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¿Alguna vez has notado cómo te hablas a ti mismo? La mayoría de nosotros somos muy conscientes del tono que usamos cuando hablamos con los demás, pero ¿nos damos a nosotros la misma amabilidad?

Vivimos constantemente en nuestra propia cabeza. Cuando estamos nerviosos, tratamos de calmarnos; cuando estamos confundidos, tenemos un diálogo interno para aclarar nuestro pensamiento; y cuando estemos molestos, haremos comentarios internos sobre lo que nos esté molestando.

Dado que todo esto es tan automático y silencioso, a menudo olvidamos tener en cuenta qué cosas nos decimos a nosotros mismos. Desde mi propia experiencia en espacios terapéuticos, tanto como participante, así como facilitadora, las personas se sorprenden cuando se dan cuenta de que los mensajes que se dicen a sí mismos son a menudo falsos o poco constructivos.

Me di cuenta de esto al tratar de entender mejor mi propio comportamiento. Seguía relacionándome con personas que me entristecían o me trataban de forma desagradable, diciéndome: “estarás bien, Makeena, has pasado por peores cosas”.

No fue hasta que en realidad bajé la velocidad y escuché con más atención lo que estaba diciéndome a mí misma que se me ocurrió que mis palabras eran a) bastante groseras y b) falsas. ¿Cómo hubiera reaccionado si una amiga hubiera estado en una posición similar donde algunas personas la maltrataban? ¿Realmente le hubiera dicho que aguante porque ella “lo superaría”?

La respuesta: probablemente no. Más bien, lo más probable hubiera sido que tuviera una conversación con mi amiga acerca de por qué se seguía poniendo en esas situaciones dañinas. Le ayudaría gentilmente a que decidiera cuidar su corazón y dejara de hacer las cosas difíciles para sí misma. Sería consciente del hecho de que cuando continuamente nos ponemos en esas situaciones difíciles, no siempre nos recuperamos con más fuerza, sino que a menudo podemos crear patrones negativos que son difíciles de desaprender. No la presionaría a superar sus sentimientos ni la alentaría a ignorarlos, entonces, ¿por qué me haría eso a mí misma?

Con el fin de abordar aquella actitud especialmente rígida, dura o implacable con la que no dirigimos a nosotros mismos, tenemos que cavar un poco más profundo.

Cómo desaprender actitudes poco amables

Al pensar en este fenómeno, una de las primeras cosas que tuve que admitir fue el hecho de que en realidad no siempre fui amable con las personas que me rodeaban. En la hipotética situación anterior, imaginé que no juzgaría a mi amiga rodearse de personas hirientes, pero esto no es del todo realista. ¿Cuántas veces un amigo vino a mí en busca de consejo y en lugar de recibir una respuesta reconfortante, obtuvo juicio? ¿Y cuántas veces me había sentido yo criticada por un amigo cuando solo necesitaba a alguien que me escuche?

Tal vez una de las razones por las que tenemos problemas para ser amables con nosotros mismos es debido a que se nos hace difícil mostrar bondad entre nosotros. Muchas veces, mantenemos estándares aún más altos para nuestro propio comportamiento que para el de otros, por lo que, si juzgamos a los demás por no ser perfectos, inevitablemente terminamos juzgándonos a nosotros mismos también.

Bahá’u’lláh, el fundador de la Fe Bahá’í, dijo:

Proceded uno con otro con extremo amor y armonía, con amistad y compañerismo… Esta meta supera todas las demás metas, y esta aspiración es el monarca de todas las aspiraciones. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 151.

A veces no tenemos intenciones dañinas, pero nos lastimamos mutuamente en el proceso de tratar de ser honestos, de hacer reaccionar a alguien o de cuidar los intereses de otra persona. El desafío no es que tengamos que cambiar nuestra intención, ya que muchas veces estamos solamente tratando de ayudar, sino esforzarnos por moldear nuestras palabras para que sean honestas y amables. Debemos encontrar maneras de hacer que nuestras palabras honestas calmen y no molesten.

