la tierra mejor crecerá la semilla y tanto mejor será la cosecha. Así como el arado surca la tierra profundamente, limpiándola de cardos y malezas, del mismo modo el sufrimiento y la tribulación liberan al ser humano de las mezquindades de esta vida mundana, hasta que alcanza un estado de completo desprendimiento. Su actitud en este mundo será de divina felicidad. El ser humano es, por así decirlo, inmaduro; el calor del fuego del sufrimiento lo madurará. Fijaros en el pasado y descubriréis que las personas más notables son las que más sufrieron. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 217.

A lo largo de mi viaje por encontrar a mi amor a largo plazo, una persona con quien construir una vida, el miedo al rechazo me trajo desafíos. Me cuesta enfrentar el rechazo de las personas a las que he permitido acercarse a mi corazón. Temo ser rechazada por mis amigos y me resisto a separarme de relaciones románticas incluso cuando ellos quieren que la relación termine. Cuando se trata de relaciones, me resulta difícil “dejar ir y confiar en Dios”.

Me empezó a gustarme alguien y a él yo le gusté. Pero él comenzó a mostrar actitudes que pensé no eran lo mejor para mí, pero aun así no hice caso a esas señales con la esperanza de que los problemas se resolvieran o desaparecieran, pero al final ya sospechaba que la relación terminaría mal. Era como caminar hasta sobre un puente de madera. Inicialmente no vi agujeros en el puente, pero al acercarme pude ver que la madera era vieja e inestable. Caminé sobre este de todos modos y al principio parecía estar bien, pero mientras seguía caminando, me caí al romperse una parte del puente. Trozos de madera comenzaron a caer. En lugar de retroceder, seguí caminando, y finalmente todo se derrumbó.

A pesar de esta experiencia, la próxima vez que vi un puente inestable, estaba tan atraída como la primera vez y el ciclo se repitió.

Si bien este patrón específico parece exclusivo de mis propias tendencias y defectos personales, todos tenemos un “puente” de algún tipo: desafíos o pruebas que aparecen una y otra vez. A veces somos buenos para pasar las pruebas de la vida y aprendemos a superar desafíos que solían ser difíciles con sabiduría y facilidad. Otras veces, caemos en ciclos improductivos.

Entonces, ¿cómo podemos superar estos viejos hábitos y romper patrones no deseados?

Para romper un hábito o patrón, es útil entender cómo funciona el patrón. Pero procesar esos patrones con una mente llena de conmoción y sin comprensión hace que romperlos sea poco probable.

Descubrí que la reflexión me ayuda a aprender de esta parte de mí misma. Los escritos bahá’ís nos animan a todos a aclarar nuestras mentes y meditar profundamente, porque la meditación nos puede ayudar a tener más claridad:

Medita profundamente para que te sea revelado el secreto de cosas invisibles, aspires una fragancia espiritual imperecedera y reconozcas el hecho de que, desde tiempo inmemorial, el Todopoderoso ha probado a Sus siervos y continuará probándoles hasta la eternidad, a fin de que la luz sea distinguida de las tinieblas; la verdad, de la falsedad; lo justo, de lo injusto; la guía, del error; la felicidad, del infortunio; y las rosas, de las espinas. – Bahá’u’lláh, El libro de la certeza, pág. 12.

En mi caso, entendí que me resulta difícil confiar en que otras personas buenas se cruzarán en mi camino. También tiendo a empatizar en exceso y poner excusas en defensa de esas personas, en lugar de dejar espacio para separarme naturalmente de aquellas personas que no me quieren en su vida. Mi desafío: reconocer las banderas rojas y, en lugar de tratar de conquistar a alguien, darme la oportunidad de explorar en otro lugar.

Ahora que tengo una comprensión decente de esta tendencia en mi conducta, la pregunta se ha convertido en “¿ahora qué sigue?”. Entiendo por qué ciertas cosas son difíciles para mí, pero si no quiero repetir los mismos errores, algo tiene que cambiar. Tengo que dejar de poner a la empatía como una excusa para dejar que otros me falten al respeto.

Hacer grandes cambios en la forma en que interactúo con los demás requiere confianza en Dios, confianza en que incluso si las cosas son incómodas por un tiempo, la voluntad de cambiar finalmente vale la pena. Y más allá de confianza, eso requiere acción. No puedo simplemente orar por un cambio interno: necesito convertirme en el cambio que quiero ver y dejar que el resto se acomode. La oración y la meditación pueden ofrecerme una guía para lograr superar estos hábitos, pero finalmente necesito efectuar un cambio interno en mi corazón y un cambio externo en las formas en que actúo en el mundo.

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