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Las enseñanzas bahá’ís dicen que hasta que alcancemos la era de la igualdad de género y la educación universal, no podremos siquiera imaginar los poderes espirituales completos que revelará una familia intergeneracional.

Mientras tanto, ya tenemos una notable guía espiritual que ilustra cómo cada persona en la familia (madre, padre, hijo, hija) tiene un papel importante y distintivo que cumplir. Puede ser útil pensar en estos como roles arquetípicos, como ideales, como posibilidades, para no quedar atrapados en las condiciones sociales y familiares reales que vemos hoy. Los roles espirituales descritos aquí realmente se refieren a perfecciones futuras, a las que todos podemos aspirar.

La paternidad

Dado que la biología solo permite que la madre dé a luz y dé de lactar durante la infancia, se hace evidente por qué los principios bahá’ís asignan al padre la principal responsabilidad económica de la familia. Por lo tanto, se requiere que el hombre bahá’í se prepare para cumplir ese rol y ofrezca este servicio a su esposa, a sus hijos y, por lo tanto, al mundo. Pero esta responsabilidad denota una función especializada entre funciones igualmente importantes, y no de dominio, como en los sistemas anteriores:

La integridad del lazo familiar debe tenerse en cuenta constantemente y los derechos de sus miembros individuales no deben ser transgredidos. Los derechos del hijo, del padre, de la madre, ninguno de ellos debe ser transgredido, ningún de ellos debe ser arbitrario. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 182.

Esta descripción del esposo como “cabeza” de la familia no confiere superioridad al esposo ni le otorga derechos especiales para socavar los derechos de los demás miembros de su familia. – La Casa Universal de Justicia, Mensajes 1963 a 1986, p. 63.

Lejos de competir con sus hijos, las enseñanzas bahá’ís atribuyen la gloria y el renombre de los padres que logran dedicarse a transmitir y desarrollar en sus hijos e hijas las mejores cualidades y recursos que cada padre tiene para brindar.

La maternidad

De toda la creación, Dios eligió solo un lugar para su propia habitación, y ese es el corazón humano. ¿A quién, entonces, confió el cuidado temprano de estos pequeños tesoros vulnerables? Los confió a las madres:

¡Oh madres amorosas! Sabed que a la vista de Dios la mejor de todas las maneras de adorarle es educando a los niños e instruyéndolos en todas las perfecciones de la humanidad; y no puede imaginarse una acción más noble que ésta. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 106.

En la guardería / aula / estudio / taller del hogar, ella dispone los juguetes, herramientas y tareas de la capacitación temprana de cada niño. Esto requiere que la propia madre tenga la educación y la capacitación necesarias para equipar a sus hijos durante su desarrollo:

Si la madre es educada, entonces sus hijos serán bien instruidos Si la madre es sabia, entonces sus hijos serán guiados hacia el camino de sabiduría. Si la madre es religiosa, enseñará a sus hijos cómo deben amar a Dios. Si la madre tiene moral, guiará a sus pequeños por los senderos de la rectitud.

Es evidente, entonces, que las generaciones futuras dependen de las madres de hoy. ¿No es ésta una responsabilidad vital para la mujer? ¿No necesita todas las ventajas posibles para capacitarse para semejante tarea?

Por consiguiente, con seguridad no agrada a Dios que un instrumento tan importante como es la mujer sufra de falta de instrucción, tan necesaria para el logro de la deseada perfección, indispensable para la gran obra de su vida. La Justicia Divina demanda que los derechos de ambos sexos sean igualmente respetados, puesto que ninguno de ellos es superior al otro ante los ojos del Cielo. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 202.

Ser una hija

No es sorprendente entonces, dada la gran cantidad de responsabilidades atribuidas a la maternidad, que a las hijas se les asigne un papel especial en la familia acorde con su futuro:

La capacidad para la maternidad tiene muchas implicaciones de gran alcance que se reconocen en la Ley Bahá’í. Por ejemplo, cuando no es posible educar a todos los hijos, las hijas tienen preferencia sobre los hijos, ya que las madres son las primeras educadoras de la próxima generación. – Carta a un individuo de la Casa Universal de Justicia, 24 de mayo de 1975.

La investigación contemporánea realizada por organismos como la Organización Mundial de la Salud, la UNESCO, la Organización Internacional del Trabajo y el Banco Mundial ha demostrado en repetidas ocasiones que la inversión más efectiva y eficiente que se puede hacer para aumentar el bienestar nacional de una nación es invertir en las niñas.

Ser un hijo

A medida que cada generación se basa en los logros de la anterior, el hombre joven tiene la oportunidad de desarrollar aun más las nobles cualidades de su padre, mientras que deja atrás las cualidades que no le beneficien. Este proceso selectivo no es una cuestión de genética; más bien, es una cuestión de elección y libre albedrío, y por lo tanto un proceso espiritual:

Sé el hijo de tu padre y el fruto de ese árbol. Sé un hijo que ha nacido de su alma y de su corazón, y no sólo del agua y de la arcilla. Un hijo verdadero es aquel que ha brotado de la parte espiritual del hombre. Pido a Dios que seas confirmado y fortalecido en todo momento. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 107.

El caso del hijo ilustra la sorprendente sutileza de la guía en las enseñanzas bahá’ís. Además, por otro lado, el hijo debe ser el cuidador abnegado de los padres ancianos.

Pero lejos de atar a un hijo a una servidumbre disfuncional, esta orden está limitada por la advertencia de “amar”, como un ” padre amoroso”. Reconociendo que los padres pueden sucumbir a ser tiranos y extremos en sus demandas, Abdu’l-Bahá proporciona esta guía:

No se puede mostrar bondad al tirano, al embustero ni al ladrón, pues, lejos de hacerles ver el error de su forma de actuar, les hace seguir con su perversidad como hasta entonces. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 120.

Relaciones intergeneracionales

Como hemos visto, las enseñanzas bahá’ís otorgan ciertos derechos distintivos a los miembros del sistema social familiar por su género y generación. Las obligaciones que se deben entre generaciones no se otorgan de manera equitativa ni recíproca, son muy específicas.

Este tejido de relaciones sociales, entramado por género y generación, es verdaderamente arquetípico y no meramente físico. Cualquiera de nosotros puede asumir el papel de hermana o hermano adulto, y por lo tanto de tía o tío de los hijos de otra persona. De manera similar, podemos vernos a nosotros mismos como el hijo adulto de un anciano sin hijos, o como abuelos de otros hijos que no sean de nuestra propia progenie. Los roles ideales descritos en las enseñanzas bahá’ís se definen en términos sociales por género y generación, no físicamente por genética. De esta manera, el tejido social se fortalece y cada persona puede disfrutar de las satisfacciones de la conexión extendida con muchos otros.

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