Una lengua amable es el imán del corazón de los hombres. Es el pan del espíritu, reviste las palabras de significado, es la fuente de la luz de la sabiduría y el entendimiento. – Bahá’u’lláh, La Epístola al Hijo del Lobo, pág. 17.

El refrán “un hombre sabio sabe que no sabe nada en absoluto” me viene a la mente cuando reflexiono sobre esta cita. Me pregunto si hablaríamos más amablemente si confiásemos en la sabiduría de que nunca sabremos qué es lo mejor para otra persona. Podemos ofrecerles una perspectiva de las cosas, pero no nos corresponde imponer nuestros valores, solo entendernos unos a otros.

La dura realidad del mundo que nos rodea

Nuestro comportamiento severo puede estar vinculado a la dureza del mundo que nos rodea. Los escritos bahá’ís dicen:

El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcanzables, a menos que su unidad sea firmemente establecida. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 150.

No se necesita mucho para darse cuenta de que el mundo no está unido. La humanidad lucha en muchas esferas, como La Casa Universal de Justicia, el órgano administrativo supremo de la Fe bahá’í, declaró en una carta a los bahá’ís del mundo:

Hoy en día, muchas de las tendencias dominantes en las sociedades de todo el mundo están separando a las personas, no acercándolas. A pesar de que, en su forma más extrema, la pobreza global ha disminuido, los sistemas políticos y económicos han permitido el enriquecimiento de pequeñas camarillas con fortunas desorbitadas, condición que exacerba la inestabilidad básica en los asuntos mundiales. Las interacciones entre el ciudadano, las instituciones de gobierno y la sociedad en su conjunto son a menudo tensas, al tiempo que quienes defienden la primacía de unos u otros muestran cada vez más intransigencia en su forma de pensar… Y la voluntad de emprender acciones colectivas a nivel internacional… se ha visto amedrentada con el ataque de las fuerzas resurgentes de racismo, nacionalismo y divisionismo. – La Casa Universal de Justicia, 18 de enero de 2019, pág. 2.

Aunque esta descripción puede sonar sombría, los bahá’ís también creen que con el tiempo, la gente reconocerá inevitablemente que la humanidad es una. De hecho, el mundo ya se está haciendo cada vez más consciente y se están tomando medidas para hacer que la realidad refleje esta verdad. Una vez más, la Casa Universal de Justicia nos recordó:

Por primera vez en la historia puede contemplarse el planeta entero, con toda su gran variedad de pueblos, en una sola perspectiva. La paz del mundo no sólo es posible, sino también inevitable. – La Casa Universal de Justicia, La Promesa a la Paz Mundial, pág. 4.

Nuestra tarea es esforzarnos por contribuir a que podamos elegir el camino más eficiente y menos doloroso que conduzca hacia nuestra unidad. Mientras nos esforzamos por lograrlo, aprendemos a ser más amables con los demás y, a su vez, más bondadosos con nosotros mismos.

Dedicar tiempo para reflexionar

Si realmente no dedicamos tiempo y esfuerzo, es fácil pasar largos períodos de tiempo sin prestar mucha atención a nuestra mentalidad. ¿Cómo podemos resolver los problemas y la forma en que procesamos el mundo si no nos sentamos a reflexionar sobre él?

… el hombre debe conocer su propio ser y distinguir lo que conduce a la sublimidad o a la bajeza, a la gloria o a la humillación, a la riqueza o a la pobreza. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 21.

Si más de nosotros damos prioridad a dedicar tiempo para escuchar lo que sucede dentro de nuestras cabezas, estaríamos mejor equipados para captar pensamientos poco saludables sobre quiénes somos antes de que se desarrollen.

Tomarse el tiempo y hacer el espacio para cuidar la conversación interna que tenemos con nosotros mismos no es algo que podamos aprender de la noche a la mañana. A medida que refinamos esta parte de quienes somos, podríamos emanar más fácilmente el amor y la bondad hacia los demás. El cuidado personal y la amabilidad nos permiten contribuir con mayor facilidad y eficacia al mundo que nos rodea.

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