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Como bahá’í, a veces me hacen esta pregunta: ¿qué puede hacer un creyente en Dios que un ateo no podría?

La pregunta siempre me hace pensar en este pasaje de los escritos de Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la Fe Bahá’í:

La vitalidad de la fe de los hombres en Dios, se está extinguiendo en todos los países; nada que no sea su saludable medicina podrá jamás restaurarla. La corrosión de la impiedad está carcomiendo las entrañas de la sociedad humana: ¿Qué otra cosa, sino el Elixir de su potente Revelación puede limpiarla y revivirla? … La sola Palabra de Dios puede vindicar la distinción de estar dotada de la capacidad requerida para un cambio tan grande y trascendental. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 105.

Como todos los bahá’ís, creo en Dios, así que frecuentemente me encuentro discutiendo el papel de la religión tanto en el mundo real como en el virtual.

En esas discusiones, cuando las personas hablan sobre lo que su fe significa para ellos o lo que han hecho por ellos, a veces quieren decir que sin ella, nunca hubieran reflexionado sobre ciertos temas o no hubieran estado tan conscientes del impacto de sus palabras y acciones sobre sí mismos y los demás. Mientras tanto, los ateos afirman legítimamente que pueden ser conscientes de sí mismos, amables y morales sin recurrir a la religión.

Así que esta es mi pregunta en este contexto: ¿cómo lo sabrían?, ya que los principios de la religión impregnan las culturas en las que vivimos, y estos se transmiten a nosotros a través de nuestros padres, maestros, mentores, amigos, etc., sean o no formalmente religiosos. Uno tendría que ser criado en una burbuja para saber cómo se desarrollaría un ser humano completamente libre de influencias religiosas o espirituales.

Pero ese tema es para otro artículo. En lo que me gustaría centrarme aquí es la fe como un elemento transformador en la vida de un individuo.

La experiencia me lleva a creer que, en realidad, muy pocas personas (sean religiosas o no) toman en cuenta las consecuencias de su comportamiento. Sin embargo, prefiero pensar que cada persona reflexiva es consciente, en cierta medida, del impacto de sus acciones. La religión, fe o espiritualidad tienen impacto en los factores que consideramos importantes, en las premisas con las que partimos y en el entendimiento de nuestros objetivos morales con respecto las decisiones que tomamos.

Una discusión de burla en línea dio lugar a una lección objetiva como respuesta a la pregunta original. En un sitio en linea anti-teísta que solía frecuentar, una publicación celebraba haber ofendido a sus suegros cristianos al reemplazar al bebé Jesús del nacimiento que le habían regalado a su familia con un fideo de espagueti (una inclinación de cabeza al Monstruo de Espagueti Volador, Dios de los Pastarianos). Si bien la publicación original y la mayoría de los comentarios sentían que esto no era descortés ni desagradable, las enseñanzas de las principales religiones mundiales considerarían esa acción fuera de los límites de la amabilidad.

Tengo una afinidad por el sarcasmo, pero como me esfuerzo por internalizar y vivir según las enseñanzas de mi Fe, mis “objetivos” de comportamiento están en un lugar diferente al de alguien que no comparte mis creencias. Mi fe proporciona un estándar para la bondad, que puedo o no cumplir, dependiendo de cuán fiel soy a esas enseñanzas. Mi lucha por lograrla me lleva repetidamente a este pasaje de los escritos de Bahá’u’lláh:

Todas las palabras están dotadas de espíritu… Una palabra puede compararse con el fuego, otra con la luz, y la influencia que ambos ejercen es patente en el mundo. Por lo tanto, un sabio iluminado debería hablar principalmente con palabras tan suaves como la leche, para que mediante ellas se nutran y se instruyan los hijos de los hombres y puedan lograr el objetivo último de la existencia humana, que es la posición del verdadero entendimiento y la nobleza auténtica. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 115.

Veamos esto en contexto del nacimiento de fideo: mi primera preocupación sería el impacto de mi comportamiento en las otras personas involucradas, en este caso, los padres de un cónyuge. Ahora, tal vez el autor de la publicación original no se preocupó mucho por sus suegros, pero su explicación fue que el insulto no estaba dirigido a la familia de su pareja, sino a su religión. Como decía uno de los comentarios: “faltar el respeto a una persona y faltar el respeto a libros de origen espurio son dos cosas muy diferentes. Los libros y las tradiciones no son personas, no tienen derechos ni sentimientos individuales”.

Esto plantea la pregunta: ¿quién es, entonces, el objetivo real de la falta de respeto? La fe (o cualquier otra ideología) no puede ser dañada o alienada por ninguna cantidad de fideos o burlas. Solo la gente. Entonces, ¿cuál es el punto de ser cruel o hiriente con una ideología? Más concretamente, ¿cómo puedes burlarte de las creencias de una persona sin afectar a esa persona? Obviamente, el objetivo real es afectar los sentimientos de la persona que tiene las creencias de forma que las cambien.

He preguntado muchas veces si un “burlón” alguna vez se ha encontrado con un “burlado” que haya cambiado sus creencias debido a la falta de respeto mostrada hacia ellos. Además, hice otra pregunta aún más importante: ¿alguna vez el burlón ha cambiado sus creencias o cosmovisiones profundamente arraigadas porque alguien a quien amaban y respetaban, y mucho menos un extraño, se burlaba de ellos?¿Lo harían?

Este es un principio de dos filos para un creyente; las enseñanzas de cada Fe revelada, desde la más antigua hasta la más reciente, brindan orientación moral y espiritual, no solo sobre lo que un creyente no debe hacer, sino sobre lo que sí debe hacer. Así que aquí hay una respuesta de las enseñanzas bahá’ís a la pregunta original:

Actuad de acuerdo con los consejos del Señor; es decir, empeñaos de tal manera y con tales cualidades como para dotar de alma viviente el cuerpo de este mundo y conducir a su edad adulta a este pequeño niño que es la humanidad. Mientras os sea posible, encended un cirio de amor en cada reunión y regocijad y animad con ternura a todo corazón. Cuidad de los extraños como si fuera de los vuestros; demostrad a las almas de otros la misma bondad que dispensáis a vuestros fieles amigos. Si alguien llega a golpearos, tratad de ganar su amistad; si alguien os apuñala el corazón, sed un ungüento curativo para sus llagas; si alguien os insulta o se ríe de vosotros, recibidle con amor… Tal es la esencia de las recomendaciones de Dios…- Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 28.

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