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El taoísmo, filosofía de vida que se originó en China hace dos mil quinientos años, tiene algunas similitudes interesantes con la visión bahá’í de la vida.

Una de las concepciones taoístas más conocidas es la noción de yin y yang, la interacción y el equilibrio entre las fuerzas pasivas (yin) y activas (yang) de la existencia.

Bahá’u’lláh dijo que estas dos fuerzas proporcionaron los medios para el nacimiento de la creación misma:

El mundo de la existencia surgió del calor generado por la interacción entre la fuerza activa y aquella que es su receptáculo. Estas dos son la misma, y sin embargo son diferentes. –  Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 92.

Curiosamente, Bahá’u’lláh y los sabios taoístas no solo explicaron el mismo concepto, sino también emplearon el mismo tipo de lógica: la lógica paradójica, a saber, que el yin y el yang son diferentes pero son lo mismo, una verdad que el intelecto humano encuentra difícil de comprender.

Otro concepto clave del taoísmo, wu wei, literalmente “no acción”, se refiere a vivir de acuerdo con la verdadera naturaleza de la realidad en lugar de vivir en contra de ella.

Por una parte, esto puede entenderse como “seguir la corriente”. En el Tao Te Ching, la obra seminal del taoísmo, Lao-Tzu hizo referencia repetidamente a la naturaleza humilde del agua, alentándonos a ser fluidos como el agua en la forma en que vivimos:

La bondad más grande es como el agua. Debido a que el agua se distingue por ser de beneficio para las innumerables criaturas sin tener que contender con ellas y se asienta donde a ninguna le gustaría estar, se acerca el camino. – Traducción de DC Lau. pág. 64.

Un taoísta posterior, Chuang Tzu, conocido por su humor y su oscuro sentido del razonamiento, contó la historia de un cocinero reconocido por su excelente habilidad para la carnicería. Cuando se le preguntó cuál era el secreto, explicó:

Practico con mi mente, no con mis ojos… Veo las líneas naturales y mi cuchillo se desliza a través de las grandes cavidades… usando lo que ya está ahí a mi favor. Por lo tanto, echo de menos los grandes tendones y más aún, los grandes huesos.El Libro de Chuang Tzu, traducido por M. Palmer. pp. 22, 23.

En este sentido, wu wei significa “el camino de menor resistencia”. Esto puede parecer perezoso, pero wu wei esencialmente permite que su entorno logre sus propios objetivos. El equivalente de wu wei en la cosmovisión bahá’í representa el acto de rendir nuestras acciones a Dios  y permitir Él dicte el resultado:

La posición del absoluto autosometimiento trasciende todas las demás posiciones y siempre permanecerá exaltado sobre ellas.

Te incumbe consagrarte a la Voluntad de Dios. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 177.

Bahá’u’lláh nos aconsejó usar este principio de receptividad y desapego al compartir la verdad con los demás:

Asociaos con todos los hombres, oh pueblo de Bahá, en espíritu de amistad y compañerismo. Si sois conscientes de cierta verdad, si poseéis una joya, de la que otros están privados compartidla con ellos en un lenguaje de sumo afecto y buena voluntad. Si es aceptada, si cumple su propósito, habréis logrado vuestro objetivo. Si alguien la rehusara, dejadlo consigo mismo e implorad a Dios que le guíe. – Bahá’u’lláh, Epístola al hijo del lobo, pág.17.

Aquí vemos que cuando los bahá’ís enseñan a otros su fe, nunca imponen sus creencias a los demás. La comparten de manera amistosa y no se apegan al resultado. En este sentido, el equivalente de wu wei en la cosmovisión bahá’í representa el acto de rendir nuestras acciones a Dios y permitir que Él dicte el resultado.

Pero también debemos recordar que, al igual que en el taoísmo, la vida bahá’í tiene dos aspectos: el pasivo y el activo. Si bien a veces es más inteligente permitir que las cosas sigan su curso natural, en otras ocasiones, debemos intervenir y moldear activamente el resultado, especialmente cuando se trata de la injusticia.

Por ejemplo, una vez Abdu’l -Bahá contrató un carruaje para poder acompañar a un funcionario del gobierno a almorzar. Al llegar a su destino, el conductor exigió un precio evidentemente injusto. Sabiendo que el precio estaba inflado, Abdul-Bahá le dio al conductor una tarifa justa, negándose a pagar un monto injusto. – contada por Annamarie Honnold en Relatos de la vida de Abdu’l-Bahá , pág. 109.

En la vida, a todos se nos presentan momentos en los cuales debemos actuar y momentos en los que no. A veces necesitamos resolver activamente un problema, ya sea práctico o social y a veces tenemos que conformarnos. Como se dice en la oración de serenidad:

Dios, concédeme serenidad
para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar,
y la sabiduría para reconocer la diferencia.

Por supuesto, todas nuestras vidas tienen aspectos que debemos cambiar. El abuso de cualquier tipo —físico, mental, emocional— debe ser detenido. Si perdemos nuestro trabajo, no nos sentamos y esperamos a que alguien nos llame a ofrecernos uno nuevo; salimos y hacemos nuestro mejor esfuerzo para encontrar otro. Si tenemos un sueño que queremos manifestar, tenemos que trabajar activamente para lograrlo. Todas estas cosas requieren una respuesta activa.

Pero en otros momentos, actuar o reaccionar de forma exagerada podría dificultar el cumplimiento de nuestro propósito. A pesar de las maravillas de la medicina moderna, todavía no existe una cura para el resfriado común. Pero muchas personas todavía van a la farmacia y se llenan de varios compuestos químicos para deshacerse de un resfriado. En realidad, esos “remedios” simplemente eliminan los síntomas, no el resfriado en sí. Lo que es peor, esas drogas nos hacen sentir mejor temporalmente, cuando en realidad la enfermedad subyacente continúa, por lo que podríamos estar esforzándonos más de lo que deberíamos y empeorar las cosas, cuando lo que realmente necesitamos hacer es descansar, no hacer nada y dejar que el cuerpo se cure a sí mismo.

Otro ejemplo está relacionado con la educación. Muchos maestros sienten la profunda obligación de explicárselo todo a sus alumnos, de transmitir todo su conocimiento y sabiduría. Pero la investigación muestra que los estudiantes deben participar activamente en el proceso de aprendizaje. Esto significa que los maestros deben entregar gran parte de la responsabilidad a los estudiantes, como sugieren pedagogías como Montessori y Reggio Emilia. En lugar de que el maestro dirija a los alumnos; los propios alumnos lideran el proceso de aprendizaje. El maestro sabe cuándo, cómo y si debe intervenir en el proceso, utilizando el interés y la motivación de los estudiantes para lograr el objetivo general de aprendizaje.

En diversos momentos de la vida, todos enfrentamos una realidad universal: la necesidad de rendirnos, de aceptar nuestra naturaleza y reconocer nuestra incapacidad de cambiar todo lo que necesita ser cambiado. Cuando la vida parece ponerse gris, nos sentimos impotentes para hacer algo respecto de lo que no podemos controlar: la muerte de un ser querido, el final de una relación, un hogar consumido por un incendio forestal.

La vida, constituida por el flujo y la multiplicidad, también debe proporcionar nuestra respuesta a lo que sucede en la vida. Tenemos que adaptarnos continuamente a ella, respondiendo de la manera que mejor se adapte a la situación actual. Como aconsejan las enseñanzas bahá’ís, todos debemos rendir nuestra voluntad a la Voluntad de Dios.

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