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Últimamente, he tratado de pensar más intencional y cuidadosamente sobre cómo gasto mi energía, casi como hacer un inventario de energía.

Esta reflexión me ha hecho prestar más atención a la forma en que interactúo con los miembros de mi familia, en cómo me hablo a mí misma y, especialmente, en la naturaleza de mis amistades.

He reflexionado sobre cómo elegir amigos que me enriquezcan y me alienten a desarrollar lo mejor de mí misma. Me he preguntado cómo ser más generosa, fomentar confianza, amar más y compartir con humildad. En medio de mis reflexiones, he identificado una amenaza inminente que prevalece especialmente al tratar de identificar respuestas claras a estas preguntas: el individualismo.

Las enseñanzas bahá’ís nos advierten sobre el desarrollo de una preocupación individualista enfocada solo en nosotros mismos:

La gran mayoría de la gente está ocupada con el yo y el deseo mundano, está inmersa en el océano del mundo inferior y es presa del mundo de la naturaleza… – Abdu’l-Bahá , Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 282.

Una de mis metas es hacer crecer amistades que no estén infectadas con un tono materialista y egocéntrico. Unos pocos pasajes de los escritos bahá’ís han dado luz sobre nuevas ideas acerca la verdadera esencia de la amistad. Esta primera cita describe un estándar prometedor para las relaciones humanas:

Es una tendencia animal el vivir aislados y solos como así mismo lo es buscar su propia comodidad. Pero el hombre ha sido credo para ser un ser humano, para ser honrado y justo, misericordioso, bondadoso con todas las criaturas, para no desear nunca el bienestar para sí mismo, mientras otros sean en la miseria y el dolor. Aquel es un atributo animal y no humano. No, por el contrario, el hombre debería estar deseoso de aceptar dificultades y penalidades para él mismo con el objeto de que otros puedan disfrutar de prosperidad, él debería deleitarse entre las molestias para que otros gocen de felicidad y bienestar. Este es un atributo humano. Al no serlo, así, el hombre es menos que un animal. – Abdul-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 46.

La naturaleza humana surge naturalmente cuando se piensa más profundamente en las expectativas ideales de una amistad. Los bahá’ís creen que fuimos creados nobles y que tenemos tanto una naturaleza inferior, como una superior. Aun cuando tenemos una inclinación natural a limitar nuestro enfoque solo a nosotros mismos, no estamos atados a esta limitación. Podemos elevarnos por encima de esta, de hecho, estamos destinados a elevarnos por encima de nuestra naturaleza animal. En una amistad esto significa que podemos ser generosos, compasivos e incluso sacrificarnos por otros. Podemos ser mucho más generosos y desinteresados de lo que nuestra naturaleza animal implica o permite:

Sed bondadosos con todos los pueblos; cuidad a todas las personas; haced cuanto podáis por purificar los corazones y las mentes de los hombres; esforzaos por llevar alegría a todas las almas. Sed una lluvia de gracia para cada prado y para cada árbol, el agua de la vida; sed como perfumado almizcle para el sentido del olfato de la humanidad y una fresca y reparadora brisa para el doliente. Sed agua placentera para todos los sedientos, un guía cuidadoso para todos los que han perdido el camino; sed padre y madre para el huérfano, sed hijos e hijas cariñosas para los ancianos, sed un tesoro abundante para los pobres. Pensad que el amor y la buena camaradería son las delicias del cielo; pensad que la hostilidad y el odio son los tormentos del infierno. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 184.

Esto me anima a tratar de familiarizarme mejor con las necesidades de mis amigos; en realidad, me ayuda a ser más cuidadosa y sensible a las necesidades de todos los que conozco y tratar de ayudar a aliviar cualquier dificultad de cada uno de ellos.

Sin embargo, esto debe equilibrarse con un enfoque que considere la bondad dentro de cada persona. A veces, cuando intentamos ser conscientes de las necesidades de otras personas, podemos caer en la trampa de la compasión. La compasión, obviamente, se convierte en una barrera para construir una relación genuina y saludable con alguien. Para poder evitar este riesgo, el recordar la fragilidad y la imperfección humana como algo natural parece ser un paso lógico.

Creer que todos tenemos una naturaleza tanto superior como inferior me ayuda a entender que cuando apoyo a uno de mis amigos mientras atraviesa algún desafío, no significa que yo sea mejor que el amigo al que esté ayudando. Los escritos bahá’ís sugieren que centrarnos en las buenas cualidades de nuestros amigos es en realidad la forma más fácil de amarlos:

Uno debe ver en todo ser humano sólo aquello que sea digno de alabanza. Cuando se procede así, se puede ser amigo de toda la raza humana. Sin embargo, si miramos a la gente desde el punto de vista de sus faltas, entonces ser amigo de ellos resulta una tarea tremenda. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 128.

Purificad los ojos para que no consideréis a ningún hombre como diferente a vosotros mismos. No veáis extraños; más bien, ved a todos los hombres como amigos, pues difícilmente se origina amor y unidad cuando fijáis la mirada en la otredad. – Ibid., pág. 20.

Este último pasaje implica que la amistad es mucho más vasta de lo que muchos de nosotros podríamos creer. No solo no hay lugar para el sesgo, sino que este pasaje también implica que la amistad puede extenderse a muchas más personas de las que me había imaginado que podría sostener. En mi mente, la amistad siempre ha sido algo que requiere tiempo y energía. Después de leer estos pasajes, me pregunto si tal vez exista una variedad más amplia de amistades de las que he aprendido a concebir. Algunas de nuestras amistades son a largo plazo y las sostenemos en el tiempo, mientras que quizás otras que solo duran unos momentos breves, tal vez la amistad también puede ser simplemente ofrecer ayudar a remediar el dolor de otra persona.

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